Por: Lizbeth Ogazon
Al reconocer a los animales como seres sintientes, les estamos dotando de conciencia de lo que ocurre en su entorno y una serie de reacciones en medida de sus capacidades cognitivas y emotivas que les permite expresarlas de manera similar a los seres humanos.
Este reconocimiento trae aparejada algunas consideraciones morales, que evitarían su participación en espectáculos en los que incluso podían perder la vida hasta su explotación laboral en calidad de cosas.
Al reconocerlos como seres sintientes adquirimos la obligación de retribuir el hecho de beneficiarnos de su trabajo que históricamente se han venido ignorando.
Pasar del reconocimiento como seres sintientes al reconocimiento de sus derechos jurídicos es una tarea que tiene que llevar a cabo cada Estado Nacional, se trata de institucionalizar y garantizar a través del orden jurídico, los derechos de los animales en los distintos ámbitos, esto llevaría también a reconocer que los animales que conviven con nosotros forman parte de nuestra comunidad.
El proceso de domesticación, lo fue también de explotación; se ve enfrentado ahora a la construcción del discurso de los derechos de los animales donde el derecho al trabajo adquiere importancia, hasta este momento de la evolución casi todas las actividades animales pasan inadvertidas a los indicadores de la economía sin embargo, es indudable que forman parte de ella y que inciden de manera positiva en el incremento de la satisfacción de las necesidades humanas.
De la misma manera que se luchó por el reconocimiento de jornadas laborales que permitieran el descanso para la reposición natural de las condiciones del trabajador, el reconocimiento a los animales como seres sentientes debe impactar sobre las condiciones de bienestar para los animales dedicados al consumo humano, para considerar la diferencia entre una muerte digna e indolora a otra con tortura y sufrimiento que ha llevado por lo general a los animales que nos sirven de alimento a tener una vida degradada.
Legislar jornadas y condiciones de trabajo que además de beneficiar la producción y hasta nuestra salud, nos darían una dimensión moral distinta como género humano.
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