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¡El país se derrumba y AMLO quita descansos!

Por Ricardo Alemán

Hace 6 años

Aquí lo hemos dicho por meses, en realidad, desde que arrancó el Gobierno de López Obrador.

Hemos dicho, por ejemplo, que la de AMLO es la gestión presidencial de la mayor estulticia imaginable.

La estulticia, como saben, es un adjetivo calificativo femenino que define conductas humanas como la ignorancia, la necedad, la imbecilidad, la estupidez, la insensatez, la tontería y, sobre todo, la conducta idiota.

Y es tal la importancia del papel de la estulticia en la historia de la humanidad -en la historia de sus gobiernos y sus gobernantes-, que algunos clásicos de la conducta, como Erasmo de Rotterdam, le dedicaron memorables títulos (Elogio de la Locura, escribió poco después del 1500).

Sin embargo, hoy es imposible imaginar una lucha político-electoral sin los formidables ingredientes de la estulticia en la política.

¿No son cínicos, necios, ignorantes, imbéciles, insensatos, e idiotas buena parte de los políticos y los aspirantes a puestos de elección popular?

¿No son estultos los políticos de todos los partidos y las formaciones ideológicas?

Más aún… ¿quién, en su sano juicio, votaría por un gobernante estulto y por un gobierno de estultos?

Lo cierto es que, en los hechos, los ciudadanos de México y de todas las democracias modernas del mundo saben que los políticos los engañan y les mienten.

Y, aun así, votan a favor de los mentirosos y los engañadores, como Obrador en México y como Trump en Estados Unidos.

Y es que en todas las democracias -en todo el mundo-, los ciudadanos gustan del sueño de lo imposible; sueñan con lograr -a través de ideales-, que solo los políticos estultos y gobernantes picados por la estulticia y la mentira pueden hacer realidad sus sueños.

Y viene a cuento la definición, porque resulta increíble que mientras que México vive una de las peores crisis económicas en décadas -de cero crecimiento y hasta recesión, en 2019, además del riesgo inminente de que se repita ese fracaso en el 2020-, al Presidente mexicano le preocupa que los ciudadanos guarden culto a las conmemoraciones cívicas.

Mientras que crecen de manera escandalosa los feminicidios, las ejecuciones y las cifras totales de muertes violentas en todo el país -hasta llegar a cifras históricas de más de 100 mexicanos muertos por día-, López Obrador está preocupado por acabar con “los fines de semanas largos” porque, según dice, son días de vacación, más que de culto patrio.

Mientras que la industria turística vive uno de los peores momentos en décadas -porque el Presidente le quitó al turismo todas las promociones-, hoy el mismo López Obrador pretende darle el tiro de gracia a esa industria, con la estupidez de quitar los “puentes largos” que eran un respiro vital para los “turisteros”.

Mientras que el propio Miguel Torruco, hoy titular de la Secretaría de Turismo en el Gobierno de AMLO, fue uno de los principales impulsores de la segmentación de los “puentes” para favorecer a la industria del turismo, el presidente Obrador reniega del turismo mexicano de fin de semana, de “puentes” y parece dispuesto a destruir una de las industrias que mayor cantidad de divisas traen a México.

Mientras que la pandemia del “coronavirus” tiró la economía china y de buena parte de Asia; mientras que en México a nadie parece importarle las medidas emergentes básicas para evitar la propagación del mortal virus, al presidente López solo le importa el culto a su figura; el culto a los símbolos patrios, a las fechas históricas y a los emblemas de esa peste llamada Cuarta Transformación.

Mientras que muchos mexicanos se avergüenzan del papel del estulto Presidente mexicano frente al sátrapa Trump, López Obrador se inclina y se muestra como lo que siempre ha sido: un sirviente frente al imperio del norte.

Al final, mientras México se derrumba, Obrador se preocupa por ganar el premio de ser el Presidente más estulto de la historia de México.

¿Lo dudan? La realidad lo confirma todos los días.

Al tiempo.

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