Y una familia de antes
Por muchos años se hizo costumbre verlo llegar al filo del mediodía a su casa, en la pendiente de la calle General Cepeda, al inicio del barrio Ojo de Agua, a don Francisco Luna Solís, cargando lo que para los niños de la barriada era un enorme maleta (un portafolios), que luego supimos estaba repleto de recibos, pues el hombre era cobrador de la Recaudación de Rentas del Estado.
Don Francisco era un hombre de regular estatura, educado a la antigua, donde florecía el más puro machismo o el sometimiento de la mujer a su servicio, como se acostumbraba antes.
Don “Panchito”, como le decían en el barrio a este notable caballero, era el papá de “Las Cachuchas”, unas desenfadadas muchachas que no eran feas y que cuando el hombre se iba al trabajo, solían salir a la calle para platicar alegremente con los vecinos, tenían un estilo muy especial de hablar, algo atropellado.
Don Francisco casó con doña Carolina Montes, una sumisa mujer que tenía que preparar a tiempo la comida y mantenerla caliente para cuando el jefe llegara.
Las muchachas Luna Montes, que eran media docena, formaban fila, una para recogerle el portafolios, otra el sombrero, una más el paraguas, mientras que otra le ponía una silla, una más le quitaba los zapatos y calcetines y otra le lavaba los pies. Doña Catalina le arrimaba la bandeja para las manos y esperaba paciente toalla en mano para secarlas.
Acto seguido, le colocaban las pantuflas, y el hombre muy orondo, como presumiendo de su harem mexicano, se dirigía al comedor, donde sólo él y doña Carolina permanecían. No se escuchaba ni el ruido de una mosca. Las muchachas se encerraban en sus respectivas recámaras en la casona de General Cepeda, que aún conserva la familia Luna Montes.
La hora de recogimiento en la noche era a las 19:00 horas, y quien no llegara se quedaba afuera, pero si se enteraba que alguien no pasó la noche en casa, lo corría “para siempre”, aunque después la perdonaba.
Los hijos de don Panchito y doña Carolina fueron: María Ignacia, Octaviana, Porfiria, María de Jesús “Cachucha”, María Cornelio, Bernardina y Eustaquio, “El Taco”.
María de Jesús casó con un famoso cartero del barrio, Rogelio Ortiz Guzmán y como no pudieron procrear, adoptaron a Carlos, su único hijo.
Las hijas del matrimonio Luna Montes se dispersaron por diferentes puntos del país y el extranjero, en Las Vegas, Nevada, en Santa Catarina y en Monterrey, Nuevo León, en Nuevo Laredo, Tamaulipas y en Europa.
María Ignacia la mayor muy joven salió de la casa y viajó por el mundo. Tuvo varios maridos que le dieron nueve hijos, algunos de los cuales viven en Madrid, Venecia y Portugal, también se casó con un brasileño.
Una ocasión se reunieron en Saltillo los descendientes de don Panchito y doña Carolina, y JUNTABAN más de mil personas, entre hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.
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