El desempleo en las economías de mercado es una constante que prevalece como la oferta y la demanda de bienes y servicios, pero tiene diferentes causas y razones de ser. El llamado friccional aparece a pesar de que los factores productivos se encuentren en pleno empleo, porque considera las bajas de empleo debido a decisiones de los trabajadores de mudarse de ciudad y, por ende, renunciar; también incluye aquellos que buscan mejores condiciones de trabajo y deciden tomarse un paro voluntario, mientras consiguen algo mejor que cubra sus expectativas laborales.
En cambio, el desempleo clasificado como cíclico, sí obedece a fluctuaciones en la economía (recesión-expansión) y hasta hace algunos años se asociaba principalmente a la caída de la inversión, que se veía frenada por las proyecciones que tenían los empresarios del futuro económico, que por supuesto no lo percibían como el mejor u óptimo. También en ocasiones los aumentos en los precios de las materias primas e insumos, influyen en que las industrias recorten su producción, causando bajas en la población activa remunerada.
Por otro lado, hay otro tipo de desempleo, el tecnológico, que de ninguna manera es atribuible al siglo 20 o 21, sino que surgió con antelación desde la Revolución Industrial en Inglaterra, con el advenimiento de la máquina de vapor y otros inventos que desplazaron las actividades manuales realizadas por los operarios, por las mecánicas llevadas a cabo por artefactos eléctricos y de combustión interna. No obstante, y aunque parezca paradójico, con el devenir del tiempo la propia tecnología abrió nuevas oportunidades de trabajo para las subsecuentes generaciones, que paulatinamente han venido especializándose y adecuándose a los cambios de métodos y técnicas.
Sin embargo, las nuevas variantes del desarrollo tecnológico han traído desafíos para la clase trabajadora, aparentemente irresolubles, especialmente para la mal llamada ocupación de “cuello azul”. La automatización ejercida por los robots, que desplaza la mano de obra, tiene varias aristas que se pueden analizar, al menos desde la perspectiva del futuro cercano, porque se estima que dentro de pocos años el número de robots se multiplicará en los países desarrollados y en las economías emergentes.
Efectos compensatorios de la robotización en el sector industrial. Estudios económicos elaborados en Estados Unidos antes de la pandemia, que analizan cómo afecta el incorporar robots a las líneas de producción, varían en sus cálculos: algunos suponen que adicionar un robot por cada mil trabajadores en las empresas, destruiría 6.2 empleos; otros, con mayor perspectiva, consideran en las ventajas que puede traer la robotización en cuanto a generación de oportunidades de trabajo. Esto es, al automatizarse la producción, surgirán incrementos en la productividad del trabajo, que debe ser mayor a los costos de implementar robots. Si se logran esos ahorros, se podrán destinar tales recursos a otros nichos de mercado, que pueden ser cubiertos por personal especializado que estará menos expuesto al riesgo de perder su empleo por un robot, simplemente porque son áreas de la economía que no pueden reemplazar la fuerza de trabajo.
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