Coahuila
Hace 3 años
Independientemente de lo que suceda en las próximas horas, tanto si se levanta o no, voluntaria o involuntariamente, el plantón estudiantil que desde hace ocho días mantienen los estudiantes del Tecnológico de Saltillo en el bulevar Venustiano Carranza de la capital, la semana transcurrida desde que inició la inesperada manifestación ha dejado algunas lecciones que se pueden resumir en 10 puntos:
1. Tan importante es saber protestar, como saber retirarse. Reclamar pero ceder. Mantenerse firme y también levantarse de la mesa. Hay momentos para ser mazo y golpear fuerte, y otros para ser yunque y aguantar.
Si después de reivindicar de manera legítima sus demandas, estas son parcialmente resueltas sin exigirles nada a cambio, y más bien no se cumplen por completo debido a las circunstancias y no por falta de voluntad política, y aún así no existe disposición a distender, entonces la burbuja se revienta.
2. Distinguir entre lo realista y lo idealista. Lo posible de lo utópico. Entender que la protesta social no es una decisión de suma cero, es decir, ni quien gana, gana todo, ni quien pierde, pierde todo. Las victorias, como las derrotas, no son para siempre.
Que no se olvide quiénes son los protagonistas: se trata de jóvenes que no superan los 20 años de edad y a su inexperiencia se debe sumar un factor: su ámbito de competencia no son las humanidades ni en las aulas enseñan técnicas de negociación, pues no es función de la institución educativa donde están matriculados.
Pero sí pueden en cambio tener sentido común. Y aplicar la metáfora de los boxeadores que alargan su carrera deportiva más allá de sus aptitudes físicas y pasan de ser campeones mundiales a dar lástima encima del cuadrilátero. Es preferible retirarse en la cúspide o por lo menos en un momento sensato, aún como ganadores, antes de arrastrar el prestigio.
Antes de que los olviden, parafraseando a Caifanes.
3. Una vez resueltas las dos principales demandas que dieron origen a la manifestación, o mejor dicho, las que más enervaban y por consecuencia los lanzaron a la calle: la destitución de la directora del ITS y una disculpa pública por parte de autoridades estatales y municipales, queda levantarse, recoger sus cosas, y volver a la normalidad.
De ahora en adelante, al no hacerlo, significaría poca virtud en el movimiento y un desgaste natural del asunto en la opinión pública. Máxime, en los tiempos que se viven, cuando una vorágine de información sepulta los hechos y sucesos a una velocidad que no permite muchas veces asimilarlos.
Por lo demás, los manifestantes que aún quedan en la ocupación, ¿son todos, son la mayoría, o son solamente una multitud abusando de la sobrerrepresentación? Hay diferencias en la participación.
4. El valor del espacio público. Luego de ocho días bloqueando la circulación por la principal vía terrestre de Saltillo, no han aumentado los accidentes fatales a consecuencia en el perímetro aledaño, ni las incidencias de tránsito son tan relevantes para considerarlo un ataque a las vías generales de comunicación que deba ser dispersado con el uso de la fuerza pública.
Ello abre la puerta para más intervenciones urbanas en beneficio colectivo, no solamente de los automóviles. Abrir un carril más de circulación en un tramo del citado bulevar, reduciendo estacionamientos –y por consecuencia área peatonal– es una idea que se antoja anticlimática con el antecedente señalado. Por el contrario, el futuro son más proyectos como Paseo Capital.
5. Los estudiantes tienen algo qué decir, y deben ser escuchados, pero tampoco su palabra es la ley.
6. En el mundo real pesa más manifestarse públicamente que “funar” o “cancelar”.
7. Cualquier movimiento que pretenda fundar sus causas en una pretendida superioridad moral está condenado irremediablemente a fracasar.
8. ¿Serán los estudiantes del Tec Saltillo ejemplo para una generación?
Si no sucedió con “Moesco” en la Universidad Autónoma de Coahuila, hoy reducido a su mínima expresión luego de que sus integrantes desertaran o egresaran de la Universidad, no tendría porqué suceder en este caso, acotado a una problemática particular.
9. Políticos afines al conflicto social como medio de notoriedad personal, como Diego del Bosque, Ricardo Mejía Berdeja, Reyes Flores o José Ángel Pérez, todos identificados como facilitadores del régimen que sirve al autócrata, no han sumado –ni sumarán– simpatías gracias a colgarse, en un determinado momento, del fenómeno.
Y más allá de polarizar temas coyunturales, acerca de los cuales en la mayoría de las ocasiones conocen sólo la superficie, no tienen algo qué ofrecer como alternativa política.
10. Cruzando la calle, en la acera oriente, existe todavía un paraíso de apatía, imperturbable al mundo exterior. La calle Salvador González Lobo, ésa que hace esquina con Rectoría de la UAdeC, bien podría cambiar su nombre por uno más ad hoc: Paseo de Ovejas.
Cortita y al pie
A fin de hacer un análisis más completo en cualquier ámbito de las ciencias sociales, el politólogo italiano Giovanni Sartori propone que, más allá de la simple relación costo-beneficio que suele aplicarse habitualmente, se utilice una fórmula basada en cuatro reglas denominada “el cálculo de los medios” para determinar si estos: 1) Son suficientes. 2) Adecuados (idóneos) para el fin perseguido. 3) Si con ello se perturban otros fines (efectos colaterales). 4) Si los medios sobrepasan los fines y se vuelven contraproducentes.
La última y nos vamos
A éste último punto, justo, hemos llegado: a la contraproducencia.
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