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Coahuila

El peso de la felicidad

Por Irene Spigno

Hace 3 meses

Querida persona lectora: ¿sabes cuánto pesa la felicidad?

Probablemente no. Pero no estás sola. Nadie lo sabe, porque la felicidad, a pesar de su gran importancia para cada una de nosotras y nosotros, no es algo que se pueda poner en una balanza.

Sin embargo, la felicidad sí tiene un peso muy relevante en la vida de cada persona. Evidentemente se trata de un peso en sentido metafórico y no físico, una métrica invisible que, consciente o inconscientemente, impulsa la gran mayoría de nuestras decisiones, todas orientadas, desde las más pequeñas hasta las más importantes, a la búsqueda del tesoro más importante: la felicidad.

Y si entonces la felicidad es un tesoro, debe de pesar mucho. Como nos enseñan la historia y las leyendas, los tesoros se valoran por la densidad de los materiales preciosos que los componen y por su valor intrínseco.

Cuando pensamos en un tesoro visualizamos muy probablemente un cofre lleno de oro, diamantes y otras piedras preciosas, o joyas, todos objetos que destacan por su peso físico concentrado.

Tal vez no todas las personas buscan la felicidad en un tesoro material. Algunas la encuentran en cosas más pequeñas, pero no por ello menos importantes. En estos casos, el peso de la felicidad se vuelve tangible, anclándose en nuestra realidad cotidiana.

Por ejemplo, el peso de la felicidad puede coincidir con el peso cálido de nuestra mascota, con la medición precisa de los ingredientes de nuestro platillo favorito o en la pelota del juego que amamos.

Estos anclajes físicos se complementan con la ciencia: el peso de la felicidad también se mide a escala molecular. Por ejemplo, cada momento de euforia o de satisfacción, ya sea al hacer alguna actividad física o al compartir tiempo de calidad con nuestros seres queridos, se puede medir en densidad bioquímicas de los neurotransmisores u hormonas que inundan nuestro cuerpo.

Sin embargo, y tras reconocer la magnitud y peso de la felicidad como propósito vital, para mí, la felicidad en su forma más pura y duradera no pesa nada. Para mí la felicidad se siente increíblemente ligera.

Esta felicidad se llama paz interior, y su levedad se debe al abandono de cargas innecesarias como pueden ser la ambición constante y las expectativas ajenas o propias.

En esencia, el verdadero peso de la felicidad es la liberación que experimentamos cuando dejamos ir pesos como el estrés, la preocupación, la angustia, el miedo al futuro o el resentimiento del pasado.

Ya lo decían los filósofos griegos: desde la tranquilidad estoica (ataraxia) hasta la serenidad epicúrea (aponía), comprendieron que la felicidad no es la suma de placeres, sino que el resultado de restar dolor y perturbación.

Personas, situaciones, actividades, proyectos, sueños que solamente al estar con ellos, o compartir tiempo y espacio nos hacen sentir así: ligeras.

Esa ligereza no es trivial, es felicidad pura: es el indicio que soltamos todos aquellos lastres que nos impedían flotar en el perfecto equilibrio d

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