No se sabe con certeza cuál fue la primera civilización que censaba a sus habitantes, lo que es un hecho, es que desde hace siglos se llevaban a cabo padrones poblacionales en los imperios y más tarde en los países del orbe. La Biblia menciona que antes del nacimiento del Sr. Jesús, los judíos eran empadronados por el Imperio Romano para conocer los pormenores de la población en cuanto a ingreso, residencia, número de hijos, oficio o profesión, etc. Lo que se logra recabar es información estadística relevante que se puede utilizar para diferentes fines. Algunos han sido perversos, como la historia lo registra, con el exterminio nazi de millones de judíos, o la barbarie que cometieron los turcos contra los armenios al inicio de la Primera Guerra Mundial.
En el caso de México, al menos desde el siglo 20, los datos poblacionales se convierten en referentes para formular políticas públicas que han sido benéficas para la economía nacional, como la creación del IMSS o el ISSSTE, instituciones de salud, que contribuyen a prolongar la esperanza de vida de los ciudadanos. En 2020, a pesar de los sucesos extraordinarios que asolaron a los mexicanos, el Inegi, con tácticas y técnicas novedosas acordes a la inseguridad pública que se vive y la precaria situación financiera por la que atraviesan los entes autónomos, llevó a cabo el proyecto censal de población que realiza por ley cada 10 años.
El censo deparó algunas sorpresas para los analistas económicos, demógrafos y políticos en el poder, aunque en algunas otras áreas del conglomerado poblacional los resultados obtenidos eran ya predecibles, como lo mostraban claramente las tendencias que se tenían, una de ellas el envejecimiento paulatino de los mexicanos, que iniciaba lentamente, pero sin pausa desde finales del siglo pasado (20).
Coahuila en números. El crecimiento de la población en el país se ha mantenido relativamente estable, inferior a 2%, con respecto al censo inmediato anterior (2010); no obstante, el promedio de edad de los mexicanos se ha incrementado: en 2000 era de 22 años, mientras en 2020, se incrementó a 29. Por otra parte, el número de hijos por mujer también ha descendido con respecto al del siglo 20: en 2020 fue de 1.6 hijos por mujer. Coahuila presenta datos similares en esas áreas demográficas. Su población total llega a 3.1 millones de personas, que contrastan con los casi 17 millones que habitan en el Estado de México. De los residentes en Coahuila, 50.3% es mujer y 49.7%, varón. El municipio con mayor población es Saltillo, con 879 mil 958 habitantes, seguido de Torreón y Monclova.
En cuanto a algunos indicadores sociales, 91.6% de la población posee un teléfono celular, y 49.9% dispone al menos de una computadora. Además, de cada 100 habitantes, alrededor de 80 se encuentran afiliados a una institución de salud. El promedio de ocupantes por vivienda es de 3.5 personas, y casi 100% de las viviendas dispone de energía eléctrica. Otro dato interesante es que se presentan 50.5 personas en edad de dependencia por cada 100 residentes en edad productiva.
Coahuila, de acuerdo con los datos de migración, es una entidad que atrae población, no se considera expulsora. Según los breves números demográficos descritos, en la entidad se requiere la formulación de políticas públicas que atiendan el envejecimiento de la población, particularmente de prevención y de cuidados a los adultos mayores, así como una reconsideración de los planes urbanos, que requieren de un nuevo diseño de vialidades y fraccionamientos que consideren la reducción de los miembros de la familia.
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