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Coahuila

El dolor une a los seres humanos

Por Cholyn Garza

Hace 4 años

Existen tantas cosas que nos unen como personas, como ciudadanos y en ocasiones no nos damos cuenta.  Nos une la solidaridad que se extiende cuando una tragedia se presenta y acudimos en ayuda de otros.  Nos une el dolor que embarga a familias víctimas de un acontecimiento inesperado que pudo prevenirse y no se hizo.   

Porque nadie puede negar que hay tragedias que bien pueden evitarse.  Desafortunadamente la ambición, la soberbia, la falta de empatía por el lado oficial promueven la inseguridad en labores donde el trabajador arriesga la vida.

La minería es una de esas lamentables experiencias para un gran número de trabadores que, por la necesidad de llevar el sustento a sus hogares, aceptan las condiciones que una empresa les ofrece.

Surgen los cuestionamientos cuando algo sucede; sin embargo, mientras no se presente una tragedia las cosas seguirán igual, para el trabajador y para los dueños de las concesiones.

Unos exponiendo la salud y con ello la vida, y los otros llenando sus bolsillos con dinero producto de la venta del
carbón.

Hoy, Coahuila lamenta la tragedia ocurrida en la mina de El Pinabete, en el municipio de Sabinas.  Causa malestar que el gobierno federal sin el menor recato anuncie que el rescate de los mineros atrapados llevará de 6 a 11 meses.

¿Por qué no se pidió apoyo a expertos cuando sucedió el accidente? ¿Por qué dejaron pasar tantos días? ¿Quién es el dueño de la concesión para explotar la mina? Y por favor, no vengan a exhibir solo a
prestanombres.

La exigencia de las familias de los mineros del pozo “El Pinabete” ha sido de elemental justicia. El tiempo pasaba y no se veía avance en las maniobras de rescate.  Se les dijo que no se irían del lugar hasta rescatar a los trabajadores y sin embargo, sin más, los dejaron con su dolor y la incertidumbre de encontrarlos aún con vida.

Un engaño imperdonable, uno más de esa cadena de mentiras por parte de un gobernante injusto y de sus funcionarios que solo agachan la cabeza para seguir instrucciones, sin que sean capaces de ofrecer alternativas de solución a una problemática que quizás pudo resolverse con éxito, si se hubieran escuchado las voces de quienes conocen el trabajo minero.

No se acaba de entender por qué se tienen que politizar situaciones que exigen atención y solución.

Causa molestia escuchar los testimonios de mujeres con cáncer a quienes les han suspendido sus tratamientos porque “no hay medicamentos”.  Misma respuesta para los padres con niños con cáncer.

Los medicamentos son necesarios porque la enfermedad no espera a que un gobierno y sus funcionarios decidan cuándo entregarlos.  

Los pacientes necesitan sus tratamientos para lograr vencer la enfermedad.  Y el cáncer, todos lo sabemos, es un problema que puede superarse si se detecta a tiempo y por supuesto, si se inicia el tratamiento indicado para vencer tan
temible mal.

Un gobierno que no es capaz de sentir empatía por las personas no merece consideraciones de ninguna índole.

Dinero había ¿a dónde fue a dar? ¿A los proyectos absurdos del presidente? ¿a regalarlo a sus amigos dictadores? Un dinero que ¡por supuesto! no le pertenece porque es de los impuestos de los ciudadanos.

Los reclamos existen y existirán mientras no se aclare el desabasto de medicamentos para pacientes con diversos padecimientos.

Y que se aclare con la verdad, no con la sarta de mentiras que se han tejido desde Palacio Nacional pretendiendo cada mañana, culpando de todo a gobiernos anteriores que sí dejaron -poco o mucho- recursos para hacer frente a diversas situaciones.

¿En qué se los gastaron? Es la pregunta que surge al ver destruidos los fideicomisos.  No ha habido una respuesta que demuestre que fueron bien
empleados. 

Y así como el dolor nos une con quienes pasan por situaciones difíciles, también repudiamos a quienes convierten la tragedia en oportunidad para politizarla pretendiendo obtener beneficio.  Quienes ostentan el poder no se detienen a pensar que tal vez un día puedan verse en alguna situación parecida a la que algunas personas hoy padecen. Y quizás ni poder ni dinero puedan ser suficientes, para resolver el problema que enfrenten.  Nunca se sabe.

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