Nacional
Por JC Mena Suárez
Hace 3 meses
La fiesta terminó, pero la resaca económica apenas comienza. Mientras los reflectores del Mundial 2026 se apagan, Saltillo enfrenta la dura realidad de una derrama que nunca llegó. Hoteles con precios superiores a los 2 mil pesos la noche, restaurantes con costos inflados y aficionados endeudados por boletos y pantallas gigantes dejaron un saldo decepcionante entre los empresarios locales.
La ocupación hotelera durante el Mundial apenas alcanzó 46%, 10 puntos porcentuales por debajo de la registrada el año anterior. La Cámara de Comercio de Saltillo, a través de su presidente Juan Aguirre Valdez, reconoció que las ventas en el comercio local estuvieron en mínimos. Por su parte, los comerciantes del Centro Histórico afirmaron que no tuvieron las ventas esperadas y que su verdadero salvavidas fueron las graduaciones de siempre.
Los restaurantes afiliados a Canirac, encabezados por su presidente Isidoro García Reyes, reportaron ventas por 13 millones de pesos, aunque sin un sistema confiable que respalde estas cifras. Lo más preocupante es que ya se registran cierres de negocios en plazas comerciales como Plaza Patio y Plaza Real.
El riesgo que pocos quieren reconocer es que el corto plazo de euforia masiva generó una peligrosa distorsión de precios. Al anticipar un alud de turistas, muchos subieron tarifas de forma agresiva, lo que terminó ahuyentando tanto al turismo como al consumo local. El resultado fue capacidad ociosa, inventarios sin rotación y familias que ahora batallan para pagar deudas que en algunos casos superan los 60 mil pesos en tarjetas de crédito.
Este golpe se da en un contexto donde el nearshoring impulsa la manufactura en Coahuila, pero el sector servicios sigue mostrando una integración débil y alta dependencia de eventos puntuales. La brecha entre expectativas infladas y la capacidad real de generar derrama económica quedó peligrosamente expuesta.
Saltillo repite un patrón clásico: euforia inicial seguida de un ajuste doloroso. Es momento de que autoridades y empresarios dejen de apostar todo a eventos únicos y construyan una estrategia turística y comercial profesional, con costos controlados y diversificación real.
Porque, como dice la canción, “todo pasó, sólo el recuerdo quedó”. Y en Saltillo, ese recuerdo es el de una belleza que cansó y dejó más deudas que prosperidad.
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