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Coahuila

El factor Jericó

Por Luis Carlos Plata

Hace 4 horas

Faltan ocho meses para la elección de 2027 pero ya todo está más o menos planchado y trapeado de antemano: quienes van a competir saben para qué; los que van a ganar están conscientes, los convocados a perder también, y alrededor del juego decenas de ilusos engordarán la boleta y legitimarán la renovación del poder. Es el folclore de cada proceso electoral en Coahuila.

La carreta todavía no arranca y las calabazas ya están acomodadas en los ocho distritos electorales federales y los 38 ayuntamientos del estado que serán votados en la misma jornada. La única pieza que no encaja, o más bien, puede desacomodar el tablero (con especial influencia en Saltillo, Ramos Arizpe, y los distritos 04 y 08) se llama Jericó Abramo Masso.

Jericó, quien realmente se llama Yericó (debate regional superado hace varios ayeres), es de los pocos políticos profesionales nativos que, con base en su trabajo y trayectoria, se puede considerar por sí mismo un factor. Por definición, alguien que contribuye a un resultado. Decanta. Inclina. Encauza. Al grado que decir en voz alta pertenecer a su grupo cierra puertas o las abre, según conveniencia.

Otros, en cambio, son prescindibles. Adocenados. Estén o no estén, su presencia o ausencia no se nota, ya que su fuerza es menor a la estructura organizacional que los impulsa. No es que la de Jericó sea mayor, sin embargo es el único priista que, desde Morena, podría causar algo más que ruido, morbo y expectativas. No es garantía de victoria, aunque la víspera de cada proceso electoral siempre hay alguien pendiente de dicha coyuntura. Nunca sucede.

A Jericó cada Gobernador en turno (en su papel de censor y gran dedo) lo ha mandado a la Ciudad de México como diputado federal. Todos en su trayectoria: Humberto (2006-2009). Rubén (2015-2018). Miguel (2021-2024). Manolo (2024-2027). Cada sexenio, sin falta.

No ha sido por la vía fácil, la plurinominal, sino ganando elecciones por mayoría, en territorio, como ha conseguido la posición legislativa en esas cuatro ocasiones. Es el candidato más votado, históricamente, en el distrito 04 federal con cabecera en Saltillo. Si en el argot al distrito electoral local 16 se le reconoce como “el de Álvaro Moreira”, el 04 federal es “el de Jericó”.

No hay dudas acerca de su dinamismo e hiperactividad. Tampoco de sus resultados: es más productivo que todos los representantes federales de Morena en la entidad juntos, y en ambas cámaras. Un fuera de serie, en ese sentido.

Ahora bien, una cosa es cierta: los tiempos del transfuguismo a Morena parecen haber quedado lejos en el calendario. Para dimensionar: en la designación anticipada de candidatos a gobernadores de los 17 estados que tendrán elecciones en 2027, formalizada semanas atrás, no hubo ningún priista en activo saltando de bando para ser ungido en la maniobra. Por el contrario, se proyecta que al nombrar abanderados propios con tanto tiempo de anticipación a la jornada electoral, esos ocho meses propicien una implosión y damnificados de las decisiones, al madurar la idea, eventualmente rompan con la 4T y se dividan.

En 2018 y 2021 el fenómeno de las adhesiones al régimen en ciernes alcanzó su clímax. Entonces el descrédito todavía no les alcanzaba y eran un movimiento que gozaba de simpatías con el resentimiento social como combustible, o por lo menos aún se procuraba el beneficio de la duda. En 2022 y 2024 los últimos en sumarse subieron a un barco que hoy hace aguas en la opinión pública.

Con Sheinbaum en la Presidencia prácticamente no ha habido “chapulines”. O no de tamaño considerable, por lo menos. Nadie los recluta ni ofrece algo a cambio de la conversión. Su política es otra.

 

 

 

Cortita y al pie

Se ha escrito antes aquí: Coahuila es el ecosistema por excelencia de la normalidad institucional. De políticos profesionales que guardan las formas y se saludan delante de las cámaras 15 veces a la semana, en promedio, con su respectiva fotografía para inmortalizar el momento.

En ese rol donde participan los tres poderes del estado y en general cualquier ente público que reciba presupuesto, nadie pierde los papeles ni es presa de la ansiedad. Todo mundo desempeña un papel, o simula hacerlo, aportando su colaboración individual a una coreografía grupal cuasi perfecta que sirve para mantener el status quo.

En la entidad abundan los eventos políticos controlados a propósito de cualquier cosa, con idéntico esqueleto: estrados para las autoridades, filas de sillas para los asistentes, y un corralito para los medios de comunicación, como caja de resonancia. La parafernalia se representa en el acomodo estratégico de los convocados, de acuerdo a la jerarquía, interés, o los mensajes que se quieran enviar al auditorio en ese momento. Fuera de ahí no existe posibilidad para incursionar en la agenda pública.

Hay ceremonias cada día en todas las regiones del estado, y lonas informativas para identificarlas que se imprimen del diario a la velocidad de la luz. La difusión reiterativa y machacona de los temas es una actividad anodina constante. Esa fórmula del adormilamiento pasivo de la sociedad funciona desde tiempos inmemoriales y se aparta de Nuevo León, por ejemplo, pese a su cercanía territorial.

 

 

 

La última y nos vamos

Por ello preguntarse qué va a hacer Jericó es una de nuestras más fieles tradiciones locales, la víspera de cada nuevo proceso electoral, entre la clase política de Coahuila.

En ese sentido arribamos a la semana decisiva; aquella de las definiciones. Por un lado, el domingo finaliza la inscripción de aspirantes a coordinadores de blá blá blá (candidatos de Morena a las presidencias municipales, pues); por el otro, habrá una edición más recargada de Rodeo Saltillo, o el evento más Manolo del año; un tributo al Gobernador donde lo último que se pretende, entre su círculo cercano, es hacerlo enfadar por algo que pudo ser arreglado con tiempo.

Y finalmente, Jericó cumplirá 51 años de edad.

Si la crisis de los cuarenta motiva a tomar decisiones arrebatadas y fuera de lo habitual, el calambre de los cincuentas no se queda muy atrás.

Para su causa entonces es eso, o, como decía Joseph Schumpeter, el economista austriaco: lo más importante no es el grado de competencia, sino asegurar los incentivos y las capacidades para competir en el futuro.

 

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