Arte
Hace 6 años
William F. Cyrus era una leyenda en las fuerzas armadas de su país, un soldado muy respetado, temido y admirado por todos, sólo se obedecía a sí mismo y no temía rechazar una orden o incluso realizar una acción opuesta si pensaba que era una mejor opción; dicho sea de paso usualmente su sentido común y experiencia en batalla no le fallaban por lo que solía tener razón. Pese a su temperamento dominante y actitud impulsiva, su lealtad y dedicación al país, así como a los miembros a su cargo no estaba en duda, era un hombre dispuesto a morir por la gloria de su nación o la vida de su escuadrón.
Se trataba de un hombre maduro, iniciando su quinta década de vida, la mayor parte de ella en el campo de batalla. Destacaba al ser un imponente hombre musculoso y de casi dos metros. A pesar de su edad y su tamaño,era tan fuerte que nunca se encorvaba. Su rostro estaba marcado por diversas arrugas que le daban una expresión retadora, tenía el ceño permanentemente fruncido y mirada penetrante aunque inexpresiva. Su nariz estaba un poco deformada debido a constantes ataques y torturas sufridas en los combates, sin embargo fuera de ese pequeño detalle estético estaba completo pues nunca había sufrido heridas graves que lo dejasen falto de alguna extremidad o con alguna dolencia: nunca una tortura pudo quebrarlo, nunca una bala pudo detenerlo, nunca una situación le fue imposible de solucionar. Su vestimenta era el uniforme básico del ejército local, adecuado para escenarios urbanos; su uniformelo adornaba con un abrigo color gris oscuro que lo destacaba como líder de escuadrón. Hablaba poco, sólo cuando le era necesario pero siempre con autoridad y asertividad. Su manera de expresarse demostraba que estaba acostumbrado a ser él quien marcara el camino. Cuando el capitán ordenó a su equiposalir del pueblo en busca del sheitan, sólo su segundo al mando osó oponerse, los demás, aunque asustados, lo siguieron ciegamente.
Habían pasado dos días desde que Cyrus y siete miembros más de su escuadrón salieron en dirección a la ciudad más cercana, buscando la captura de un espécimen de sheitan nunca antes visto, un cachorro; al que debían transportar vivo. La situación al dejar el poblado abandonado era más que deprimente, la carretera que lo conectaba con la ciudad se encontraba completamente desierta de vida pero repleta de vehículos abandonados y restos de pertenencias de los evacuados que habían sido dejadas atrás; todos los automóviles fueron previamente desmantelados, quedando únicamente restos de fierro y cables, esqueletos secándose al sol. Las cosas durante el camino habíantranscurrido en completa calma, los sheitans no habían llegado en gran número hasta esa zona semi-desértica, posiblemente porque no había muchas personas en primer lugar, por ello los enfrentamientos con esas criaturas en el pasado habían sido escasos; pese a ello durante todo el trayecto se abstuvieron de hablar más de lo necesario pues, aunque reinaba una pesada calma, el ruido acarreaba la posibilidad de atraer a alguna de las criaturas que, para desgracia del escuadrón, vagase por la zona; tampoco deseaban arriesgarse a ahuyentar al cachorro, en el supuesto que éste siguiera en la cercanía. Mantenían los sentidos alerta por si escuchaban algo que indicara la presencia de alguna de las bestias mientras uno de los integrantes, un hombre llamado Stern, indicaba el camino leyendo el rastro de huellas no humanas que podrían o no ser del cachorro que estaban tratando de encontrar; las huellas no hacían más que poner más nervioso al grupo pues, de no ser del cachorro, serían de algo más peligroso.
