Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Patrick Stewart e Ian McKellen: El ‘bromance’ que conquistó Hollywood España busca respuestas sobre segunda grave tragedia ferroviaria de este 2026 Exfiscal Guillermo Zuany, coacusado por operativo con la CIA en Chihuahua, frena orden de captura Muere vocalista de El Bronco y su Banda tras incendio en fábrica de solventes Madre asegura que su hijo perdió un riñón tras golpiza afuera de una escuela en Tamaulipas

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

El poder de las palabras

Por María José César

Hace 4 años

“Palabras que faltan; palabras que sobran; palabras que hieren; palabras que sanan… ¿Tenemos conciencia del poder de nuestras palabras?

 

Este tema es una reflexión constante en mi vida.

Conforme pasa el tiempo, me gusta indagar en cómo es mi comportamiento, mis actitudes constantes y en qué persona me quiero convertir. Y es que el vivir se convierte en atravesar experiencias que te orillan a ser una mejor versión o una peor versión de ti. Crecemos y vamos cambiando, no necesariamente para bien.

 

Estamos en el hacer, en el activismo, en el logro.

Pero… ¿Qué tanto nos detenemos a pensar qué damos cómo personas esas 24 horas del día? Habrá que felicitarnos por los gestos genuinos y desinteresados, pero… ¿Cómo está tu forma de expresarte hacia otros o hablar respecto a los demás?

 

Hace unos días hablaba con una persona que se expresaba de una forma terrible de alguien más. Y le dije… ¿Te estás escuchando?

No tenemos tiempo para mirar a los demás con amor y compasión pero, si tenemos el tiempo suficiente para criticarlo, hablar desde la soberbia o desde el ego, y resaltar eso que nos parece equivocado, mal o desagradable.

 

No sólo mis palabras nutren o destruyen, también lo hacen mis actos.

Es fácil y cómodo querer tapar, no poner atención, olvidarnos o querer olvidar de ese gesto que destruyó a alguien. Todo lo que sale de nosotros descubre lo que hay adentro. Es una tendencia natural del ser humano ser egoístas y soberbios; y de estas se derivan actitudes que corroen el alma. Y el problema no está en que éstas surjan, el problema radica cuando permitimos que éstas se conviertan en un vicio que nos domine a diario.

 

Louise Hay decía que cada cosa que pensamos está dándole forma a nuestro futuro. Y es que pocas veces somos conscientes del poder tan grande de nuestros pensamientos y muchas veces de nuestras palabras. Detenernos a examinar cómo pensamos, qué hablamos, qué decimos, qué afirmamos y en qué tono lo hacemos, es el primer paso para identificar cómo me trato y cómo trato a los demás.

 

Vero Marcos, una prima muy querida y terapeuta, me compartió hace un tiempo un pensamiento maravilloso de Lorena Villarreal, de Escuela del Amor:

“Vigilar mi palabra debe ser uno de mis propósitos si quiero convertirme en un ser de amor. A través de nuestro verbo es cómo más nos equivocamos.

Hablamos con mucha facilidad sin pensar lo que vamos a decir.

Mi palabra puede ser un arma muy destructiva, o puede ser una herramienta maravillosa. Cómo la uso depende de mí.

Si lo que vas a decir va a dañar a alguien, no lo digas. Es mucho más amoroso el silencio. Que tu palabra traiga siempre un mensaje de amor, de mejoramiento, de apoyo para quien lo recibe. Sólo di lo bueno que veas en los demás.

No es nada agradable estar con alguien que solo se está quejando. Que critica a los demás constantemente y que es agresiva.

A las personas así, tarde que temprano las empezamos a evitar y se van quedando solas.

Vigila tu palabra. Que cuando digas algo sea para resaltar las virtudes de los demás. Que sea para dar un aliento de esperanza a alguien.

Mantente en silencio cuando sea adecuado, pero ilumina tu entorno cuando decidas hablar.”

 

Todos tenemos el derecho de hablar de nuestras opiniones, de diferir de otros y de expresarlas. Pero a veces no somos conscientes de lo que sale de nuestra boca, en ocasiones despotricamos porque algo nos molesta o nos parece insensato. Y es que hablar mal de otros también se vuelve una adicción, porque es más fácil ver los problemas de otros que mirar los propios.

Escúchate para saber cómo estás. ¿Con quién estas enojado y por eso respondes con enojo y molestia? ¿En qué estas frustrado? ¿Eso que no es algo mío porqué me parece tan ilógico? Recuerda que nadie está en tu contra, esa historia te la has creado tu. Deja de juzgar a esa persona que te molesta tanto, que toleras poco, y examínate porque te es tan difícil aceptarla tal cual es. Juzgar a una persona no la define a ella, te define a ti.

 

Miguel Núñez decía, “Dios escucha las palabras y las intenciones detrás de ellas.” Reflexiona ¿Cuáles son tus intenciones? ¿Hablar por hablar? ¿Confirmar que tú eres mejor? Recuerda que puedes destruir la imagen de una persona y al mismo tiempo, te destruyes a ti mismo.

 

Detente, escúchate, reflexiona tus actitudes y lo que vibras. Si vibras amor y agradecimiento, vibrarás eso hacia los demás. Si vibras enojo y frustración, tu perspectiva estará llena de eso. Interioriza, ve de adentro hacia fuera. Sólo así podrás mirar, aceptar, reconocer, perdonar, liberar, soltar y purificarte.

Mirando hacia adentro hacemos consciencia y de manera natural, todo cambia.

 

Notas Relacionadas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 4 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 4 horas

Contratará IMSS a 150 médicos especialistas para Coahuila

Hace 10 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 4 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 4 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 11 horas

Confirmado y amarrado