Por: Francisco Serrano Camarena
México tuvo una tasa de desempleo de 2.2% al mes de marzo, un nivel mínimo histórico donde literalmente todo mundo trabaja. Sin embargo, este dato deja muchas dudas porque, si bien todos trabajan, sigue habiendo muchos pobres -más de 30 millones- y problemas con el crecimiento económico, que fue de sólo 1% en el mes de febrero de este convulso 2025.
Siempre se ha insistido en que el problema del trabajo no sólo es tenerlo, es ganar lo suficiente para vivir adecuadamente. Y es aquí donde el dato antes mencionado empieza a diluirse, porque no es lo mismo estar empleado que vivir bien. La teoría económica sostiene que cuando el salario tiene una base muy baja (lo mínimo que se paga en promedio), la mano de obra reemplaza la tecnología. Esto es, sale más barato tener mucha gente que tener muchas máquinas. En consecuencia, en el mediano plazo, los países con este tipo de condiciones tienden a empobrecerse más porque no existen incentivos para comprar tecnología y modernizarse.
Lo que estamos viendo en México es que ante un abaratamiento de la mano de obra, y condiciones inciertas de la economía a corto plazo, es mejor invertir en contratar personal que comprar máquinas y tecnología. El razonamiento económico pasa por el hecho de que despedir empleados es inmediato y más barato que deshacerse de los préstamos para comprar máquinas y desinstalarlas. Aquí ya se empieza a entender que el crecimiento del empleo no es tan bueno, y tiene sus desavenencias.
Además, si se toma en cuenta otro dato recién publicado sobre el consumo privado en el país, que cayó -0.3% en el mes de marzo y -0.9% a tasa anual en el mismo mes, se empieza a mostrar un panorama complicado a corto plazo. Más personas están trabajando, pero se compra o consume menos. Esto nos indica una pulverización del salario, y aunado a inflaciones promedio de alrededor de 4%, señalan que la economía en su conjunto está funcionando a marcha forzada, limitada por el componente principal que es el consumo, ya que en México representa 71% de la economía total.
Lo irónico de esta situación es que en la medida que más gente trabaje, menos trabajadores hay disponibles y esto incrementa los salarios, por lo tanto, en el largo plazo, se generan incentivos para la automatización y compra de maquinaria y tecnología o en el peor de los casos para el despido de personal y salida de inversiones. Este año será clave para México porque está justo en esta encrucijada, no por voluntad propia sino empujado por las acciones arancelarias del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Por desgracia, este desbalance económico existente en nuestro país entre la zona norte y la sur, no permite hacer generalizaciones de ningún tipo. Mientras en las regiones cercanas a la frontera norteamericana la realidad del trabajo es que no hay ya más empleados disponibles para cubrir las vacantes en las empresas, en el sur el común denominador sigue siendo el desempleo, a tal nivel que los movimientos migratorios de nuestros connacionales cada vez son más grandes hacia los estados fronterizos.
Sin embargo, las ciudades del norte del país no tienen los recursos necesarios para poder crecer tan aceleradamente por los movimientos migratorios, pues escasea el agua, la luz es más cara, se consume más energía por lo marcado de las estaciones y así un sinfín de factores que afectan los salarios y desde luego lo que se gasta y que finalmente se traduce en el consumo.
El trabajo es muy importante, pero más importante es el salario real, que ese sí, se encuentra en estos momentos en serios problemas; lo que se aumentó a los salarios en general fue en promedio a nivel nacional 3.5 por ciento. Qué bueno que más mexicanos trabajan, pero me quedo pensando entonces en que los programas sociales ya no alcanzan tampoco para nada y obligan a sus receptores a tener que trabajar, porque un nivel de desempleo tan bajo sólo por eso se explica. Bueno, hay otras razones que habrá que analizar posteriormente.
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