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| Su labor inició cuando “Muchacha”, su perrita, desapareció.

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El detective de perritos, una misión de fe

  Por Paola Casas

Publicado el domingo, 23 de noviembre del 2025 a las 04:00


Laureano recorre las calles en busca de aquellos amigos fieles que están perdidos, y regresarlos a su hogar con su familia.

Saltillo, Coah.- Con su chaleco fosforescente, botas de rescate y una determinación inquebrantable, Jesús Laureano recorre las calles de Saltillo en busca de los “amigos fieles” que un día se extraviaron. No cobra un sólo peso por hacerlo; su única recompensa es presenciar el reencuentro entre una mascota y su familia. Se hace llamar “el detective de perritos”, aunque su labor va mucho más allá de una simple búsqueda: es una misión de fe, nacida de una promesa y sostenida por un profundo amor hacia los animales.

‘Muchacha’ el inicio

Todo comenzó hace algunos años, cuando “Muchacha”, una perra de raza pitbull de su hija, desapareció. La tristeza que invadió su hogar lo marcó profundamente. Ver el dolor de su hija lo llevó a hacer una promesa: “Dios, si me ayudas a encontrarla, te prometo dedicar mi tiempo a ayudar a otros a recuperar a sus mascotas”. La búsqueda fue larga y angustiante, pero la historia tuvo un final feliz: “Muchacha” apareció. Desde ese momento Jesús sintió que su vida había cambiado de rumbo. Cumplió su palabra y, desde entonces se dedica a localizar animales perdidos en toda la ciudad, sin esperar nada a cambio.

Un fotógrafo con vocación de rescatista

De lunes a viernes, Jesús trabaja como fotógrafo profesional, cumpliendo jornadas de 8 de la mañana a 6 de la tarde. Sin embargo, al caer la tarde, cambia la cámara por el chaleco y las botas. A partir de ese momento comienza su otra jornada: la de rescatista. “Sí tengo miedo, pero es más fuerte la voluntad de ayudar”, reconoce con serenidad. Su frase resume la esencia de su misión: una mezcla de valentía, empatía y fe que lo impulsa a seguir, incluso en las situaciones más complicadas.

Casos que dejan huella

A lo largo de los años, Jesús ha enfrentado todo tipo de situaciones. Ha encontrado perros abandonados en lotes baldíos y otros atropellados que logra estabilizar para llevarlos a la clínica veterinaria. En algunos casos, incluso ha tenido que mediar con vecinos que impiden el rescate o con personas que maltratan animales.

En redes sociales su teléfono corre de boca en boca cada vez que alguien pierde a su mascota. “A veces me hablan de madrugada –cuenta–, y si puedo, salgo de inmediato. Uno no sabe si el animalito está asustado, si tiene hambre o si lo pueden atropellar”.

Jesús estima que ha participado en más de 500 búsquedas y rescates, y aunque no todos terminan con un final feliz, cada intento, dice, “vale la pena, porque alguien tiene que intentarlo”.

Gracias a su constancia ha obtenido certificaciones en búsqueda y rescate animal, así como en primeros auxilios veterinarios, lo que le ha permitido actuar con más seguridad y profesionalismo.

Con un poco de paciencia…

En su labor adopta distintos roles: si la búsqueda requiere discreción, investiga de civil, recabando evidencias, tomando fotografías, entrevistando vecinos y analizando rutas posibles. Pero si se trata de una búsqueda activa, porta su chaleco fosforescente y trabaja a la vista de todos. En los rescates más complejos, cuando el animal está herido o atrapado, se prepara como un profesional: guantes gruesos, arnés, linterna, botiquín y, sobre todo, paciencia.

Sólo una señal…

El detective de perritos cree firmemente que la fe también se demuestra con acciones. Por eso, cada vez que emprende una búsqueda, comienza con una oración breve: “Le pido a Dios que me guíe, que me dé señales. Y muchas veces pasa: un ruido, un olor, una sombra… algo me lleva al lugar correcto”, relata.

Es inspiración

Pese a que sus acciones son individuales, su labor ha inspirado a otros. Varias personas a veces lo acompañan como voluntarios en operativos de búsqueda, aprendiendo de su método y su compromiso.

Entre la fe y la esperanza

Aunque muchos lo consideran un héroe, Jesús Laureano insiste en que no busca reconocimiento. “Esto es entre Dios y yo”, dice. “Yo hice una promesa y la cumplo cada vez que un perrito vuelve con su familia”. Para él cada reencuentro es una oración cumplida, una forma de agradecer por aquella vez que “Muchacha” regresó a casa.

Una ciudad que lo abraza

En Saltillo su nombre se ha convertido en sinónimo de esperanza. Las familias lo buscan y los rescatistas lo reconocen como un aliado indispensable. En Facebook acumula cientos de mensajes de agradecimiento, fotos de reencuentros y videos que han conmovido a la comunidad.

“ Cuando un animal se pierde, no sólo se extravía una mascota –explica–, se rompe un lazo emocional. Hay gente que llora, que deja de comer, que imprime volantes, que no duerme. Y cuando el perrito aparece todo cambia. Es como si regresara un miembro de la familia”.

Su historia es también un espejo de una realidad más amplia: la falta de protocolos oficiales para la búsqueda de animales en México. Jesús ha impulsado la idea de crear un registro local de mascotas y un sistema de alerta animal, similar a la Alerta Amber, para facilitar los rescates. Aunque la propuesta aún no se concreta, ha logrado que más ciudadanos se organicen en redes y trabajen de manera coordinada.

Un héroe sin capa, pero con propósito

Cada noche, después de una jornada agotadora, Jesús regresa a casa con el corazón lleno. A veces no trae buenas noticias, pero sí la certeza de haberlo intentado. “No todos los rescates terminan bien –admite–, pero todos me enseñan algo. Y mientras pueda seguir caminando voy a seguir buscándolos”.

Su historia no sólo inspira a los amantes de los animales, sino a cualquiera que haya sentido la necesidad de hacer algo por los demás. En un mundo donde la indiferencia abunda, Jesús Laureano recuerda que la empatía sigue siendo una de las fuerzas más poderosas que existen.

Él no necesita títulos ni aplausos. Le basta con una huella en el suelo, un ladrido a lo lejos y la sonrisa de una familia que, gracias a su ayuda, vuelve a estar completa.

Cada vez que un perro extraviado vuelve a casa, vuelve también la fe en la humanidad que Jesús Laureano, día a día, se encarga de rescatar.

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