Seguridad

Publicado el domingo, 19 de abril del 2026 a las 23:00
Ciudad de México.- Roberto de los Santos Jesús, alias “El Bukanas”, se consolidó durante la última década como uno de los principales artífices del robo de combustible en el centro del País, con base en el llamado Triángulo Rojo de Puebla, una franja integrada por municipios como Palmar de Bravo, Quecholac, Acatzingo y Tecamachalco, donde el saqueo de ductos de Pemex evolucionó de actividad clandestina a una estructura criminal organizada, de acuerdo con fuentes federales.
Originario de la región centro-oriente de Puebla -con presencia documentada en comunidades rurales de Palmar de Bravo y sus alrededores-, “El Bukanas” emergió en el contexto del auge del huachicol a partir de la segunda mitad de la década de 2010, cuando el incremento en tomas clandestinas convirtió a esa zona en un foco rojo nacional.
Su influencia alcanzó también a estados como Hidalgo y Veracruz.
Su crecimiento criminal coincidió con la fragmentación de células dedicadas al robo de hidrocarburo, lo que permitió la formación de grupos locales con control territorial, según señalamientos de autoridades.
De acuerdo con registros de inteligencia y reportes ministeriales, De los Santos Jesús comenzó como operador logístico en el trasiego de combustible robado, coordinando el traslado y almacenamiento de gasolina extraída de ductos.
Con el tiempo, presuntamente escaló en la estructura criminal hasta asumir el liderazgo de una célula que no solo ordeñaba ductos, sino que controlaba rutas, imponía cuotas y mantenía vigilancia armada sobre instalaciones estratégicas.
El Gobierno de Puebla, por separado, lo ubicó como presunto líder de una célula dedicada al robo y transporte de hidrocarburos en Hidalgo y los límites con territorio poblano.
Su grupo, identificado en distintas investigaciones como una de las células más activas del huachicol y del robo a transportistas en Puebla, operaba bajo un esquema jerárquico: cuadrillas encargadas de perforar ductos, “halcones” desplegados en carreteras y accesos, células armadas para protección y confrontación, y redes de distribución que colocaban el combustible en mercados regionales.
El nombre de “El Bukanas” comenzó a aparecer con mayor frecuencia en reportes oficiales tras el repunte de violencia en el Triángulo Rojo, particularmente en episodios de enfrentamientos con fuerzas federales.
Uno de los antecedentes más relevantes se ubica en la zona de Palmarito Tochapan, donde en 2017 grupos vinculados al robo de combustible protagonizaron choques con personal militar, en medio de operativos contra tomas clandestinas.
Aunque no siempre se le ubicó de forma directa en cada evento, autoridades lo han señalado como uno de los operadores con influencia en esa franja.
Su perfil criminal se amplió con el paso de los años. Además del huachicol, fue vinculado con delitos como secuestro, narcomenudeo, extorsión y homicidio.
Registros ministeriales lo relacionan incluso con el asesinato de agentes investigadores, lo que elevó su nivel de riesgo y lo colocó como objetivo prioritario.
La capacidad de fuego de su organización quedó evidenciada en distintos aseguramientos.
En febrero de 2026, autoridades federales catearon un inmueble en la comunidad de El Paredón, en Chignahuapan, identificado como uno de sus presuntos escondites.
En ese sitio decomisaron 13 armas largas, dos lanzagranadas, inhibidores de señal, equipo táctico, droga y vehículos, lo que reflejó el nivel de sofisticación y poder operativo de la célula.
Ese operativo formó parte de una estrategia de seguimiento intensificada desde años atrás. “El Bukanas” figuraba como objetivo de seguridad desde administraciones previas, cuando autoridades federales y estatales identificaron al Triángulo Rojo como uno de los principales corredores de robo de combustible en el País.
En ese contexto, distintas áreas de inteligencia lo catalogaron como generador de violencia y operador relevante del mercado ilegal de hidrocarburos.
Las autoridades también destacaron su capacidad para evadir operativos y mantener presencia en distintas zonas de Puebla y la franja colindante con Veracruz.
Bajo su mando, se indicó que el huachicol dejó de ser una actividad aislada para convertirse en una economía criminal integrada: extracción en ductos, almacenamiento en bodegas clandestinas, transporte en pipas o vehículos adaptados y comercialización a gran escala, muchas veces con protección armada y redes de complicidad local.
Además, su grupo incursionó en el robo a transporte de carga, particularmente en corredores carreteros que conectan Puebla con Hidalgo y Veracruz, lo que amplió sus fuentes de ingreso y su radio de operación.
Esta diversificación lo colocó como un actor con control territorial en zonas rurales y tramos estratégicos de tránsito, refieren autoridades.
Durante años, “El Bukanas” logró mantenerse fuera del alcance de las autoridades, en parte por su conocimiento del terreno y por la estructura de protección que lo rodeaba.
El uso de comunidades como refugio, la rotación constante de ubicaciones y el despliegue de vigilancia en caminos rurales complicaron su captura, factor que resultó determinante.
El presunto líder criminal cuenta con una orden de aprehensión vigente por homicidio.
Con su captura, autoridades buscan debilitar una de las estructuras que durante años operó en el corazón del huachicol en Puebla, una zona donde el robo de combustible representó pérdidas millonarias para Pemex y para el transporte de carga.
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