El primero de diciembre entrará en funciones el nuevo Gobierno estatal que dirigirá los destinos de nuestras familias, por lo menos para los próximos seis años; deseamos que sea un tiempo de prosperidad y bienestar para todas las familias de Coahuila. Y a propósito de gobiernos, podemos ver que desde tiempos remotos, han existido distintos pensadores y filósofos que han estudiado y discutido largamente acerca de cuáles son las distintas formas en que un pueblo puede o debe ser gobernado y cuál de ellas pudiera ser la mejor. Uno de los pensadores más reconocidos fue un filósofo griego llamado Aristóteles, nacido en el año 384 antes de Cristo. Para él existen principalmente tres formas de gobierno: 1) La monarquía, que se presenta cuando una sola persona detenta el poder político; 2) La aristocracia, cuando un pequeño grupo de personas tienen el poder político; y 3) Lo que él llamó la politeia, que existe cuando la mayoría de las personas ejercen el poder político, de ahí, en cierta forma, se derivó lo que hoy muchos conocemos como democracia.
Sin ánimo de ahondar, podemos comentar que la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos establecen en los artículos 39º y 40º que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo y que todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste, teniendo en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar su propia forma de gobierno; además establece que es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa y democrática, entre otros atributos adicionales.
La palabra democracia proviene del griego “demos” que significa pueblo y “kratos” que se refiere al poder; por ende, para muchos, la democracia se define como el poder del pueblo para auto gobernarse.
Bajo estas premisas, supondríamos (tal vez ingenuamente) que la voluntad del pueblo se erigiría en un mandato sobre el cuál sus gobernantes se ajustarían en sus quehaceres. para que sus mandantes, (es decir el pueblo) lograra ver hechos realidad sus sueños, sus deseos y sus anhelos; sin embargo, la realidad dista en mucho de ello, pues la historia constante nos revela las permanentes desilusiones que los ciudadanos nos llevamos cada vez que inicia un Gobierno y mayormente cada que termina el mismo.
La democracia es para muchos la mejor manera de que un pueblo pueda ser gobernado, y pareciera ser algo más o menos aceptable, sin embargo, para que esto sucediera con éxito se ocuparía agregar un elemento más a la ecuación: que las decisiones mayoritarias se tomaran por ciudadanos pensantes, informados y lo suficientemente preparados para analizar seriamente cada asunto que se nos pone en consideración, pues es el solo hecho de que la mayoría de las personas se ponga de acuerdo en algo no garantiza por sí mismo que la decisión que se tome realmente sea la correcta.
¿Que será mejor en un proceso electoral? ¿votar, no votar o anular el voto? La respuesta será diferente según la forma de pensar de cada persona, sin embargo, al analizar los resultados de los procesos siempre nos llevamos enormes sorpresas.
Por ejemplo, analizando el último proceso electoral en Saltillo, en el año 2021, de un listado nominal de 608 mil personas, al final solo votaron alrededor de 322 mil personas, es decir, apenas el 53% del total de posibles electores; El candidato de la alianza ganadora obtuvo un poco más de 177 mil votos a su favor, es decir, apenas el 29% del total de personas que tenía derecho a votar; Lo anterior significa que el 71% de los ciudadanos no votó por el candidato “ganador” de la contienda, por eso algunos decimos que en México vivimos en una “democracia extraña”, por decir lo menos.
Siguiendo con el análisis del proceso, los números finales nos indican que, del total de ciudadanos que sí acudieron a votar, en el rubro relativo a votos anulados –es decir a ciudadanos que si fueron a las urnas pero que no dieron su voto en favor de ninguno de los candidatos propuestos por los partidos políticos– sumaron un poco más de 7 mil personas, es decir, significó el 1.15% de los ciudadanos que votaron. Tal vez inicialmente pareciera poco significativa esa cantidad, pero en realidad no lo es, sobre todo si tomamos en cuenta que este grupo de ciudadanos que no encontraron agrado con ninguno de los candidatos, es mayor a la cantidad de votos que sacaron 6 partidos políticos (PRD, PT, UDC, MC, PES y RSP) es decir, el grupo denominado “votos nulos” tiene mucho más “fuerza política” en la ciudad de Saltillo que la que tienen seis agrupaciones políticas estatales.
Tomando en cuenta que el 47% de los electores en Saltillo al final no ejercieron su voto, por lo pronto podríamos decir que creemos que el sistema democrático puede funcionar, solo que está dormido; el día que el “partido de los abstencionistas” se decidan a votar, sin duda alguna, acabarán con todo el sistema actual de partidos políticos, los abstencionistas en Saltillo representan alrededor de 286 mil votos, son mucho más que todos los votos obtenidos por el PRI y Morena juntos.
El próximo año 2024 tendremos la renovación de las 38 alcaldías en Coahuila, diputados federales, senadores y Presidente dela República. Este pequeño análisis de los resultados electorales obtenidos en Saltillo, son muy parecidos a lo que frecuentemente sucede en todo el país, salvo sus honrosísimas excepciones.
Si los ciudadanos entendiéramos el poder que representa la población dormida (electoralmente hablando) acudiríamos apasionadamente a las urnas para cambiar el rumbo de nuestras ciudades y acabaríamos con el sistema actual de partidos políticos, que nos ha quedado en mucho a deber. En realidad la culpa no es de ellos, ellos sólo juegan las reglas del juego (establecidas por ellos mismos, por cierto) pero que al final del día queriéndolo o no, nos han dejado a la ciudadanía y en nuestras manos el poder, el gran poder que tenemos para decidir.
Despierta y resplandece, porque escrito está: “muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua; los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad”.
Es tiempo que despierten a los que duermen, despierten y resplandezcan. Que Dios bendiga a todas las familias de Saltillo, de Coahuila y de México.
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