Coahuila
Hace 2 meses
En la vasta biblioteca de la ley, donde los rostros de los justiciables suelen desvanecerse entre sellos y folios, la ministra Yasmín Esquivel Mossa ha publicado una obra que reclama nuestra humanidad: “Mamá, en tu ausencia, ¿quién por mí?”. La obra expone una herida abierta en el tejido nacional: la orfandad derivada del feminicidio, donde la pérdida de la madre no es sólo una ausencia emocional, sino un vacío legal que deja al niño a la deriva. Ante esta realidad, la ministra propone tres pilares fundamentales para transformar la justicia en un refugio para la infancia:
En primer lugar, la creación del Registro Nacional de Niñas, Niños y Adolescentes (NNA) en Situación de Orfandad por Feminicidio. Este instrumento busca resolver la invisibilidad estadística actual, sirviendo como una base de datos obligatoria para que el Estado identifique con precisión a cada menor que pierde a su cuidadora principal, convirtiendo la tragedia en un mapa de atención urgente.
En segundo lugar, se impulsa una reforma obligatoria a los códigos penales estatales. Esta medida es un imperativo ético: legislar para que los menores sean reconocidos de manera automática como víctimas indirectas desde el inicio de la investigación. Esta propuesta busca erradicar las trabas burocráticas y las brechas procedimentales que hoy retrasan las medidas precautorias, permitiendo que la protección sea inmediata y no un proceso burocrático que profundice el daño.
Finalmente, la obra plantea un Modelo de Tutela Judicial Reforzada y Protocolos de Seguimiento. La propuesta exige que la labor judicial no se limite a una sentencia penal contra el agresor, sino que evolucione hacia resoluciones enfocadas en la restitución de derechos a largo plazo. Este modelo incluye un esquema de acompañamiento integral que garantiza acceso continuo a servicios financieros, educativos y de salud mental. Con esto, se evita que los menores queden en desamparo institucional una vez que el juicio concluye, asegurando que el Estado mantenga su compromiso de protección mucho después de que se dicte la sentencia.
Las estadísticas que arroja el texto son un llamado a la urgencia. Si por cada 100 mujeres víctimas de este crimen, el impacto alcanza directamente a un promedio de 1.5 a 2 menores, la magnitud del problema es una emergencia de Estado. Si el sistema falla en su acompañamiento post-sentencia, un retraso de 10% en la implementación de apoyos puede traducirse en una vulnerabilidad superior a 90% en la calidad de vida de esos niños.
La enseñanza de la ministra es un llamado a la empatía radical: el derecho debe humanizarse hasta que la norma proteja con la misma calidez que la madre que ha sido arrebatada. La propuesta final es clara: cuando un niño pregunte en el silencio de su nueva realidad “¿quién por mí?”, el Estado debe estar presente con una respuesta financiera, educativa y emocional que garantice su futuro, porque la justicia, si no es integral, no es justicia.
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