Por: Manuel J. Jáuregui
Realizando el más somero de los benchmarkings queda clarísimo que no existe diferencia entre el Gobierno del Sr. López y cualquier Gobierno priista escogido al azar.
Como ejemplo nítido tenemos la operación de la Conachupo, a la que los cuatroteístas le cambiaron el nombre (ahora se llama Segalmex), pero no las mañas.
Antes, con el PRI, desaparecía la lana; ahora, con Morena, desaparece el presupuesto.
Para todo fin práctico no existe diferencia alguna en la operación de esta paraestatal que fue fusionada en el amliato con Diconsa y Liconsa, y hoy como ayer siguen siendo una fuente de corrupción: lo fueron antes con la firma Peña & Co. y lo son ahora con la empresa de López y Hnos.
Así lo detectaron los auditores contratados para revisar sus cuentas, las cuales rehusaron aprobar, detectando irregularidades en cuando menos NUEVE MIL MILLONES DE PESOS tan solo en el 2021.
Cabe notar que la 4T controla lo que era la Conachupo con otro nombre prácticamente desde finales del 2018.
O sea que quienes causan quebrantos al erario son los mismos que la operan hoy, y ¿adivinen qué?: no son priistas, sino morenistas, es la gente del mismo Presidente, el Presidente que afirma que “ya se acabó la corrupción”.
Y quien de pasada es el mismo que se jacta, mordiéndose la lengua, que “ya no hay dedazo”, siendo que él será quien unja a su sucesor(a).
Comprobándose una vez más que para el deterioro no hay límites.
En este caso nos referimos al deterioro de la autoridad moral que recae en la figura del titular del Poder Ejecutivo.
Uno que pisotea la ley burlando a los jueces y los amparos que decretan, que arma pleitos con todo mundo, que falta a la verdad, que no escucha a nadie, que tiene empinada la economía, la seguridad pública, el estado de derecho, al que le vale móder la creación de empleos y la buena marcha de la economía, y que no le piensa dos veces al armarle pleito a nuestro vecino y socio comercial, Estados Unidos.
Casi cada decisión del señor López resulta ser contraria a los intereses del pueblo de México, demostrando cada día que, como gobernante, le interesa más la politiquería que la buena administración de la nación.
Esto explica cómo es posible que tome SETENTA Y CINCO MILLONES DE PESOS mensuales del erario, esto es, del dinero que aportan ustedes, causantes cautivos y amables lectores, para apuntalar a la TIRANÍA CUBANA.
A esto equivale el trato de esclavos que pactó el señor López con el tirano que dejaron los Castro en Cuba, Díaz-Canel, para traer 500 médicos cubanos a México, por los cuales le pagará al Gobierno cubano alrededor de 150 mil pesos mensuales por cada uno.
¡De su dinero, amable lector! Del que usted aporta al fisco mexicano con sangre, sudor y lágrimas.
Mientras, aquí en México, hay más de 50 mil médicos, graduados y diplomados, muchos de ellos con especialidad, pero que están desempleados.
Por supuesto que ningún funcionario público mexicano tiene el derecho de tirar el dinero del pueblo en caprichos, habiendo en nuestro país tantas necesidades y carencias.
Estrictamente hablando, no es otra cosa que un desvío de fondos públicos.
Sumen a este atropello/capricho los enormes sobrecostos en la construcción del Tren Maya, que pasará de recién inaugurada obra faraónica a elefante blanco en unos meses hacia inicios del 2025.
No le piensa este Gobierno dos veces al mandar nuestro dinero a Cuba, pero no le destina recursos suficientes para el mantenimiento del AICM, al que frenan parándole una de sus dos pistas quesque por mantenimiento.
Burda maniobra esta para forzar a las aerolíneas a emplear el otro elefante albino que es el Aeropuerto de Santa Lucía, en el que enterraron cerca de 90 mil millones de pesos, pero que está incomunicado para el pasaje, aislado, y por ende las aerolíneas no lo quieren emplear.
Recurren a la artimaña de ahorcar el flujo aéreo del AICM y obligar a los operadores aéreos a trasladar sus vuelos allá, sin importarles las inconveniencias causadas a los usuarios, quienes destinarán MÁS DE SU TIEMPO en trasladarse al AIFA para abordar un vuelo.
Sabido es, y comprobado por la historia, que los caprichos de los gobernantes los acaba pagando el pueblo.
Así es y así será en este nuestro México que entre más “cambia” más se queda igual.
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