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Publicado el domingo, 13 de noviembre del 2022 a las 13:12
Ciudad de México.- La diferencia entre los discursos discriminatorios y los de odio, explica la académica Siobhan Guerrero, radica en que estos últimos empiezan a tener efectos sobre la dignidad, la vida y los derechos de algún sector de la sociedad.
“Es decir, hablamos de discurso de odio cuando se han traducido ya en violencia; cuando hay una amenaza real a los derechos de un colectivo, y cuando de alguna manera hay una amenaza clara, contundente y directa entre este discurso y la dignidad de las personas. Y eso sí está pasando”, alerta en entrevista telefónica la bióloga y filósofa de la ciencia.
“En México, por ejemplo, lo ha dicho el Observatorio Nacional de crímenes de odio contra personas LGBT, que cada vez que en la esfera pública se llevan a cabo discursos (de odio) por parte de figuras prominentes, sí se muestra una correlación estadística en el aumento en ataques en la esfera pública a personas LGBT”.
Casos documentados en esta comunidad, a la que pertenecen las personas transgénero, de violencias digitales y, en algunas ocasiones, violencias físicas.
“Sí estamos viendo que esto se está traduciendo en un discurso que está afectando la dignidad, la salud mental, no de un grupo de personas chiquito, sino de todo un colectivo social”, enfatiza la académica adscrita al Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.
Estas palabras de Guerrero -ella misma, una mujer trans-, vienen a cuenta de lo recientemente sucedido con la escritora colombiana Carolina Sanín y la decisión del sello mexicano Almadía de no publicarle dos títulos, presumiblemente por tratarse de una promotora de discursos de odio, como ha sido calificada en varias ocasiones.
Como la propia Sanín (Bogotá, 1973) informó el viernes pasado en su cuenta de Twitter, la editorial mexicana le habría hecho saber de la no publicación de sus libros Somos luces abismales y Tu cruz en el cielo desierto, cuyos derechos habían comprado, debido a sus “cuestionamientos a la política identitaria”.
“Mis interrogantes con respecto al dogma de género y mis pronunciamientos sobre el borrado de las mujeres”, precisó la autora.
“Me parece que la decisión de cancelar un contrato ya firmado por unos libros -que, además, no tienen que ver con el tema en cuestión- sienta un precedente tenebroso”, opinó entonces la colombiana, quien unos días antes apareció en un video de una hora y 13 minutos titulado “La identidad, las mujeres y el mundo siguiente”, para el medio digital Cambio.
Quiero contarles que @Almadia_Edit, después de haber comprado y pagado por los derechos de mis libros “Somos luces abismales” y “Tu cruz en el cielo desierto” para México, me hizo saber hoy que no los publicará debido a mis cuestionamientos a la política identitaria +
— Carolina Sanín (@SaninPazC) November 5, 2022
En dicho material, Sanín expresa, entre otras cosas, que el calentamiento global está relacionado con el auge del transactivismo; equipara la expresión de género con un disfraz, y hasta asegura que “la derecha está igualmente comprometida que el transactivismo en la política de la identidad”.
“¿Será porque se trata de que los hombres lo tengan todo? Los hombres ya tenían el mundo, sólo no tenían el ser mujer, que es lo que les faltaba. Se trata de un camuflaje del patriarcado”, enuncia en el video la autora, quien días después reprocharía en sus redes que las novelas de las que Almadía se desvinculaba son ajenas a tales cuestiones.
“De hecho, firmaron el contrato e incluso pagaron el anticipo -y hace un par de años ya-, de modo que (la decisión de no publicarlos) nada tiene que ver con el contenido de los libros. Se trata de cancelación de la persona, de eliminación de la persona”, tuiteó, agregando que, no obstante, tales títulos pueden encontrarse en ediciones de Penguin Random House, Laguna y Blatt & Ríos.
De inmediato, y durante los días siguientes, la red social se llenó de publicaciones lo mismo a favor de la escritora, condenando lo que era percibido como un acto de censura y claro atentado a la libertad de expresión, que celebrando la decisión del sello, elogiando el distanciamiento de una presunta promotora de discurso de odio.
“El acto de censura cometido en México por la editorial Almadía contra la escritora colombiana @SaninPazC es una forma de reprimenda ejemplar destinada a amedrentar al resto de las mujeres intelectuales que se atreven a ejercer su derecho a la libre expresión y a la crítica”, consideró la poeta María Rivera, una de las defensoras de Sanín.
