Saltillo

Publicado el domingo, 26 de julio del 2026 a las 06:00
Saltillo.- Mientras miles de vehículos recorren cada día las avenidas de Saltillo, don Lázaro Gómez Olavarrieta observa el ir y venir del tránsito con la serenidad de quien ha pasado prácticamente toda una vida detrás de un volante. Está próximo a cumplir 101 años y, de ellos, 85 los ha dedicado al transporte público, una actividad que no sólo definió su historia, sino que también le permitió convertirse en testigo privilegiado de la transformación de México.
Cuando aprendió a conducir apenas tenía 14 años, lo hizo al volante de una camioneta modelo 1926, mucho antes de que existieran las autopistas modernas, los distribuidores viales, los sistemas de navegación o el intenso tráfico que hoy caracteriza a las ciudades.
“ Me enseñaron a manejar a los 14 años y desde entonces mi vida fue manejar. Allí me enseñaron en una camionetita 1926 de pedales. No tenían pilas ni nada, ni luces ni nada. Los rines eran de madera, era un chilladero y luego los metían en un charquito y quedaban serenitos, porque así se aumentaba la madera”, detalló don Lázaro.
Aquella habilidad le abrió el camino para dejar su natal Zacatecas, donde trabajó en el corte de guayule, y viajar a Saltillo en busca de una oportunidad que terminaría convirtiéndose en el oficio de toda su vida.

Para 1939, mientras el mundo comenzaba a estremecerse con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, don Lázaro ya era un conductor experimentado, lo que le permitió su ingreso a Autobuses Anáhuac, S.A. de C.V., una de las empresas de transporte de pasajeros más importantes de su época, cuyas rutas recorrían buena parte del territorio nacional.
Desde el asiento del conductor vio desfilar generaciones enteras de viajeros, campesinos, comerciantes, estudiantes, familias y también personajes que escribieron parte de la historia política de Coahuila y de México.
Entre sus recuerdos permanecen nombres como Braulio Fernández Aguirre, Raúl Madero González, José de las Fuentes Rodríguez, Óscar Flores Tapia y Carlos Valdés Villarreal, además de presidentes de México, así como el empresario Enrique Martínez y Martínez, quien posteriormente se convertiría en su padrino de matrimonio.

Sin embargo, la experiencia que conserva con mayor emoción ocurrió en 1966, cuando tuvo la responsabilidad de trasladar al entonces Presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, durante su visita a Ciudad Acuña, para reunirse con el mandatario estadounidense Lyndon B. Johnson, quienes supervisaron los trabajos de construcción de la hoy emblemática Presa de la Amistad.
“ En Anáhuac me tocó traer a gobernadores, a don Braulio Fernández Aguirre, a don Raúl Madero González, al ‘Diablo’ de las Fuentes y a Óscar Flores Tapia. De presidente me tocó traer a Adolfo López Mateos y también a Gustavo Díaz Ordaz cuando vino con Johnson por la Presa La Amistad”, recuerda con una memoria que desafía al tiempo.
Aquella ciudad de calles tranquilas, con una población mucho menor y sin la infraestructura vial que hoy sostiene a uno de los principales polos industriales del país, sólo existe ya en los recuerdos de hombres como don Lázaro. Él vio cómo las brechas de terracería dieron paso a carreteras, cómo crecieron las colonias, llegaron las armadoras, aumentó el parque vehicular y el transporte tuvo que evolucionar al ritmo del desarrollo.
Aunque dejó atrás los largos recorridos en autobús, nunca abandonó el oficio que lo acompañó toda su existencia. Hoy continúa ligado a la movilidad como concesionario de Radio Auto Taxi, manteniéndose vigente en un sector que conoce como pocos y convirtiéndose, probablemente, en el concesionario de mayor edad del que se tenga registro en Coahuila.

En entrevista para Zócalo Saltillo, don Lázaro revela su secreto para llegar a los 101 años con la lucidez que aún conserva, y su respuesta fue sencilla: jamás fumó, nunca probó el alcohol y siempre procuró una alimentación balanceada.
Más allá de la longevidad, su historia refleja a un hombre que condujo por caminos donde hoy existen autopistas; que transportó presidentes cuando México escribía capítulos decisivos de su historia; que conoció un Saltillo donde unas cuantas decenas de autobuses bastaban para mover a toda la ciudad, y que ocho décadas después, sigue perteneciendo al mismo oficio.

La memoria de don Lázaro guarda un México que ya no existe, uno donde 25 autobuses bastaban para mover a todo Saltillo, donde los viajes eran más largos y las carreteras más cortas. Ese país vive hoy en sus recuerdos, porque mientras muchos conocen la historia por fotografías, él la recorrió kilómetro a kilómetro con las manos sobre un volante.
Notas Relacionadas
Hace 9 minutos
Hace 48 minutos
Hace 1 hora
Más sobre esta sección Más en ZocaloApp-home2
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 7 horas
Hace 7 horas
Hace 12 horas
Hace 13 horas
Hace 20 horas
Hace 21 horas
Hace 21 horas
Hace 23 horas
Hace 1 dia
Hace 1 dia