La comediante Joan Rivers decía que los propósitos de año nuevo eran como el sexo, porque iniciaban con potencia y entusiasmo, pero al final se terminaba por fingir cómo que se cumplían.
Pero en esta era meta pandémica necesitamos asumir que nuestros usos, costumbres y protocolos de nuestra vida sexual y ser sexual, han cambiado. Tan solo por la frecuencia y la factibilidad de cambiar de parejas sexuales, al menos con eso, se trastornó la forma en que socializábamos en el tema sexual.
Aunque muchas personas alegan que no tuvieron vida sexual, tomen en cuenta que la vida sexual también se realiza con un@ mismo, en la práctica de la masturbación. Dominar una técnica personal para la autosatisfacción es uno de los mayores actos de amor, así como también una manera de autocuidado y conocimiento de uno mism@.
Un refuerzo para nuestra educación sexual personal y para conversarlo en nuestros entornos, es la aceptación de la diversidad sexual y el respeto a las diferentes identidades de género (hombre, mujer, género fluido, muxe, personas trans por mencionar a algunas) así como a las diferentes orientaciones sexuales (heterosexual, homosexual, bisexual, lésbico, pansexual). Eso es un aprendizaje cotidiano y un asunto que debemos hablar abiertamente para fomentar la inclusión y el respeto.
Los sectores conservadores de nuestra sociedad han retrasado y obstaculizado en la difusión de la educación sexual, causando una enorme cantidad de anomalías en el desarrollo de las personas que se han visto perjudicadas por tribus enajenadas por ideologías falsas como la llamada “ideología de género”, que básicamente existe solo para las y los fanáticos del conservadurismo. Es necesario aprender a discernir entre estas enajenaciones y optar por la educación sexual con abordajes científicos, humanistas y con perspectiva de género.
Nuestra educación sexual implica también el placer. Nuestra motivación sexual que impacte en nuestra libido puede ser renovada y hasta con la misma pareja sexual se puede lograr. Diversificar nuestra actividad y vida sexual no implica que cambiemos de compañer@s, pero sí en la forma que queremos compartir y relacionar nuestro cuerpo. Nunca es tarde para pensar fuera de la caja cuando se trata de coitos, besos, abrazos, caricias, sexo oral y todas las combinaciones y permutaciones. Recordemos que sexo no es coito y coito no implica placer y placer no implica que sintamos amor.
Una educación sexual adecuada también implica aceptar y diversificar los roles entre los hombres y mujeres. La crianza, las tareas domésticas, la proveeduría del hogar, el cuidado de los padres y madres, son papeles que se designan a las mujeres por tradición machista. Este es el tiempo en que los hombres aprenden a realizar tareas inverosímiles para los señores de antaño y es una forma de evolución de nuestra especie.
También significa educación sexual el conocimiento de las partes de nuestro cuerpo, los órganos sexuales pélvicos externos e internos, no solo para los adultos que ya nombramos con eufemismos a nuestra genitalia, sino para los niños y niñas. El saber cómo se llaman las partes de nuestra anatomía sexual sirve para conocernos, para administrar nuestro placer y en algunos casos, para evitar o denunciar un abuso sexual. El respeto y amor al cuerpo también significa cuidado y autoconocimiento.
Les invito a explorar y a enviarme sus preguntas o consultas al correo [email protected] o al WhatsApp 8442891235. Insistir en nuestra salud sexual y reproductiva, así como en su cuidado y preservación en la salud y el placer, es obligación y derecho de todos y todas.
Nos vemos este año también en Ivaginaria, un espacio de divulgación científica de la educación sexual en todas las redes sociales.
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