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Hace 1 mes
Durante gran parte del siglo XX, saber dónde estaba el centro económico del mundo era algo relativamente sencillo. Bastaba mirar hacia Estados Unidos y Europa y reconocer que ahí estaban las grandes empresas, los centros financieros y buena parte de la producción industrial. Parte de este convencimiento se lo debemos a economistas como Joseph Schumpeter (1883-1950), a través de su concepto de la “destrucción creativa” impulsada por la innovación de las empresas, o John Kenneth Galbraith (1908-2006), que describió los mecanismos de “la sociedad opulenta” de posguerra. Ambos manifestaron en sus obras cómo la maquinaria industrial y de consumo estadounidense definía las reglas del juego global.
Sin embargo, si hoy buscáramos el centro de gravedad de la economía mundial, la respuesta ya no es igual de sencilla. Al menos, el primer cuarto del siglo XXI ha manifestado que la producción manufacturera se ha desplazado hacia Asia desde Estados Unidos y Europa.
Cifras muy básicas bastan para comprender este desplazamiento. En 1990, China representaba solamente el 3% de la producción manufacturera mundial. En 2025, su participación alcanza el 32%. Estados Unidos, —todavía la economía más grande del mundo—, representa aproximadamente el 15% de la manufactura mundial.
Entre 1990 y 2025 existe una marcada divergencia en el desempeño manufacturero y exportador de China y Estados Unidos. Durante este periodo, las exportaciones de mercancías de China presentaron una tasa media anual de crecimiento de aproximadamente 12.45%, frente a 5.02% de Estados Unidos. Una diferencia aún más pronunciada podemos observar en la producción manufacturera, cuyo crecimiento medio anual fue de aproximadamente 11.62% en China, comparado con el 3.15% de la economía estadounidense.
Visto de otra manera, durante las últimas tres décadas y media, las exportaciones chinas crecieron aproximadamente 2.5 veces más que las estadounidenses, mientras que la producción manufacturera fue 3.7 veces mayor. Este desempeño reconfiguró la distribución de la capacidad productiva y comercial entre ambas economías y es una clara manifestación del desplazamiento del centro manufacturero mundial hacia el continente asiático.
De hecho, si hacemos esta comparación en términos regionales, en 2025, Asia y Oceanía concentraron el 56.7% de la producción manufacturera mundial, mientras que Norteamérica y Europa representaron juntas el 36.2%. Esta reconfiguración y desplazamiento de la manufactura global ayuda a entender buena parte de la política comercial del presidente Trump. La insistencia en imponer aranceles, regresar las empresas de Estados Unidos a territorio nacional y condicionar el acceso al mercado estadounidense a una mayor producción dentro de Estados Unidos responde, en parte, a la percepción de que durante las últimas décadas el país cedió capacidad manufacturera frente a Asia.
Si bien, Estados Unidos sigue conservando una posición dominante en otros ámbitos como las finanzas internacionales, el dólar, los mercados de capitales, etc., no podemos ignorar que el centro manufacturero global se ha desplazado hacia Oriente. Quizá por eso la disputa económica de la cual hemos sido testigos en los últimos años, más que consistir en quien tiene la economía más grande del mundo, es quien está produciendo lo que el mundo necesita. Y, en esa competencia, los asiáticos llevan algunas décadas ganando terreno.
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