Nacional
Por Federico Muller
Hace 1 semana
Oriundo de Zamora -la capital mundial del Románico, ciudad pequeña y profundamente ligada a las procesiones de Semana Santa, como la de la Virgen de la Esperanza-, donde en los atardeceres el murmullo del río Duero -favorito de Antonio Machado- acompasa la vida cotidiana, Iván José Vicente García llegó a Saltillo en 2013 para integrarse al equipo de Aguas de Saltillo (Agsal) bajo la gestión de la multinacional Veolia. Ingeniero químico formado en la Universidad de Salamanca, desde julio de 2024 ocupa la gerencia general de esta empresa tecnológica que respalda a la Administración Municipal en la operación del sistema de agua potable y alcantarillado. Desde 2001 que llegó la multinacional a Saltillo, Vicente García es el sexto gerente que ocupa la dirección de la empresa. Llama la atención que todos los gerentes han sido de nacionalidad española, con excepción de un brasileño. De complexión delgada, trato cordial y una dicción castellana impecable -que distingue con naturalidad la “s” de la “c”-, accedió a conversar sobre su gestión y sobre la importancia del agua como capital natural y derecho humano esencial.
-¿Qué legado le gustaría dejar al terminar su gestión?
“Que Saltillo siga teniendo seguridad hídrica. Que las familias, hoy y dentro de 20 o 30 años, abran la llave y siga saliendo agua potable de calidad y con la presión suficiente”.
-¿Está de acuerdo con cortar el servicio a usuarios morosos?
“Nunca quisiéramos suspender el servicio a ninguna familia, pero hay que entender cómo se sostiene el sistema. Con lo que se recauda de los recibos se pagan más de 100 millones de pesos al año en mantenimiento y renovación de infraestructura, 150 millones a CFE por energía eléctrica y 50 millones a Conagua por derechos de extracción. Al tercer recibo sin pagar la toma domiciliaria se suspende. Sin esa disciplina financiera la empresa perdería su autofinanciamiento y colapsaría el servicio para todos. El porcentaje de morosidad es marginal: 99.5% de los usuarios paga puntualmente, y lo hace porque el servicio es muy accesible: 80% de los recibos registra cifras menores a 100 pesos mensuales por hasta 10 m³ (10 mil litros), lo que equivale a unos 3.30 pesos diarios por familia. Además, el consumo promedio de Saltillo es de sólo 115 litros por habitante al día, muy por debajo de Monterrey o Ciudad de México”.
-¿Cómo mantienen la cultura del ahorro del agua?
“Desde 2017 impulsamos la Ruta del Agua, un recorrido mensual abierto al público -especialmente a escolares- donde se ve físicamente todo el proceso: los pozos de San Lorenzo (a más de 30 km), la planta de cloración, el laboratorio de calidad, los tanques de distribución y finalmente la llegada a las viviendas. Ver de dónde viene el agua y cuánto cuesta traerla genera conciencia”.
-¿El agua es un derecho humano o una mercancía?
“Es un derecho humano, sin discusión. La ONU establece que debe ser disponible, accesible, asequible, aceptable y de calidad. En Saltillo cumplimos ampliamente: el agua llega hasta dentro de la casa (no sólo a grifos comunitarios a menos de un kilómetro), es 100% potable y el costo representa menos de 1 % del ingreso familiar, muy por debajo del límite de 3% que marca la ONU”.
-¿Por qué el modelo de Aguas de Saltillo ha sido exitoso?
“Aunque soy juez y parte, la clave está en la alianza público-privada con un socio tecnológico global como Veolia. Cuando surge un problema hídrico -una fuga masiva, los efectos del cambio climático o el crecimiento poblacional-ya existen soluciones probadas en distintas ciudades del mundo que pueden aplicarse aquí de manera rápida, eficiente y económicamente viable. Esa transferencia de conocimiento y de tecnología de vanguardia es lo que marca la diferencia. Un ejemplo ilustrativo -que incluso ha sorprendido a especialistas en geología- es el del binomio canino: un perro llamado Manchas, entrenado desde cachorro en Chile, capaz de detectar fugas de agua hasta a 2 metros de profundidad gracias a su olfato altamente sensible al olor del cloro. Esta innovación, introducida por Veolia, fue adoptada por Agsal y, desde su incorporación, ha mostrado resultados sobresalientes en la localización precisa de averías ocultas en la red hidráulica de Saltillo”.
-¿En los nuevos pozos que se están incorporando a la red, por su profundidad, han encontrado fluoruro o arsénico en el agua?
“Los pozos se perforan hasta 500 o 600 metros, pero el espejo de agua suele encontrarse entre los 300 y 350 metros de profundidad. Afortunadamente, el recurso que obtenemos no presenta presencia de minerales pesados tóxicos para la salud, como fluoruro o arsénico. Las pruebas de laboratorio confirman que el agua únicamente requiere cloración para garantizar su potabilidad. Hasta ahora, no hemos detectado contaminantes de ese tipo”.
-¿Cómo se han comportado los pozos de la Sierra de Zapalinamé en términos de recarga y extracción en los últimos años?
“Primero hay que poner en contexto: en la Sierra de Zapalinamé, Aguas de Saltillo opera únicamente 13 pozos, de los más de 2 mil que existen en todo el municipio dentro del acuífero Saltillo-Ramos Arizpe. Del resto no tenemos información operativa ni de fiscalización; eso le corresponde exclusivamente a Conagua. Dicho esto, en los 13 pozos que sí manejamos hemos observado lo mismo que reportan los estudios hidrológicos regionales: en la última década la recarga natural ha sido menor que la extracción. Hay tres causas principales: El aumento de la temperatura promedio en Saltillo, que acelera la evaporación. La disminución en la frecuencia e intensidad de las precipitaciones en la región. Es muy conveniente recordar que, aunque llueva en la ciudad, los pozos no son susceptibles de incrementar su caudal, las recargas reales están en la sierra. El crecimiento urbano e industrial, que impermeabiliza suelo y reduce infiltración”.
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