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Coahuila

El precio de una mujer

Por Wendoly Villarreal Villarreal

Hace 1 mes

La historia que voy a compartirles no la escuché, la leí y me hizo pensar en la condición de la mujer, pues la narración era de mujeres mexicanas en el extranjero; dicho esto, resulta que un cierto día, una mexicana del norte del país se encontraba con su marido en los Emiratos Árabes, cuando de pronto, su marido entró a la habitación donde se hospedaban y le dice:

• ¡Toma sólo algo que vamos a salir! – 

Sin más, esta norteña de 30 años, se vio caminando en absoluto silencio por varios kilómetros, únicamente con lo que traía puesto encima, tomada de la mano de su marido, durante varias horas en medio de la noche, a través el desierto árabe; al final de su travesía los esperaban unos camellos que los llevarían a Marruecos, todo transcurrió en silencio.

Así, justo antes de entrar a la ciudad, un pequeño auto en el que se transportaban cestos con ropa sucia de un hotel los esperaba; de nuevo sin darle explicaciones la metieron al fondo de los cestos, camuflada entre las ropas, para llevarla al aeropuerto.

Y por si esto no fuera suficiente, al fin recibió un poco de información, en realidad era una instrucción, no hagas ningún ruido, ¿me escuchas?, es preciso que ni siquiera estornudes.

Cuando el avión donde viajaban volaba ya sobre las aguas del Mediterráneo, ella vio en el rostro de su esposo la pesadez que produce la preocupación de un temor fundado, a lo cual únicamente, él le comentó entre dientes:

 -Aterrizaremos en París, luego inmediatamente transbordaras en vuelo directo a México, ya te van a estar esperando, no quiero que repliques, lo harás sin chistar, – la tomó de los brazos, la miró a los ojos, y le dijo – ¿has entendido? quiero estar seguro, porque en ello te va la vida.

Es aquí cuando recuerdo que el amor lo puede todo, pues creo que cualquier persona sin distinción de género, habría estado aterrorizada ante tales acontecimientos.

Por fin, ella se armó de valor y pidió explicaciones, ¿qué podía ser tan grave, tan secreto, tan peligroso que le ocasionara ese semblante de espanto a su buen esposo?

He aquí la respuesta: Primeramente, deben saber que, el joven era un ingeniero petrolero y se encontraba contratado por un jeque árabe para la instalación de un oleoducto a través del desierto.

Además, curiosamente, ella había notado que durante las noches, su marido discutía con el jeque, pero pensando que sería normal en un proyecto de tal envergadura, no le dio importancia hasta que su esposo empezó a explicarle.

-Mira- le dijo, lo que pasa es que el jeque de marras, se empezó a encaprichar contigo, y me ofrecía a diario un camello más por ti; cuando llegó a ofrecer 14 se enojó, me dijo que ése era un precio jamás ofrecido por una mujer y que si no aceptaba simplemente te robaría.

 A eso se debía todo el alboroto, la secrecía, los vuelos, y haber dejado todas sus pertenencias en el lugar donde se hospedaban; explicándole el esposo que era la forma en la que él pensó que ganarían tiempo antes de que se percataran de su ausencia y podría ponerla a salvo.

La frase que a continuación salió de los labios del valiente mexicano se grabó en mi corazón.

• Tu vales para mí, más de 14 camellos. 

Digno representante del gremio masculino, el ingeniero se merece todo el respeto, pues queda claro que superó, el día menos pensado, una prueba de valentía, de coraje y sobre todo de mucho amor.

Me atreví a escribir sobre esta historia, a pesar de que la anécdota no me ocurrió a mí, tampoco me fue contada, pero me llegó muchísimo, pues, no era la única mujer Coahuilense que había enfrentado una situación parecida.

Comenta el historiador del desierto, mi buen amigo Homero Gómez Valdés, en su libro “La víbora voladora IV” que en un viaje por Egipto a otro desafortunado marido coahuilense le ofrecieron 12 camellos por su esposa saltillense, y eso estimados lectores, es digno de reflexionarse; ¿cómo puede ser posible ponerle precio a una mujer?, atribuirle un valor como si se tratara de un simple objeto que se puede fungir o comerciar.

En mi opinión, ninguna persona sin importar género, raza, religión, color, o lugar del planeta en el que se encuentre, debería considerarse como objeto, ni menospreciarse como un ser sin libre albedrío o voluntad propia.    

Reflexión y conciencia puras, es lo que anhelo despertar en el lector, ejercicios para un mejor futuro, un amor por nuestra realidad, pues damos las cosas que tenemos por hecho, que olvidamos agradecer por la gracia en la que vivimos, no hay que olvidar que en algún lugar del mundo hay una mujer o persona que no tiene las mismas oportunidades y bondades con las que tu amaneciste hoy.

Una recomendación más, lea un poco y disfrútelo, empezando tal vez con estas dos historias que yo comparto de la forma en que las percibí y la reflexión que en mí generaron, pero, que pueden leerlas de su fuente más cercana en el libro señalado, en donde además encontrarás más de una historia interesante.

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