Desde luego que todos sabemos que al día de hoy, después de conocer los procesos de elección de los partidos políticos mexicanos, ya están casi definidas las candidaturas para las elecciones presidenciales del próximo 2024, en México.
Por parte de Morena, todo indica que Claudia Sheinbaum será la candidata presidencia y quizá sean por eso los reclamos de Marcelo Ebrard que ya se ve perdido, aunque la candidatura formalmente se anunciará hasta el 6 de septiembre próximo.
Por su parte, será Xóchitl Gálvez quien represente a la oposición en 2024 como candidata de la alianza Va por México, integrada por los partidos Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD) y Acción Nacional (PAN).
Ante tales premisas, la elección federal del próximo año representará sin duda la definición del rumbo político y social que tomará nuestro país y quizá sea por lo mismo que ríos de tinta han hecho correr los analistas políticos, críticos y periodistas, intentando descifrar los entramados políticos, queriendo todos adivinar los resultados de la próxima elección mexicana.
Para quien esto escribe, la realidad es que, lo único predecible de la elección del próximo año, será que se desarrollará en un clima de extremo divisionismo social, lo que la hace extremadamente incierta y hasta me atrevo a decir que, como están las cosas, ni el más erudito en el tema tiene clara la idea de lo que pasará en la próxima elección 2024 en nuestro país.
Y es que ahora como nunca, en la sociedad mexicana se ha logrado inculcar marcadas diferencias entre los que la integramos.
Hoy, el sector obrero, los campesinos, los grupos empresariales y hasta las mismas entidades que conforman al estado mexicano se sienten diferentes y confrontados entre sí, todo por consecuencia de la nueva política ejercida desde arriba, la cual no cesa en ahondar en las diferencias sociales, como estrategia electoral.
De seguir así, los mexicanos llegaremos a la elección 2024 obligados a formar parte de cualquier grupo social, a sabiendas que esto afectará decididamente al resto de las poblaciones que conforman a nuestro país.
O lo que es igual, tendremos que elegir a candidatos distintivos de cada gremio que seguramente solo cuidarán los intereses del grupo que los ha impulsado.
Es decir, que el sector de la población que pierda la elección el próximo año deberá aceptar las acciones del perdedor, lo que sin duda le será desfavorable.
¿Le perece falsa mi aseveración? pues debo decirle que basta escuchar al Jefe del Ejecutivo que no duda en sentenciar que, para su Administración los importantes son los que coinciden con su idea, lo que acompaña repartiendo mayor presupuesto a las entidades que su partido gobierna y castigando con recortes presupuestales a los estados que le han rechazado, como lo ha hecho con el nuestro. ¡Usted decide!
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