“Todo mi respeto y mi cariño a @Almadía_Edit por posicionarse como un espacio editorial en el que no tienen cabida voces que fomentan discursos de odio, que atentan directamente en contra de los derechos humanos”, publicó, por su parte, la editora Sandra Liera, del sello Paraíso Perdido.
Mientras reconocidas figuras de la literatura, como Guillermo Arriaga, Mariana Enríquez o Samantha Schweblin, externaban su solidaridad con su colega -granjeándose comentarios de rechazo por ello-, remarcando la importancia de “discutir y no estar de acuerdo”, usuarios hacían circular algunas publicaciones controversiales de Sanín, como aquella en la que advierte un “holocausto” de mujeres.
“Dentro de no mucho tiempo, tan pronto como perfeccionen los trasplantes (sic) de útero a hombres, organizarán el exterminio de las mujeres -hembras humanas, es decir, nacidas con vagina y útero-. Es el próximo holocausto. Lo sé con certeza y me vale verga que me digan loca”, tuiteó la colombiana en noviembre de 2020.
“Esto no tiene ningún sustento. La verdad es que no merecería una respuesta, porque es verdaderamente imposible en el escenario actual creer que eso va a ocurrir, cuando la población trans no está en ningún espacio de poder y en ningún momento ha manifestado ninguna intención que siquiera apunte que esta preocupación que expresa la señora tenga algún fundamento”, comenta a REFORMA Siobhan Guerrero.
Y en tanto las redes ardían con la discusión y el cruce de mensajes -ataques, descalificaciones e insultos, en muchos casos-, hubo quien pidió asomarse más allá de la burbuja digital, en donde están las verdaderas víctimas.
“Ayer machetearon a una mujer trans negra trabajadora sexual en Cali mientras ustedes, académicas cis y blancas, se ‘cuestionan’ el género y la supuesta cancelación de una privilegiada. Ellas siguen poniendo el cuerpo y la vida en las calles, esa es la puta diferencia”, apuntó Alejandra Cárdenas, representante legal de la Fundación Polari, dedicada a los derechos de la población LGBT+, las mujeres y las personas con VIH.
Hasta el momento, Almadía no se ha pronunciado al respecto, confirmando, descartando u ofreciendo precisión alguna sobre lo difundido por Sanín. Grupo REFORMA buscó tanto al titular del sello, el editor Guillermo Quijas, como a la escritora colombiana, ninguno concedió entrevista.
Para la académica Siobhan Guerrero, como para no pocas personas, lo ocurrido entre Carolina Sanín y Almadía no constituye un acto de censura, estrictamente hablando.
“Censura es cuando en una plataforma, de alguna manera, se te silencia. Pero una editorial privada no es una plataforma pública, y en principio tiene derecho a decidir no publicar algo si considera, por ejemplo, que contraviene el tipo de imagen pública que desean proyectar”, explica en entrevista telefónica la bióloga y filósofa de la ciencia.
“Esto nos puede parecer quizás problemático, pero estrictamente hablando no es censura”, refrenda, refiriendo que en todo caso la pregunta de fondo es si la decisión de Almadía es ética o no.
Ante lo cual dice sentirse triste por el claro doble estándar de la sociedad en lo que respecta a violencia hacia personas trans; “probablemente no estaríamos en esta situación si el discurso de odio fuera antisemita, racista o misógino”.
“Desafortunadamente, a la sociedad le lleva tiempo construir empatía hacia distintos grupos vulnerables”, señala.
“Y es muy claro que la sociedad, no sólo la mexicana sino la latinoamericana, la española, están todavía en un proceso de construcción de empatía a la población trans; no conocen la realidad de la población trans, no conocen su vulnerabilidad. Y en ese sentido, se minimiza muy fuerte el discurso de odio hacia la población trans de una manera que no se minimiza a otras poblaciones vulnerables”.
A decir de Guerrero, si bien vivimos tiempos en donde hay una exigencia muy clara y muy fuerte de que se dignifiquen las vidas de muchos de esos grupos vulnerables -mujeres, personas racializadas o con discapacidad-, lamentablemente la gente no está dispuesta a concederle esa dignidad a todos. “Pero sí la pide para sí misma”.
“Lo que vemos en el caso de la señora Carolina es que, desafortunadamente, ella no está dispuesta a conceder el respeto y la dignidad a personas que son diferentes a ella, pero sí la exige para las identidades que ella ocupa.