La pequeña ciudad más cercana estaba aproximadamente a cuatro horas de viaje en automóvil, a poco más de cuatrocientos kilómetros del pequeño poblado de procedencia: no hubiera sido más que un viaje corto si contasen con un coche pero, aunque tenían varios de ellos en Blossom, era riesgoso utilizarlos tan cerca del refugio pues el ruido que provocarían atraería a las bestias a la zona; por eso el camino hubo de ser hecho a pie y en silencio, empujando dificultosamente la Oruga, cuyo motor, por regla general, estaba apagado la mayor parte del tiempo, lo que no facilitó el viaje. El camino más corto a pie evadía la mayor parte de las carreteras y acortaba el trayecto a casi la mitad, dejando la zona de destino a sólo doscientos kilómetros de distancia. Le tomó al equipo casi dos días el llegar a allá, tiempo en que estuvieron en constante riesgo de un ataque furtivo, ya sea al avanzar en relativo silencio por los caminos abandonados o al descansar al aire libre. Para cuando llegaron a su destino en lo único que el escuadrón pensaba era en encontrar un sitio para descansar, acción que fue la inmediata a tomar.
Además del capitán Cyrus y tras la ausencia del soldado Velásquez, el escuadrón se conformaba de otros siete integrantes, casi todos de amplia experiencia y notable trayectoria en la milicia. El escuadrón, llamado de forma casual “Grupo Nubarrón” (debido a la similitud del apellido del capitán Cyrus con las nubes cirrus), era uno de los más experimentados que había en Blossom; formaba parte de las fuerzas encargadas de cumplir con diversas misiones tales como rescate, defensa de las cercanías en caso de algún ataque o escoltar a elementos VIP en sus constantes viajes entre Blossom y otros campamentos; en ocasiones estos grupos también cumplían misiones especiales enfocadas en obtener algún recurso o material con fines científicos, tal era la misión actual.
El Grupo Nubarrón había sido conformado hacía apenas un par de meses, tras la llegada de Cyrus a Blossom, quien seleccionó personalmente a todos los integrantes de su escuadrón. Todos los elementos en su equipo habían sido sacados del combate dentro de las ciudades con el objetivo de reorganizarse para una estrategia más efectiva y, mientras tal estrategia se desarrollaba, se les había encargado completar algunas tareas de relativa importancia que no pusieran en riesgo las vidas de elementos tan aptos pues serían necesarios más adelante.
El de menor rango era el cabo Paxon, un nervioso recluta que no era muy respetado por sus compañeros; tenía la personalidad de un perro chihuahua pues era ruidoso y molestaba a quien tuviera la desgracia de hacer equipo con él, sin embargo era un buen soldado, consagrado piloto y poseía conocimientos de ingeniería que serían de inmensa utilidad si la Oruga necesitara reparaciones. Paxon tenía treinta años de edad, de estatura promedio, cabello marrón y muy corto, caucásico, de grandes, saltones y torpes ojos; su característica principal era una notoria separación en los dientes incisivos superiores así como una pequeña barba tipo “soul patch ” y su prominente frente. Otro de ellos era Duke, su inseparable amigo de borracheras y golpizas. Un hombre de color, cercano a los cuarenta años, fuerte aunque un poco pasado de peso, completamente calvo y de ojos como de rana, grandes y gruesos labios que sobresalían de su rostro así como una actitud sumamente amenazante; irónicamente también era el médico del grupo. Alguna ocasión, mientras se encontraba en una borrachera junto a Paxon, aseguró haber matado un sheitan con sus propias manos, estrangulándolo con su gran fuerza, lo que no era creído por nadie. “Horn ” era de origen apache, de ahí su apodo. Tenía el cabello negro, lacio y largo, generalmente acomodado en una trenza; ojos sumamente negros, piel del color de la canela y cubierta de tatuajes tribales, era también aficionado al ejercicio por lo que se encontraba en una extraordinaria forma; debido a su origen se esperaría una gran conexión con la naturaleza y conocimiento de artes místicas, sin embargo el verdadero nombre de “Horn” era Sebastián y había crecido en una importante ciudad dentro del seno de una familia adinerada por lo que la conexión con sus antepasados y el conocimiento místico se quedaba en su larga y negra trenza; no obstante si algún compañero del grupo necesitaba saber dónde comprar un buen cappuccino, “Horn” era el experto.
