Espectáculos
Por
Redacción
Publicado el viernes, 2 de enero del 2009 a las 15:29
A medio siglo de su muerte, Reyes sigue trazando los ejes de nuestra literatura
Saltillo, Coah.- Cada año surgen miles de escritores en todo el mundo. Pero sólo cada siglo, quizá menos, surge un hombre de letras. Su llegada es como la de los cometas: luminosa, atractiva, inusual; y deja tras de sí una estela incandescente de materia estelar que flota y se expande en el espacio por siempre.
A ese linaje pertenece Alfonso Reyes. El 2009 tendrá para él dos fechas significativas: un día como hoy lamentaremos 50 años de su partida, y en octubre celebraremos el centenario de ese cenáculo inigualable en México, co-fundado por él: el Ateneo de la Juventud.
VENTANAS AL MUNDO
¿Dónde empezar? Hacer un recuento de su legado y logros resulta complicado por la variedad de sus acercamientos, sus múltiples compañeros de batalla y sus infinitas lecturas.
Si hoy tenemos ventanas abiertas al mundo y viceversa, se debe en mucho a los esfuerzos de Reyes, importador y exportador de ideas, literaturas, amistades e inquietudes. Es el resultado de un ojo que aspira a abarcarlo todo.
Así Reyes pasa de explicarnos a los griegos a darnos las mejores postales de Aztlán; del siglo de oro español a los románticos franceses; de las más elevadas ideas de teoría literaria de su tiempo a la descripción del servicio de limpia que cada mañana dejaba limpia su acera en la colonia Condesa.
Eso y mucho más se condensa en los 26 tomos de sus obras completas que ofrece el Fondo de Cultura Económica, el resumen del esfuerzo de Reyes por diseccionar los planos del cosmos a través de las vías que tenía a la mano: la crónica, el relato, la poesía, la dramaturgia y, sobre todo, el ensayo.
DIALOGO CON EL FUTURO
Conocedor pleno de los griegos, Reyes entendió que no había más noble meta para la literatura que la apoteosis del hombre, incluso en sus fallas y defectos. Por ello, cuenta Carlos Fuentes, hacia el final de su vida le pedía que lo llevaran a ver westerns, donde hallaba el último resquicio de los héroes.
Son muchos los tomos en los que Reyes se ocupa de la lengua, como teórico. Pero como artesano de la misma, Reyes la lleva al extremo sin distorsionarla, en su mejor rango de significación: “La de Reyes es la mejor prosa escrita en lengua española desde que la lengua existe”, decía Borges.
Para muchos, vista en conjunto, la obra completa de Reyes no resulta deslumbrante, salvo por dos o tres tomos o textos sueltos con carácter extraordinario. Pero el asunto es que la obra de Reyes no vale por su sensación inmediata sino por el “más allá” que perfila, los caminos que abre, el diálogo con el futuro.
Por eso apenas hoy se valoran obras como “Ifigenia Cruel”, cuyos misterios hoy inquietan a los dramaturgos. O esa pieza perfecta como reloj suizo, “La Cena”:
“‘La Metamorfosis’ de Kafka fue escrita en el mismo año que ‘La Cena’ (1912). Ambas obras tienen dos aspectos similares; uno de existencialismo, más relevante en ‘La Metamorfosis’ y el otro de lo fantástico, más notable en ‘La Cena’[…] En dos diferentes continentes, dos obras auténticamente importantes, de manera simultánea”, dice Lee Kyeong Min, de la Universidad de Seúl.
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