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El asedio a Coahuila y los 54 kilómetros en zona de guerra

Por Luis Carlos Plata

Hace 3 años

A nadie importa y en los hechos de nada sirve, pues no hay un fin utilitario en la respuesta, pero a raíz de los últimos acontecimientos en Coahuila, cabría cuestionarse dónde está Ricardo Mejía Berdeja.

Luego de siete días consecutivos de refriega entre la vilipendiada Policía Estatal y presuntos grupos criminales en el triángulo territorial que une a la entidad con Nuevo León, Tamaulipas y Texas, el asunto escaló ayer hasta un llamado público por parte del Gobierno del Estado para no circular por la Ribereña, oficialmente carretera Federal 2 que comunica Piedras Negras con Nuevo Laredo, en específico el tramo de 54 kilómetros que inicia en el municipio de Hidalgo y concluye en la frontera con Laredo. Un punto rojo de la geografía estatal en estos momentos.

En el ámbito nacional nos hallamos ante la tormenta perfecta: desgobierno federal deliberado en amplias zonas del país, en este caso la Ribereña, dejada a la suerte de sus usuarios; permisibilidad de Tamaulipas con el crimen organizado; y desatención de Nuevo León. Un cóctel peligroso.

Tampoco es un fenómeno nuevo. La paz social en la zona de conflicto –que nunca llegó a concretarse ni mucho menos logró ser modélica– se descompuso desde que finalizó el sexenio de Cabeza de Vaca (2016-2022) el cual, visto a la distancia, representó un oasis entre las administraciones fallidas de Eugenio Hernández (2005-2010), Egidio Torre (2011-2016) y ahora la de Américo Villarreal (en funciones desde octubre de 2022). ¿Y el defenestrado candidato a Gobernador del PT qué pitos toca?, se preguntará usted.

Hay que puntualizar, de entrada, que las incursiones kamikazes y ataques a distancia de civiles armados fueron contrarrestadas con una reacción impensada en el mundo imaginario de los “abrazos, no balazos” (dicho esto desde la perspectiva del autócrata y sus lugares comunes, pues la violencia es tal que han sido asesinadas de manera dolosa 161 mil 717 personas en México desde que inició el sexenio de la cuarta transformación, la mayor cantidad en la historia contemporánea).

Policías estatales pecho tierra, con armas de asalto amartilladas, haciendo tiros de precisión a distancia, de largo alcance. Sonido de balazos. Refriega. Zona de guerra. Siete enfrentamientos en una semana. Uno diario.

Videos como testimonio del cerco que sirve de retén y resultados satisfactorios para la seguridad local de acuerdo con el informe oficial (aunque bajas de dos elementos policiacos).

No es intención de quien esto escribe defender a la fuerza letal en asuntos del pasado donde sí tengan responsabilidad, sin embargo se presenta hoy una oportunidad para reivindicar a la Policía Estatal, luego del sistemático afán por desacreditarla emprendido por Mejía Berdeja, como estrategia de polarización social a fin de construirse una candidatura de tinte opositor, asumir el liderazgo de indignados y resentidos, y lucrar electoralmente.

Durante la campaña, y especialmente los debates, Ricardo Sóstenes repitió leyendas urbanas, hizo eco de especulaciones, repitió machaconamente apodos (haciéndole creer a quien quisiera escucharle que conocía el tema de manera tan cercana que hasta los motes se sabía) usó fotografías sin contexto, y en general intentó sembrar una idea en el colectivo, la cual se refuerza con prejuicios.

Lo anterior sin presentar pruebas pese a fungir como subsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana de 2020 a 2022 y, por ende, se supone, disponer de acceso a información privilegiada. Nunca hubo denuncias formales, para dimensionar.

 

Cortita y al pie

En su libro Campo de Guerra (Anagrama, 2014), el periodista Sergio González Rodríguez ensaya un concepto: “anamórfosis de la víctima”, o la alteración de la estabilidad cotidiana de las personas por un hecho violento.

“La idea del espacio y los territorios en el tránsito, o dominio de los grupos criminales, adquiere formas diversas a las habituales, por ejemplo en el control de las entradas y salidas de alguna localidad.

“Los grupos criminales recurren al funcionamiento de bandas organizadas de amplia flexibilidad: desechan el tránsito lineal o establecido, o bien lo turnan con alternativas cambiantes en brechas y caminos inusuales que incluyen el modelo táctico de enjambre militar: multiplicidad difusa de unidades pequeñas, casi autónomas, bajo una coordinación mutua, que operan en sinergia integral (…) Se fragmentan y actúan al mismo tiempo y en direcciones diversas: son imprevisibles, dispersos, inestables, y se ven favorecidos por la asimetría y el caos”.

No es cualquier cosa. A la larga, si no se atiende y no se enfrenta el problema, este modifica los usos y costumbres comunitarios. “Las personas, víctimas potenciales, tienen tres opciones: la adherencia al grupo criminal, ya sea definitiva o temporal; la marginación, y por último el destierro”, señala el autor. Lo que llama “el aplanamiento del espacio y los territorios”.

“Los grupos criminales irrumpen, trazan una nueva lisura en el terreno, incluso en orografías agrestes, al unir puntos estratégicos con sus propios medios de comunicación, desdeñan los límites entre lo legal y lo ilegal y arrasan con las divisiones reales y simbólicas de lo público y lo privado”, explica.

 

La última y nos vamos

Por lo demás, no hay que perder de vista un detalle: los incidentes ocurren en la coyuntura de la transición estatal, a falta de 126 días para el cambio de Gobernador; uno que ya se va y otro todavía no llega.

Durante un periodo de asueto para muchos, cuando se podría presumir desde el exterior que la guardia está baja, hay falta de coordinación o relajación. En consonancia con la teoría del asedio, del acecho sin tregua hacia la entidad.

No obstante, hace 53 días los ciudadanos de Coahuila votaron en un sentido: hubo 587 mil votos de diferencia entre la Alianza por la Seguridad (765 mil 979) y el instigador, Mejía Berdeja (178 mil 888). Una manifestación de intenciones clara y contundente para definir el lado correcto de la historia.

 

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