En el escenario nacional abundan los ejemplos de cómo la política puede extraviarse cuando la lealtad se confunde con obediencia. Desde los tiempos de Adán Augusto, pasando por las posturas recientes de Noroña y hasta el pleito abierto con Alito, lo que vemos es que las grillas se imponen sobre las soluciones. Pero al final, más allá de discursos y confrontaciones, lo que va a definir el rumbo de los partidos no son las disputas internas, sino su capacidad para sostener causas reales y responder a la gente.
La historia lo demuestra: quien se aleja de las causas termina perdiendo rumbo, identidad y confianza. Quien, en cambio, mantiene la causa como eje, tiene futuro.
Los que venimos del PRI, y sobre todo en Acuña, sabemos lo que significa caminar, construir, ganar… y también perder. Pero más allá de los ciclos electorales, lo que realmente nos afectó en algunos momentos no fue perder el poder, sino habernos alejado de las causas que nos dieron origen.
Y vale la pena preguntarnos: ¿cuáles son esas causas? Son los fundamentos que le dan sentido a un partido: estar con la gente, organizarse con ella, practicar el asambleísmo que escucha, marcar una ideología que refleje la realidad y no una fantasía, recordar por qué hacemos lo que hacemos y para quién lo hacemos. Las causas son la cercanía, la congruencia y el compromiso que sostienen a cualquier institución política en el tiempo.
Esa experiencia es la que nos permite ver hoy con claridad que Morena, en el contexto nacional, está transitando por el mismo camino que en su momento nos dañó: priorizar la lealtad ciega, premiar la obediencia, castigar la crítica y maquillar la realidad con narrativa. Y cuando un partido sustituye las causas por el culto a personas o discursos, lo inevitable es el desgaste y la pérdida de confianza.
El contraste es evidente en Coahuila. El PRI de nuestro estado ha mantenido su vigencia porque nunca perdió la brújula de las causas. Aquí el partido ha sabido mantener cercanía con la gente, escuchar el territorio y responder con resultados. Esa es la verdadera fortaleza del PRI Coahuila: no se trata de grillas ni de discursos, sino de trabajo y de compromiso con la gente.
Hoy Manolo Jiménez refuerza esa visión. Su liderazgo demuestra que se puede gobernar con rumbo claro, desde la gente y para la gente. Por eso, aquí el PRI no solo se mantiene: se fortalece, porque ha puesto las causas en el centro de su acción.
De cara al futuro, la lección es clara: en un país donde algunos partidos se enredan en pleitos internos y lealtades ciegas, solo triunfará quien logre sostener las causas que de verdad importan a la gente.
Porque en la política, como en la vida, donde hay causa, hay futuro.
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