“Eso es un doble estándar y refleja, por supuesto, una enorme falta de empatía; refleja, por supuesto, un desconocimiento de los efectos de su discurso”, remarca la académica, quien ya ha advertido antes tales efectos. “No estamos viendo al Estado censurándola y tampoco estamos viendo que pierda plataformas que ella ya tuviera. (…) El único llamado que sí se ha hecho es a que reconozca las consecuencias que tiene un discurso como el que ella promueve”.
De ahí que la bióloga y filósofa de la ciencia, lejos del sobresalto por un silenciamiento que no es tal, haga un llamado a la empatía, al diálogo con personas trans y a conocer la agenda de los colectivos trans, que llevan desde los años 70, casi medio siglo ya, contestando opiniones infundadas, bulo y pánicos morales.
“Desafortunadamente, parte de estos pánicos morales nacen de que las personas trans no tienen acceso a periódicos, a muchos espacios importantes, y en ese sentido nuestra agenda no se conoce, nuestras opiniones no se conocen”, lamenta.
“La gran ironía es que ella (Sanín) no nos lee y no conoce el pensamiento transfeminista, no conoce la literatura trans, no conoce la filosofía y los estudios trans. La que termina cometiendo un acto de pensamiento único irreflexivo es ella, porque no nos conoce; tenemos medio siglo de abordar estas preocupaciones y decir: No, no somos un grupo que busque lesionar los derechos de nadie, al contrario”.
Yo diría que eso es falso. A ver, estamos en un momento en la sociedad latinoamericana en general donde estamos dándonos cuenta de que teníamos normalizados muchos discursos muy violentos. La sociedad latinoamericana es, desafortunadamente, muy jerárquica, muy sexista, muy racista, es capacitista, es homofóbica, lesfoba y transfoba. Y durante mucho tiempo teníamos normalizadas estas violencias. Hemos visto innumerables casos de comediantes, por ejemplo, que se quejan de que ahora ya no se puede hacer humor.
Aquí no es una cuestión de un ataque a la disidencia del pensamiento; al contrario, es un ejercicio de invitar a plantear los ejercicios de disenso de una manera tal que no pongan en entredicho la humanidad de nadie.
Asegurando que los cuestionamientos de Carolina Sanín hacia la “política de género” son perfectamente válidos, la poeta María Rivera rechaza que ello pueda considerarse discurso de odio.
“Esto que llaman discurso de odio en realidad no lo es. Los discursos de odio, para que lo sean, tienen que incitar a la violencia; es decir, las críticas, los desacuerdos, no son discurso de odio”, sostiene la presidenta del PEN Club México.
“Hay una confusión, digamos, interesada, en presentar toda crítica y discrepancia como discurso de odio. No”, insiste, “el discurso de odio, para que lo sea, tiene que incitar explícitamente a la violencia sobre un grupo social o sobre una persona. Y la verdad es que yo no he visto discurso de odio, en Carolina Sanín no he visto ninguno”.
Por el contrario, opina que el verdadero odio ha estado en las reacciones y comentarios en redes ya no sólo hacia la escritora colombiana, sino contra muchas mujeres; “en los tuits que se generaron contra ella sí hay incitaciones a la violencia, incitaciones brutales”.
“‘Maten a las TERFs (feministas radicales transexcluyentes, por sus siglas en inglés)’, y todo el lenguaje violento; ‘vamos a incendiarles no sé qué'”, ilustra. “Es decir, si hay una incitación a la violencia, está en las personas que critican y atacan. Ni siquiera es crítica, porque no se ocupan de sus ideas, sino de ella como persona”.
Lo que Rivera sí reconoce es que Sanín tiene ideas polémicas, así como “tuits sacados de contexto polémicos”. Pero que no son más que eso: polémicos.
“Imagínese que va a llegar el momento en que los escritores no vamos a poder fabular sobre el futuro o hacer críticas de la sociedad. Esa es justamente la función del intelectual. Puede haber ideas que nos resulten chocantes o desagradables, ofensivas, pero eso no lo convierte en un discurso de odio; y las ideas chocantes y ofensivas hay que contrarrestarlas con ideas. Ese es todo mi punto”.
De ahí que la poeta esté convencida de que la decisión de Almadía de cancelar la publicación de los dos libros de Sanín sí constituya un acto de censura, porque “están cancelando la difusión de su literatura” a partir de sus opiniones.
“Es decir, están utilizando su obra literaria para castigarla. Creo que es completamente indebido.
