Desafortunadamente, Ozzy Osbourne, líder del legendario conjunto Black Sabbath, apodado “El Príncipe de las Tinieblas”, murió el martes de esta semana a los 76 años. Todo el mundo del rock y del heavy metal está de luto. Hasta la Cámara de Diputados publicó una esquela. Fue el diputado Sergio Gutiérrez Luna, presidente de la Mesa Directiva, quien se hizo responsable de la publicación en X: “Vocalista de Black Sabbath y pionero del ‘heavy metal’. Su legado musical perdura como testimonio de una trayectoria influyente y trascendental. Su legado será inmortal”. Horas antes compartió en su cuenta personal una fotografía al lado de Ozzy: “Esta foto es el tesoro metalero más valioso que tengo. Gracias. Aunque ya no esté, nunca morirá”. Incluso se le rindió en el Congreso un minuto de aplausos. Por su parte, Fernández Noroña, presidente del Senado, se solidarizó con los familiares y amigos del músico británico. También el Gobierno de Puebla publicó en X: “Se fue Ozzy, pero el rock no se calla”. Las críticas no tardaron en estallar en las redes. Muchos internautas reprochaban estas manifestaciones cuyo único objetivo fue distraer del escándalo de Adán Augusto López Hernández, su exsecretario y su Barredora.
Al leer lo anterior me dije que nosotros los mexicanos también tenemos nuestro “Príncipe de las Tinieblas”, allí está y lo vemos constantemente en los medios. Ignoro si canta o toca la guitarra, pero con el tiempo también se ha convertido en un “rockstar”, aunque no amado, sino todo lo contrario, odiado por haber protegido a colaboradores muy cercanos, corruptos y muy sinvergüenzas. Por eso afirmamos que tiene doble moral. Desde hace unos días se han publicado varias fotografías donde aparece totalmente devastado por todo lo que se ha descubierto, mientras ocupaba un puesto muy importante en el equipo del expresidente López Obrador, de quien es muy, muy, pero muy cercano. “Es mi hermano”, ha llegado a afirmar el exmandatario. Claro, nuestro “Príncipe de las Tinieblas”, porque entre ellas se mueve y hace sus chanchullos, se llama Adán Augusto López y, en estos momentos, es parte de uno de los escándalos más sonados que ha tenido su movimiento, Morena. Su excolaborador más cercano, Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad de Tabasco y perteneciente al grupo criminal “La Barredora”, está prófugo. “Adán Augusto López y Hernán Bermúdez se conocen, por lo menos, desde hace 33 años, cuando ambos militaban en el PRI, participaron en el Gobierno estatal y formaban parte del grupo político encabezado por Roberto Madrazo” (Reforma).
En la sesión de ayer de la Comisión Permanente del Congreso, la bancada de Morena lo arropó y descartó castigo sin pruebas contra Adán Augusto; no obstante, el senador está pe-tri-fi-ca-do, tal cual sale en las más recientes fotografías de la prensa, porque es cierto que no hay peor cruda moral que la de un político descubierto en actos de corrupción, como es su caso. Qué diferencia de cómo salía fotografiado al lado de la entonces diputada federal chihuahuense Andrea Chávez. Hasta joven, delgado y galán se veía Adán Augusto. Era la época en que usaba relojes carísimos y regalaba jirafas, quería comprarse todas las donas del mundo y comérselas, muerto de la risa, al lado de Andrea.
Como anillo al dedo le queda en estos momentos a López Hernández la letra de la exitosísima y emblemática canción de Black Sabbath, escrita en 1970 como parte de su segundo álbum, y que se llama Paranoid, considerada un himno del heavy metal. Dice así: “… porque no podía ayudarme a calmar mi mente la gente piensa que estoy loco. Porque frunzo el ceño todo el tiempo. Todo el día pienso en cosas pero nada me satisface. Creo que me volveré loco si no encuentro algo para calmarme. ¿Me ayudas a mantener mi cerebro ocupado? Necesito que alguien me muestre las cosas que no encuentro en la vida. No puedo ver las cosas que hacen la verdadera felicidad. Debo estar ciego. (…) Y el amor me parece irreal”. No nos queremos imaginar la paranoia y la depresión que debe sentir en estos días Adán Augusto.
Bien dice el refrán que lo que se siembra se cosecha, y él ha sembrado, entre tinieblas, muchas intrigas, actos de corrupción, complicidades, “grillas”, mentiras, infidelidades, deslealtades con los que durante muchos años fueron sus cómplices, entre ellos, Andrés Manuel López Obrador.
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