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Coahuila

El Día Internacional de la Mujer que marcará un antes y un después

Por Silvia Guadalupe Garza Galván

Hace 6 años

Hoy 8 de marzo las mujeres de este país nos damos cita para alzar la voz, ante el abrumador e intolerable índice de violencia de género contra la mujer.

Violencia de género, de la que se ha dicho mucho pero que se ha venido escuchando poco. Las estadísticas señalan que 10 mujeres mueren diariamente por este flagelo, de las cuales solo tres llegan a ser reconocidas bajo esta figura; el caso de Abril Pérez Sagaón, es una imagen del significado de las estadísticas, un crimen que pudo y debió evitarse.

Ha pasado tan solo un lustro desde que se emitió en nuestro país la primera alerta de género, que nació como un mecanismo de protección de los derechos humanos y la vida de las mujeres, pese a que se previó la implementación de acciones preventivas, de seguridad y justicia, así como la asignación de recursos presupuestales para hacer frente a la “contingencia de alerta de violencia de género”, cinco años después, más de la mitad del país registra alertas de género que hoy, son una emergencia nacional.

Al actual Gobierno, suponemos, bajo la bandera de austeridad, le debemos la desaparición de la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas, para dar paso a la Fiscalía Especializada en materia de Derechos Humanos que tiene a su cargo un combo de asuntos, entre ellos, el de las mujeres.

Así de la mano con el incremento del índice de las mujeres víctimas de violencia feminicida en los últimos dos años, el titular del Ejecutivo, nos ha demostrado a los mexicanos lo que es tener empeño en algún asunto de su interés, como la frivolidad de la rifa del avión, ya que en tan solo 46 días se dio a la tarea personal de organizar una megalotería, pero ha sido incapaz de anotar en su agenda el “problema” de las mujeres, que nos está rompiendo a las y los mexicanos, porque 10, no es un número, es una cadena de familiares, amistades, vecinos, compañeras y compañeros de trabajo, conocidas y conocidos de las víctimas, que no solo sufren el dolor de una ausencia, sino el dolor de una insuperable tragedia.

Se ha dicho que la falta de “sensibilidad” o “empatía” del titular del Ejecutivo, ha sido una desafortunada forma de abordar la situación –es mucho más grave– la falta de interés, la indiferencia, las bromas, el descrédito, la denostación, la burla, el fastidio es precisamente la semilla que engendra la normalización de la violencia de género, es aquí donde está enraizado el problema y uno de los factores más difíciles de erradicar y que ha contribuido al fracaso de mecanismos como el de la alerta de género.

Hacerlo desde su investidura, contribuye a corromper el entramado social; Fátima no era fifí ni estaba involucrada con un partido político, estas actitudes que “sutilmente” buscan minimizar una tragedia, es un ejemplo de lo que significa y conlleva la violencia de género. Fátima no es un caso, es una herida abierta, no de una, ni de dos, son miles de mujeres que hoy no están vivas, su ausencia rebasa a partidos políticos, gobiernos, adversarios, discursos y hasta las ideologías, no tiene ninguna gracia solapar la apología de la violencia como ha ocurrido con Isabel González esta semana y a quien le contestaron con un llamado a la “conciliación y el perdón”.

Estas actitudes son las que frustran, las que enojan y nos llevan a decir ¡basta!, por eso la convocatoria de las diferentes corrientes feministas que hoy se suman a diversas voces de la sociedad, que responden alto y fuerte: ¡alto a la violencia de género y feminicidios!

En el ensayo Solidaridad: Una Aproximación Sociológica, Borja Granado Lapuente, señala que “la solidaridad es una adhesión circunstancial, pero adhesión sólida, sin vanos artificios, firme, recia, completa, entera”, y de eso es de lo que está hecho este 8 y 9 de marzo en México, con solidaridad como solo se había visto en 1985 y 2017 ante la tragedia ocasionada por los sismos en la Ciudad de México, porque nos queremos todas y nos queremos vivas.

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