Saltillo

Publicado el domingo, 22 de febrero del 2026 a las 13:30
Saltillpo, Coah.- El pecado y las tentaciones traen perversión y muerte y el primer domingo de Cuaresma, nos recuerda que Jesús fue tentado por el demonio para dudar de su identidad de Hijo de Dios y aprendemos de Jesús que lo verdadero de las personas no son sus cualidades ni las potencialidades, sino su condición de hijos de Dios, señaló el Obispo Hilario González García.
“ Y es que la virtud de una persona se consolida en medio de las tentaciones y la esperanza en Dios crece con fuerza en medio de las adversidades. Si en verdad somos hijos de Dios, lo sentimos y lo asumimos con ánimo decidido, aunque el entorno nos parezca inhóspito y el enemigo nos seduzca con promesas de divinización al margen del Señor”.
En la espiritualidad cristiana, el desierto es el lugar de la prueba de fe, donde las tentaciones salen a relucir cuando se experimenta una necesidad y también es el espacio de purificación de las intenciones del corazón, y donde la esperanza puede mantenerse viva porque ahí el Señor sale al encuentro para que no nos demos por vencidos.
“ El desierto también es el hábitat de las fieras y de los demonios, que amenazan la vida y pervierten a la persona, pero también es ocasión para enamorarse más de Dios, superando las pruebas. El relato del Génesis nos recuerda que el enemigo, bajo la forma de serpiente, que habita ordinariamente en el desierto, pero se ha colado en el jardín de dios para tentar al ser humano, seduce con medias verdades”.
Estas medias verdades se relacionan con las aspiraciones de grandeza del ser humano. Por eso se les dijo a Adán y Eva: se les abrirán los ojos y serán como Dios.
“ Y ahí está la trampa. Es cierto, anhelamos, nos apetece saber todo y poder todo como Dios, pero la propuesta del enemigo es al margen de Dios, incluso en competencia con Dios. La verdad es que estamos llamados a ser hijos del Señor, a conocerlo y amarlo, y unidos a El, tener el saber y el poder de vivir participando de su vida”.
Sin embargo, al abrir los ojos nos damos cuenta de que somos precarios, limitados y frágiles, nos frustramos y buscamos cubrir nuestra vergüenza.
“ El pecado en sí, nos aparta de Dios y nos encierra en nuestra indignidad, perdemos la fe, nos desanima, perdemos la esperanza y nos enoja, perdemos la caridad. Jesús nos enseña a no dudar de que en verdad somos hijos de Dios, que en El tenemos el pan de vida que nos nutre, que unidos a El, estamos en manos de Dios”.
Señaló la necesidad de dejarnos conducir por el Espíritu Santo, para superar en la aridez de nuestra vida las tentaciones de renunciar o renegar de nuestra condición de hijos de Dios.
Más sobre esta sección Más en Saltillo
Hace 3 horas
Hace 3 horas
Hace 4 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 7 horas
Hace 12 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 14 horas