Lo que hay que ver, lo que hay que oír. Existe un personaje, que, si no fuera por la gravedad del contexto, resultaría hasta simpático, un ocurrente que provoca risas ante el tamaño de sus afirmaciones.
Se llama Antonio González Sánchez, y para mayores señas es el Obispo de la Diócesis de Ciudad Victoria, Tamaulipas.
Bueno, pese a que aún estamos lejos de “domar” a la pandemia y que el tema de las vacunas se volvió un verdadero caos. Pese a que en menos de un año el coronavirus ha matado a más de 175 mil mexicanos y a pesar, también, del drama que se vive hoy mismo en decenas de miles de hogares con algún paciente que lucha por su vida, este “buen siervo” de la Iglesia sentenció, en su última homilía que, y cito: “usar cubrebocas es no confiar en Dios”.
Y se siguió de corridito, y así, en el púlpito, se aventó la puntada de afirmar, tras leer un pasaje del Evangelio según San Marcos, en el cual se refiere a la lepra, que, y vuelvo a citar: “en estos tiempos la lepra física ya no existe, pero estamos viviendo otra especie de lepra, la famosa pandemia, y me parece, obviamente puedo estar equivocado, nos está faltando fe, una fe que nos impulse a pedirle a Dios que esto se acabe”.
Caray, pero qué necesidad de contaminar aún más esta lucha que es de todos, contra un virus que se propaga con mucha facilidad, que es ciertamente letal, y ante el cual lo único que tenemos como armas es precisamente el cubrebocas y la sana distancia.
En fin, usted por favor no se equivoque y no olvide ni por un segundo que sobrevivir a la pandemia no es cuestión de Dios, por mucha fe que tenga; el sobrevivir es cuestión suya y mía, y qué tanto seamos efectivos en esto del autocuidado. Y a este personaje solo habría que recordarle que Dios ayuda al que se ayuda, pero ciertamente, y por lo que se puede ver todos los días, no ayuda a los idiotas.
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