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Coahuila

El manantial  del ‘saltillo’

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 5 años

Uno de los más valiosos tesoros con que cuenta Saltillo, es el milenario manantial que brota de las entrañas de la tierra, en el Ojo de Agua, cuna de la fundación y desde donde se desprende el nombre de la capital del Estado de Coahuila.

En su peregrinar desde el sur, los colonizadores españoles y portugueses, fue el primer manantial que encontraron y ahí mojaron sus cansados y sudorosos pies, tomaron agua y dieron de beber a los caballos y comenzaron a llamarle el “saltillo del  ojo agua” a la pequeña cascada que brotaba de la boca del ojito, hacia el arroyo de La Tórtola.

A uno de los europeos se le ocurrió clamar “¡Por fin Dios mío, se nos hizo el saltillo!” A Alberto Do Canto y Diez Viera, uno de los fundadores y primer alcalde de la ciudad, se debe el nombre original de esta ciudad: Villa de Santiago del Saltillo.

Esta agua fue la única fuente de abastecimiento de la ciudad durante los primeros 325 años, aunque su origen lógicamente es anterior a la historia de Saltillo. Y el ojito sigue fluyendo.
El ojo de agua ha sobrevivido desde las épocas de la Conquista y la Colonia hasta nuestros días sin perder su flujo, de ahí que las personas de la ciudad le asignaran un sentido milagroso. Este brote natural de agua no se ha secado nunca y consta en la tradición oral de varias generaciones que no ha menguado la producción de agua que llegó a abastecer la parte baja de Saltillo desde que fue descubierta entre los manantiales que caracterizaban al terreno que encontraron los primeros fundadores.

La leyenda

En 1840 se construyó la pequeña ermita, que conserva el agua del “Ojito” como dicen los pobladores del barrio a su manantial y en una de cuyas paredes fue pintada la imagen de Cristo crucificado.

En un tiempo el agua se filtraba visiblemente en la pared y fluían pequeños hilos que caían sobre el rostro de Jesucristo, que parecía que sudaba. El pueblo pensó que se trataba de un milagro, inclusive vinieron personas de muchos lugares a percatarse del fenómeno.

Gracias a esto y a la ferviente fe, tanto de Saltillo como de otros lugares, se incrementó el interés por el Santo Cristo del Ojo de Agua, y se empezaron a organizar fiestas en la ermita, ya que todo lo demás era loma.

Se acostumbraba, a las cinco de la mañana que el ejército disparara varios cañonazos. Había celebraciones religiosas durante todo el día. A las 17 horas se presentaba la orquesta de la ciudad. En fin, todo era alegría y devoción. A principios de siglo pasado  se decidió construir un templo encima del manantial, la actual parroquia del  Santo Cristo del Ojo de Agua.

Los vecinos decidieron hacer una colecta, primero para la construcción del templo y luego para un puente que permitiera el acceso peatonal sobre el arroyo de La Tórtola.

En la década de los años 30  se hizo una nueva colecta, donde aportaron importantes cantidades personajes de Saltillo, no solo de la barriada, para construir las gradas que conducen a lo alto de la pequeña montaña donde ubica la Iglesia del Santo Cristo del Ojo de Agua.

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