“Y no sólo eso, es peor, porque la editorial se monta en un discurso propagandístico que busca estigmatizarla, que busca acallarla, evidentemente”, considera. “Lo que busca ese tipo de medidas punitivas, yo así le diría, es silenciar a una persona, silenciar sus opiniones”.
En particular, a Rivera le parece una hipocresía que Almadía esté actuando así, sobre todo después de haber dado cabida a que un autor publicara algo supuestamente en contra suya; “(fue) un poema de Luis Felipe Fabre, en Poemas de terror y de misterio. Ahí hace él un ataque misógino grotesco contra mi persona, no de manera explícita, está sugerido”, acusa.
“Y yo no hice absolutamente nada contra Almadía en ese caso, porque me parece justamente que la poesía tiene derecho a eso”, sostiene la poeta. “Yo no digo que deba censurarse, ese es el punto. Lo que estoy diciendo es que es una política hipócrita”.
Claro que es perfectamente válido. Lo que no es válido, o sea, tendría que ver desde el punto de vista legal Carolina Sanín si hay algo en que incumplieron el contrato.
Cada editorial tiene la facultad para decidir qué publican y qué no. Lo que sí podemos hacer es, evidentemente, cuestionar sus motivos y cuestionar lo que nosotros entendemos como un acto de censura, un acto también de hipocresía, y un acto de violencia contra una escritora. Es decir, ¿que tienen el derecho para hacerlo?, pues habría que ver qué decía el contrato.
Finalmente, Rivera -quien dice que lo de Almadía “es una forma oportunista de ganar adeptos”- subraya que no se puede cancelar el derecho de opinar de una manera crítica y distinta, pues vivimos en una sociedad democrática y libre, “en donde uno de los derechos humanos es, justamente, que no se puede censurar a las personas; no se puede, está prohibido”.
“Entonces, la vía siempre es el diálogo, es el debate, es incluso las diferencias irreconciliables… Eso cabe dentro de la sociedad, cabe la posibilidad de que haya grupos sociales que no compartan las ideas de los otros y ninguno va a convencer al uno o al otro.
“Es importante enfatizar esto: las diferencias caben en la democracia. En el momento en que se pasa a un punto en el cual no caben, a esos se llaman Estados totalitarios, dogmáticos y hasta religiosos”, condena. “Entonces, definitivamente, cabemos todos, deberíamos caber todos y todas las opiniones también, siempre y cuando, claro, no sean discursos de exterminación de una población entera, de un grupo social, incluso de personas”.
A propósito del rechazo que usuarios extendieron a quienes respaldaron a Carolina Sanín -como en el caso de Mariana Enríquez, quien incluso prefirió dar de baja su cuenta de Twitter ante las reacciones en su contra-, Siobhan Guerrero pide dar un paso atrás y ver en qué momento nos encontramos.
Uno de mucha angustia, califica, debido a hechos gravísimos, como las violencias feminicidas inauditas; el propio avance de los transfeminicidios, y que los movimientos feministas sean percibidos como un actor antagónico del propio Estado.
“El problema es que cuando estamos en una situación de enorme angustia es muy difícil para la gente, toda la gente, pensar con la cabeza fría. Y eso nos está llevando colectivamente y como sociedad a un lugar muy oscuro, porque estamos empezando a mirar a los demás con sospecha y recelo, como si su existencia entrañara de alguna manera la posibilidad de que a mí se me destruyera”.
Desde ahí es que se están dando respuestas cargadas de afectos, cargadas de ira. Y es por ello que hay que dar un paso atrás; “ningún movimiento va a alcanzar la justicia si empezamos a cultivar la deshumanización”, subraya Guerrero.
“Entonces, la invitación también es a las escritoras que salieron a apoyar a Carolina. A ver, entiendo desde qué lugar, desde qué momento histórico están opinando; entiendo la angustia social de decir: las artes están en crisis, la literatura está en crisis, hay poco apoyo, estamos en una crisis feminicida. Entiendo que se opine desde ahí.
“Pero la invitación es también a decir: ¿Quieren apoyar?, apoyen. Pero no apoyen a alguien que cree que un discurso de odio es la mejor manera de plantear una diferencia política, porque no es cierto que sea la mejor manera de hacerlo”, estima la académica.
“En el momento en que empecemos a pensar: ‘¿Cómo puedo plantear una disidencia, una diferencia, sin deshumanizar a otra persona?’, en ese momento estas violencias que nos tienen en la polarización van a disminuir”.
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