Por: Roberto Gómez Junco
Santiago Giménez llegó al Milan.
Como señal inequívoca de su ascenso como futbolista, de su consolidación como centrodelantero, el ejemplar Santi da este alentador brinco en su trayectoria.
Gracias a sus enormes cualidades como futbolista, a su profesionalismo y a la sensatez con que ha ido conduciendo su brillante carrera, evidentemente muy bien asesorado por su gente cercana, empezando por su padre, Christian, el famoso “Chaco”, el ascendente Santiago se ha convertido en el jugador mexicano hoy por hoy mejor posicionado en el escaparate futbolístico internacional.
Porque a pesar de atravesar en la actualidad por una etapa nada convincente (octavo lugar después de 22 jornadas), el Milan tiene un lugar especial entre los más grandes equipos del planeta.
Para entender la historia y la dimensión del club milanés, del conjunto Rossoneri, basta con apuntar algunos de sus logros: ganador, entre otras cosas y trofeos, de 19 títulos de Liga, sólo abajo de los 36 de la Juve y los 20 del Inter, y de SIETE de Champions League, únicamente superado en ese rubro por el inalcanzable Real Madrid con sus QUINCE.
Es decir, que no es cualquier cosa llegar a jugar en ese equipo, como no son cualquier cosa los argumentos que Santi Giménez ha sabido esgrimir y enarbolar para conseguirlo.
Solvencia técnica para definir con las piernas o la cabeza, velocidad y plenitud física al servicio de sus movimientos, agudo sentido de anticipación, destreza para revolverse en los espacios cortos, potencia para transitar los largos, inteligencia para “leer el juego”, para ocupar el espacio en el que más productivo puede ser para culminar un ataque, o a veces para iniciarlo.
Como encomiable añadidura, su magnífica ubicación en la zona de ataque va acompañada del otro ingrediente, fundamental para cualquier futbolista que pretenda desarrollar al máximo su propio potencial: lo bien ubicado que está fuera de la cancha.
Al margen del evidente estancamiento sufrido por nuestro futbol en los últimos tiempos, pocas veces en su historia, tal vez nunca, había contado con tres centrodelanteros de tan alto nivel como los actuales: Raúl Alonso Jiménez (América, Atlético de Madrid, Benfica, Wolverhampton, Fulham F.C.), Henry Martín (C.F. Mérida, Xolos, América) y Santiago Giménez, que inició con el Cruz Azul, progresó con el Feyenoord y ahora da este prometedor salto al A.C. Milan.
Tres extraordinarios atacantes, que con la bienvenida competencia tienen a esa posición de centrodelantero como la que mejor cubierta está en la Selección Mexicana.
¿Y si se animaran y decidieran otros futbolistas a tratar de emularlos, a tomar como referencias esos magníficos ejemplos para trabajar en consecuencia y apuntarle a similares logros?
Entonces nuestro futbol sería distinto.
Más sobre esta sección Más en Coahuila