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Coahuila

El Ejército Insurgente

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 2 años

Nuestro amado México es un país surrealista, lo menciono en esta columna, dedicada a seguir relatando las historias de nuestros ejércitos hasta llegar al actual, el Ejercito Mexicano, –nacido en Coahuila por iniciativa del Gobernador y luego Presidente de México, don Venustiano Carranza–, porque así como lo es en general toda nuestra historia, surrealista, así también sucede con los contrastes de la conformación de algunos de los ejércitos que han luchado en nuestro territorio. Por citar un ejemplo temprano, el surrealismo que gira en torno a que Hernán Cortes Cortés fue confundido con el dios Quetzalcóatl, que habría regresado de su estancia entre los muertos para recuperar su reino, confundió y atemorizó al emperador Moctezuma, lo que fue aprovechado por Cortés y sus hombres para avanzar hasta Tenochtitlan, sin que fueran atacados antes directamente por guerreros del imperio azteca, quienes hubieran terminado rápidamente con Cortés y el proporcionalmente pequeño contingente con el que arribó al Nuevo Mundo, sin darle tiempo de reunir el gran ejército que en su momento conformó aliándose con señoríos rivales y enemigos de los mexicas.

Otro suceso extraordinario es que la lucha por nuestra Independencia fuera iniciada y dirigida en su primera fase por un sacerdote, don Miguel Hidalgo y Costilla, quien obviamente no tenía adiestramiento ni experiencia militar. Lo lógico, o como se tenía planeado por el movimiento insurgente, es que la lucha fuera comandada por el capitán Ignacio Allende y el capitán Juan Aldama, quienes eran oficiales experimentados del regimiento de los Dragones de la Reina, y pensaban levantarse en armas en el mes de octubre de 1810 en San Juan de los Lagos, Jalisco. Lo que cambió el giro de la rebelión, es que, –como recordaremos de nuestras clases de historia nacional de primaria– la conspiración (unión secreta de varias personas para derrocar a la autoridad) fue descubierta en Querétaro, y la esposa del corregidor de esa población, una de nuestras insignes heroínas nacionales, y conspiradora tambien, doña Josefa Ortiz de Domínguez, fue quien dio aviso que el movimiento que deseaba la Independencia había sido descubierto, y las autoridades virreinales estaban arrestando a los miembros del grupo. Lo que sucedió después no ha sido muy difundido, pero explica cómo es que el cura Hidalgo encabezó el movimiento de la Independencia. Las reuniones de los conjurados se realizaban en la casa del corregidor Domínguez, al saberse descubiertos, él se asustó y encerró en su habitación a la corregidora, para aparentemente protegerla. En el piso de debajo de la casa de los corregidores vivía el director de la cárcel, el alcaide Ignacio Pérez, conspirador asimismo. Ambos personajes habían arreglado que, si algún día surgía una emergencia, doña Josefa daría tres taconazos en el techo del cuarto del Alcaide, para advertirle que habían sido descubiertos. Esta acción es pieza clave para el inicio de la lucha de la Independencia de México. Al recibir el oportuno mensaje, Ignacio Pérez debía avisarle al capitán Ignacio Allende de lo sucedido. Para ello cabalgó 65 kilómetros desde Querétaro hasta donde vivía el capitán, en el pueblo de San Miguel, Guanajuato, (ahora rebautizado de Allende, en honor a nuestro héroe). Y en este punto es donde todo empieza a cambiar, ya que Allende no estaba en San Miguel, sino en el pueblo de Dolores, (ahora Dolores Hidalgo), en casa del cura don Miguel Hidalgo y Costilla. Quien le informó sobre esto a Pérez fue el capitán Juan Aldama.. Ignacio Pérez cambió de caballo, y juntos se fueron 42 kilómetros rumbo a Dolores para avisarles a sus compañeros de lo acontecido. El alcaide Ignacio Pérez es un héroe casi desconocido de nuestra historia. Él cabalgó continuamente mas de 100 kilómetros para alertar a Hidalgo y a Allende, quienes, de no haber sido avisados, hubieran sido encarcelados, y por lo tanto el movimiento de lucha insurgente no habría iniciado, por lo menos no cuando y como lo conocemos. Las circunstancias, o coincidencias extraordinarias, para que Hidalgo se convirtiera en el líder de la lucha siguieron acumulándose, ya que, cuando Pérez y Aldama llegaron a avisar al capitán Allende y a Hidalgo, ese domingo 16 de septiembre de 1810, era la fiesta patronal de la Virgen de los Dolores, razón por la cual había mucha gente venida de poblaciones aledañas en Dolores. Según cuentan algunas versiones, el grupo se dirigió a la parroquia del pueblo, donde se tocó la campana ubicada en la torre oriente. La mayoría de los habitantes del pueblo, pensando que se trataba de una emergencia, se reunieron en el atrio. Una vez ahí, Hidalgo les dirigió una arenga en la que los convocó a alzarse en armas contra el Gobierno español, y aunque los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto a las palabras exactas que don Miguel expresó, sí coinciden que le lanzó vivas a la Virgen de Guadalupe (cuya imagen utilizaría después en su estandarte), a lo cual el pueblo respondió fervientemente, posicionándolo entonces como el jefe de la rebelión y comandante de los rebeldes ahí reunidos, ante ello, ni Allende ni Aldama pudieron oponerse, y el Cura Hidalgo entusiasmado aceptó la designación de sus feligreses y del pueblo que lo respaldaba. Decidieron marchar con rumbo a la ciudad de Guanajuato, y en el camino se les unieron más civiles rebeldes y compañeros militares de Allende, formando así el creciente Ejército Insurgente.

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