Por: Joel Martínez
La debilidad de la economía mexicana ya es evidente, pero Banxico no puede llevar a cabo lo que quisiera hacer.
Un menor crecimiento de la economía ya está golpeando a la política fiscal.
Los datos macro de la economía mexicana han dado un giro importante y ahora hay una amenaza real de estancamiento.
Apenas el 22 de noviembre, el Inegi reportó el crecimiento final del PIB en el tercer trimestre de 2024 y el dato fue muy bueno, pues hubo un crecimiento trimestral de 1.1%, el más alto desde el segundo trimestre de 2022.
La variación anual fue de 1.6%, esto marcó un repunte generalizado que animó a pensar que el pronóstico de crecimiento del PIB de 2.3% para 2025 (que está considerado para la elaboración del presupuesto del Gobierno) era viable.
Sin embargo, en las últimas dos semanas todo cambió. Los nuevos datos macro fueron bastante malos y perfilan que la economía se está estancando.
El 23 de diciembre vino el reporte del IGAE de octubre, que cayó 0.7% en el mes, fue muy malo; en tasa anual, cayó 0.3, regresando a terreno negativo por primera vez desde febrero de 2021.
Lo peor es que la caída fue generalizada, de hecho, el viernes 3 de enero salieron los índices del IMEF de diciembre y tanto el de manufactura como el de servicios mostraron estancamiento.
El 6 de enero se reportaron los datos de empleo formal del IMSS de diciembre, que también fueron muy malos.
Cayeron los empleos formales, la mayor baja desde que se tiene registro para un diciembre.
Por el momento, estos datos hacen poco creíble que la economía crezca 2.3 por ciento.
Es más, apenas esta semana, la nueva encuesta quincenal de Citi, publicada el martes, redujo la mediana de las estimaciones de crecimiento del PIB para este año de 1.2 a 1 por ciento.
Un crecimiento del PIB tan pobre es un golpe a la política fiscal, porque es un supuesto muy importante para el cálculo de los ingresos que se presupuestan.
Hay que destacar que los datos que Hacienda pone en el marco macroeconómico para las finanzas públicas son para la elaboración del presupuesto, NO son estimaciones, son referentes para calcular los ingresos, de ahí su importancia.
Para 2025 se tienen los siguientes referentes:
– Crecimiento del PIB para finanzas públicas en 2.3 por ciento.
– Tipo de cambio para fin de año de 18.50 pesos por dólar y 18.70 en promedio en el año.
– Tasas de Cetes de 8% para el cierre de año y 8.9% en promedio.
– Precio del petróleo en 57.80 dólares por barril.
– Producción de petróleo de 1.891 millones de barriles diarios.
Hasta ahora, si la economía creciera al 1%, como dice la encuesta de Citi, habría un faltante de ingresos en las finanzas públicas, porque el supuesto está en 2.3%, es más alto.
Esto por que cada cambio en los números de los supuestos tiene un efecto de mayores o menores recursos públicos, según los cálculos de Hacienda que fueron publicados junto con el paquete.
Cada medio punto de crecimiento del PIB tiene un efecto de 26 mil 400 millones de pesos sobre los ingresos tributarios e igual pasa con las tasas de interés, un cambio de 100 puntos base (pb) implica 33 mil 800 millones de pesos en el costo financiero.
Por lo tanto, Banxico va a buscar, lo declare públicamente o no, alcanzar la tasa de 8%; aunque esto parece cada vez más complicado por el choque externo que implica la Reserva Federal (Fed).
La Fed ha dibujado en el gráfico de puntos de diciembre una pausa hasta junio, sin embargo, no se debe descartar que podría NO recortar todo el año por la fuerza de la economía, la solidez del mercado laboral, una inflación pegajosa y los Tromponomics.
De hecho, la misma encuesta de Citi arrojó que la mediana de los analistas espera 8.50% para la tasa Banxico al cierre de 2025.
Para mí, es posible que el piso de la tasa de referencia esté cercano a 9 por ciento.
Banxico está condicionado para bajar su tasa todo lo que quisiera, a pesar de lo restrictiva que es.
Cierto que apenas está empezando el año y hay muchas variables por definir, como una masiva construcción de viviendas y de obras de infraestructura para empujar el crecimiento de la economía.
Pero por ahora, el escenario se ve apretado para las políticas monetaria y fiscal.
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