Martín Lutero decía que la oración no es para cambiar los planes de Dios, es para confiar y descansar en su voluntad. Pero, ¿cómo puedo confiar en Dios ante la incertidumbre o esa dificultad que hoy se me presenta? Y es que desde mi historia personal considero que es muy fácil decir que confiamos en Dios, pero muy difícil hacerlo con un abandono real del corazón en los momentos más difíciles. Y dentro de nuestra parte humana, es normal y natural que nos surjan inquietudes, miedos, cuestionamientos y mucho dolor.
¿Dios, para qué me pides esto? ¿Cuál es tu plan para mi vida?
¿Qué deseas lograr en mí o en mis seres queridos con esto que permites que viva?
¿Cómo puedo ver tu presencia, o entender tu plan, si sólo hay dolor?
¿Por qué permites el mal ante alguien lleno de bondad?
Y no siempre encontramos ni encontraremos las respuestas como queremos encontrarlas, porque a los ojos humanos posiblemente no las hay. Pero es real que Dios encuentra el modo de hacernos sentir su presencia durante la prueba, de acompañarnos, de sostenernos. En las verdaderas pruebas de fe, Dios no te pide que entiendas todo, pero sí que confíes en Él.
La clave durante la prueba es no perder de vista que Dios está trabajando en nosotros. Dios está actuando en nosotros. Dios nos está puliendo como esa piedra preciosa que nos soñó desde que nacimos, desea con pinceladas convertirnos en esa persona; muy probablemente más humanos, más humildes, más sencillos, más alegres, más agradecidos… ¿Por qué cosa estoy pasando que no logro entender? ¿Qué quiere Dios de mí en esto? Y al pensar en ello, me recuerda esta fábula maravillosa que me llena de confianza de que, aunque parezca que Dios no está actuando, algo está haciendo en mí.
Un día decidí darme por vencido… renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi espiritualidad… quería renunciar a mi vida.
Fui al bosque para tener una última charla con Dios.
“Dios”, le dije. “¿Podrías darme una buena razón para no darme por vencido?”.
Su respuesta me sorprendió… “Mira a tu alrededor”, Él dijo. “¿Ves el helecho y el bambú?”. “Sí”, respondí.
“Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz. Les di agua. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú.
“En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante. Y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú”, dijo Él.
“En el tercer año, aún nada brotó de la semilla del bambú. Pero no renuncié”, me dijo.
“En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú.
“No renuncié”, dijo.
“Luego en el quinto año un pequeño brote salió de la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante. Pero sólo 6 meses después el bambú creció a más de 100 pies de altura. Se la había pasado cinco años echando raíces.
“Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.
“No le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar”, Él me dijo. “¿Sabías, mi niño, que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces?”.
“No renunciaría al bambú. Nunca renunciaría a ti. No te compares con otros”, me dijo. “El bambú tenía un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos eran necesarios y hacían del bosque un lugar hermoso”.
“Tu tiempo vendrá”, Dios me dijo. “¡Crecerás muy alto!”.
“¿Qué tan alto debo crecer?”, pregunté.
“¿Qué tan alto crecerá el bambú?”, me preguntó en respuesta.
“¿Tan alto como pueda?”,indagué.
“Sí”, Él dijo. “Dame Gloria al crecer tan alto como puedas”.
Espero que estas palabras puedan ayudarte a entender que Dios nunca renunciará a ti.
Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan la felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida. Continúa…
La felicidad te mantiene dulce,
Los intentos te mantienen fuerte,
Las penas te mantienen humano,
Las caídas te mantienen humilde,
El éxito te mantiene brillante,
pero sólo Dios te mantiene caminando…
Robert Rogers decía: “Confiar en Dios no disminuyó ni venció la angustia, pero me permitió soportarla”. Dios está trabajando en nosotros, siempre. Aunque a veces no entendamos el por qué, Dios tiene un propósito de todo esto en ti y en los que te rodean. Estoy segura que hay cosas que nosotros podemos cambiar y solucionar, y hay cosas que sólo Dios puede solucionar y cambiar. Estoy segura que Dios está echando raíces en ti en eso que hoy te toca atravesar. Estoy segura que cuando ante la prueba nos ponemos en sus manos y buscamos confiar, estamos creciendo alto y haciendo lo que nos toca.
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