La Odisea es una historia de amor, nostalgia y retornos. O al menos para mí eso significa. He estado enamorada de Ulises casi desde que empecé a interesarme en la literatura. Un hombre que me hizo creer que cualquier obstáculo podría resolverse con creatividad, astucia y un poco de suerte. Por supuesto tenía que unirme a la histeria colectiva y lanzarme al cine a ver qué me encontraba en esta nueva versión hollywoodense.
No podría decir que me gustó del todo, pero tan poco fue tan mala. Justo lo que se podría esperar de una película de Nolan. Al menos ha puesto sobre la mesa conversaciones sobre la mitología griega, la fidelidad de las adaptaciones y seguir redescubriendo las diferentes traducciones e interpretaciones, como la de Emily Wilson.
Yo amo coleccionar versiones de la Odisea, en mi época de estudiante encontré un ejemplar hermoso en la Infoteca central de UAdeC y bromeaba con mis amigos sobre sustraerlo del acervo y llevármelo a mi casa. Obviamente eso no sucedió, ni recomendamos hacerlo. Hay que fomentar los buenos valores y los principios de libertad y de justicia que hacen de nuestra patria la nación independiente… bueno, volvamos al tema.
En aquel lejano 2013 ingresé a ingeniería civil, la facultad se encontraba en Camporredondo, y yo solía pasar mis horas libres en un cubículo de la Infoteca, donde a veces avanzaba mis tareas escolares, entrenaba para la universiada nacional o simplemente me dedicaba a leer alguno de los múltiples títulos disponibles.
Pero de eso hace tanto tiempo. Ocho años desde que me gradué. El pasado junio volví a la Infoteca Central de Camporredondo. Por supuesto: a jugar un torneo de ajedrez, organizado por la Universidad Autónoma de Coahuila y el Saltillo Chess Club. Regresé con la misma ilusión que Odiseo a Ítaca, al que fuera uno de los lugares fundamentales en mi formación académica.
La nostalgia se convirtió en decepción. Lo que encontré fue un sitio descuidado y casi podría decir que deprimente. Aspecto sucio, plafones sueltos, el baño con la cerámica a punto de colapsar, y un largo etcétera de pequeños desperfectos signo del tiempo que va haciendo estragos. ¿Es que soy una desubicada por aferrarme al pasado?
Como Odiseo encontrándose con Argos en su último aliento. Nada de lo que amé entonces existe ahora. La Facultad de Ingeniería ya ni siquiera está en ese campus, la UAdeC ya no compite en la universidada y probablemente los estudiantes de hoy en día ni siquiera consulten libros o revistas científicas, pues ya casi todos dependen de la Inteligencia Artificial. La Infoteca Central era mucho más que una biblioteca, hoy es mucho menos que un recuerdo.
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