Los zapatos limpios delatan al mal burócrata. Quien despacha refugiado en el clima artificial de la oficina desconoce el olor a formol de un quirófano sudado, y mucho menos entiende la rabia de impartir clases cuando los mesabancos se caen a pedazos bajo el calor lagunero. A Octavio Pimentel le pasaron el recado a tiempo. O quizá lo leyó solo en las paredes. Como sea, sacó el escritorio a la calle y se puso a caminar. El pasillo no perdona los discursos huecos.
Apenas en septiembre andaba tragando polvo por La Laguna. Lejos del turismo académico, se metió hasta la cocina en Contaduría. Entregó de golpe una veintena de computadoras a una Ingeniería Civil que lleva cuarenta y seis años haciendo malabares financieros para enseñarle a Coahuila cómo levantar cimientos reales. Abrió el lactario y cortó el listón en el centro jurídico Carlos Centeno. Eso no se manda por oficio. Esa talacha se toca con las manos.
Las cosas como son. Da lástima ver a ciertos francotiradores virtuales debatiendo la reelección a puros manotazos de coraje, ciegos ante el peso de los cuarenta y un mil alumnos que arrojó el segundo informe allá por febrero. Son números crudos. Treinta planes certificados, más de una veintena de posgrados y un tercio de la raza cobrando su beca mes a mes. Hay más chamacos en las aulas. A principios de septiembre, el ruido de los tambores de la banda de guerra todavía retumbaba en Torreón durante el desfile de nuevo ingreso, cuando la agenda dio un volantazo
abrupto hacia un abismo más oscuro. La salud mental no respeta calendarios.
Un muchacho con el alma rota no puede esperar a que cambien las jerarquías en Rectoría. Necesita que alguien le sostenga la mirada hoy. ¿Han visto cómo le tiemblan las manos a un estudiante cuando el pánico lo congela en mitad del patio? La segunda edición de Manada Saludable y los centros comunitarios que arrancaron en la Laguna tejen una red de contención inmediata. En octubre barrieron el sureste, el centro y la frontera. Ya estaban sentados con psicólogos afinando el Código Centinela con el Ayuntamiento de Torreón mientras los oficios de escritorio seguían acumulando polvo.
Se han visto desfilar iluminados que prometen refundar el humanismo y se gastan el trienio entero aprendiéndose la clave del wifi.
Darle continuidad al proyecto no significa echarse a dormir la siesta. Significa vigilar celosamente que los laboratorios no amanezcan sin reactivos y que el apoyo psicológico sobreviva al próximo cambio de firmas en la chequera oficial. Pregúntenle al que tiene que lidiar con el brutal boquete de las pensiones. Seiscientos millones de pesos. Una cifra ahogante. Aún con ese hoyo financiero, las obras no paran y las giras siguen su curso natural, mientras se sientan a la mesa con legisladores de todos los colores para blindar los más de cuatro mil millones del presupuesto rumbo al 2027.
La reelección no es un premio de consolación, sino un muro de contención para evitar que los proyectos funcionales mueran de inanición. Y con la bomba de las pensiones respirándonos muy de cerca en la nuca, uno se pregunta a quién diablos le conviene apagar la luz ahora. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org
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