Nacional
Por JC Mena Suárez
Hace 2 meses
El fenómeno que se origina en el Pacífico ecuatorial puede alterar lluvias, temperaturas, agricultura, energía y cadenas de suministro. Los dos grandes episodios de 1982-83 y 1997-98 dejaron pérdidas globales estimadas en 4.1 y 5.7 billones de dólares, respectivamente. México, y en particular Coahuila, debe mirar al agua como la variable económica crítica
El Océano Pacífico está enviando una señal que la economía no debería ignorar. El Niño 2026 se está fortaleciendo y la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration, de EU) estima una probabilidad superior a 90% de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño-invierno 2026-2027; incluso calcula una probabilidad de 69% de que el episodio alcance niveles históricos, superiores a los registrados desde 1950.
El fenómeno se origina en el Pacífico ecuatorial cuando se altera la interacción entre el océano y la atmósfera: se debilitan los vientos alisios (corrientes de aire constantes que soplan en la zona tropical de la Tierra, desde las regiones subtropicales de alta presión hacia el ecuador), el agua cálida se desplaza hacia el centro y el oriente del Pacífico y disminuye el afloramiento de agua fría frente a Sudamérica. Esa alteración redistribuye calor y humedad y modifica patrones climáticos a miles de kilómetros de distancia. La llamada retroalimentación de Bjerknes ayuda a amplificar el calentamiento, aunque la ciencia todavía no identifica una causa única que determine cuándo comienza cada episodio.
Hay, además, una precisión indispensable: “Súper El Niño” no es una categoría oficial de la Organización Meteorológica Mundial. La OMM clasifica los episodios como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes.
El verdadero costo está después del clima
La experiencia histórica obliga a tomar en serio el riesgo. Un estudio publicado en Science estimó que los episodios de 1982-83 y 1997-98 provocaron pérdidas de ingreso global de 4.1 y 5.7 billones de dólares, respectivamente, acumuladas durante los cinco años posteriores. El hallazgo central es más relevante que la cifra: el impacto económico no desaparece cuando termina El Niño, puede prolongarse durante años.
Otro estudio publicado en Nature Communications estimó pérdidas acumuladas de 1.3 billones de dólares para 1982-83 y 2.1 billones para 1997-98 durante el año del episodio y los tres siguientes. La diferencia metodológica entre ambos estudios no invalida la conclusión: los grandes El Niño tienen costos macroeconómicos que superan ampliamente los daños físicos inmediatos.
El mecanismo económico es conocido: sequías o inundaciones reducen cosechas, alteran precios de alimentos, afectan pesca, dañan infraestructura, interrumpen transporte y pueden reducir la generación hidroeléctrica. El choque termina trasladándose a inflación, productividad, inversión y crecimiento.
México: el riesgo está en la agricultura y el agua
México no recibe un impacto uniforme. El Banco de México, con información climática de 1980 a 2024, encontró que durante El Niño la precipitación tiende a ser menor en primavera y verano y mayor en otoño e invierno respecto de la fase neutral. También identifica efectos regionales distintos y advierte que estos cambios pueden derivar en sequías con consecuencias particularmente relevantes para el sector agropecuario.
La implicación económica es directa: una menor producción agrícola puede elevar precios de alimentos, aumentar importaciones y reducir el ingreso de productores. El efecto puede multiplicarse si el fenómeno afecta simultáneamente a otros grandes productores internacionales.
Coahuila: el problema económico se llama agua
Para Coahuila, el asunto debe analizarse desde una perspectiva distinta. El estado pertenece a la región norte que utiliza Banxico en su análisis, por lo que los resultados regionales no deben presentarse como un pronóstico exclusivo para Coahuila. Pero sí permiten identificar la variable estratégica: agua.
En una entidad donde convergen agricultura, ganadería, industria manufacturera y ciudades con disponibilidad hídrica limitada, una alteración prolongada de las precipitaciones puede convertirse en un factor de costos y competitividad.
La lección económica de los grandes El Niño es clara: esperar a que llegue la sequía para reaccionar es mucho más caro que prepararse cuando el océano ya está dando la señal. La NOAA y la OMM ya anticipan un episodio muy fuerte; México debería utilizar esa ventana de previsión para ajustar agua, agricultura, energía e infraestructura.
El Niño no puede evitarse. Sus costos sí pueden reducirse. Para Coahuila, la primera decisión económica debería ser tratar el agua como infraestructura estratégica, no como una variable secundaria del clima.
Notas Relacionadas
Hace 11 minutos
Hace 33 minutos
Hace 57 minutos
Más sobre esta sección Más en Nacional