Junto a la soldado Velásquez, Tallman era la otra integrante femenina del grupo; una mujer a la mitad de sus veintes, de baja estatura, finas facciones y cabello rojo muy corto; pecosa, muy delgada aunque de anchas caderas; de agradable apariencia famosa a causa de su mal carácter, lo que se conjugaba con que no se le daba bien el seguir órdenes, excepción hecha de las de Cyrus a quien seguía sin preguntar. El teniente Morse era el segundo al mando, con poco más de dos metros de estatura, era literalmente un gran hombre, uno que había servido previamente a las órdenes del capitán, fungiendo desde hace años como su brazo derecho. Estaba por dar término a su quinta década de vida, habiendo dedicado dos tercios de ella al servicio de su país; de mayor estatura que el propio Cyrus, fornido, pesado e irónicamenteposeedor de un rostro de bebé; su piel era sumamente tersa y acumulaba un poco de grasa en las mejillas, lo que aunado a su escaso y blanco cabello, a su apariencia afectuosa y a su complexión robusta, realmente le hacía ver como un bebé gigante.
El sargento Ricco era el más nuevo y uno de los más destacados elementos en el escuadrón, aunque más que por sus logros en combate, por sus “conquistas amorosas”, clamaba tener entre sus “conquistadas” a Velásquez, quien ya alguna ocasión lo acuchillara en un brazo debido a sus insoportables insinuaciones y comentarios, hecho que les costó a ambos algún período en detención. Era un hombre de color, de poco más de treinta años, del tipo delgado-musculoso que parece que no retiene un gramo de grasa en su cuerpo; de cabello negro aunque gustaba de afeitarlo y quedaba totalmente rapado; era adepto a dejarse un poco de barba incipiente que enmarcaba su sonrisa afectuosa. De elevada estatura aunque al lado de Cyrus se le veía pequeño; su personalidad era sumamente llevadera, agradable y de gran simpatía, no sería más que por su obsesión por las mujeres la razón de queja hacia él. Aseguraba que su nombre de pila era Nico y lo rimaba con su apellido de forma obscena, moviendo las caderas al mismo tiempo que hacía una rima de mal gusto; su característica más peculiar eran sus cálidos ojos de color verde oliva, atípicos en alguien de su raza y que lo destacaban entre sus congéneres (y que definitivamente le ayudaban mucho con las chicas). Finalmente el ya mencionado Stern cerraba el grupo, siendo el miembro más joven con sólo veintidós años y el cualera un fornido muchacho de baja estatura, origen judío, cabello negro rizado que llevaba en peinado “mullet ”, barbilla partida y ojos hundidos; su personalidad era, según sus compañeros, tan grande como la de una piedra, era raro que hablase, lo que le daba una apariencia más madura que la edad que tenía.
—¿Alguien tiene hambre? —Comentó Paxon en voz baja pues aún no habían tenido tiempo de explorar la zona y temía atraer indeseables; si bien usualmente era indisciplinado, su impertinencia no llegaba al extremo de arriesgar su vida. —Me comería un sheitan si lo viera. —Se contestó a sí mismo al no recibir respuesta de sus compañeros.
—Coman todos y descansen, ya conocen la rutina, guardias cada hora durante seis horas, nos moveremos al amanecer; mantengan la charla al mínimo y no se distraigan. —Ordenó el capitán, o al menos así lo escucharon los demás pues no importaban las palabras que Cyrus dijera, éstas siempre sonaban a órdenes; posiblemente no supiera hablar de otra forma ya que, incluso en esas pocas ocasiones cuando trataba de ser amable con algún civil o sensible con algún camarada herido, sus palabras eran duras, frías y llenas de autoridad.
—¿De verdad es tan importante esto del cachorro? No puedo creer que no les baste con los que les hemos llevado antes. —Volvió a preguntar Paxon; puede que sólo él formulara la pregunta pero era algo que todos deseaban saber, no era sensato el salir de una zona segura como el viejo pueblo, más aún cuando no había pasado tanto tiempo desde que llevaron los últimos especímenes.
Cyrus guardó silencio unos instantes y observó directamente a Morse, con quien había charlado durante el camino y a quien le había explicado mayores detalles sobre su misión. Su fría mirada le indicaba que estaba en libertad de responder. —¿Prefiere capturar uno adulto con vida y llevarlo tranquilamente hasta el campamento, cabo?
Ganar esta guerra no dependía únicamente del tiempo que pudiesen sobrevivir, necesitaban matar al enemigo. Al ser los sheitans una criatura desconocida para la humanidad (algunos decían que se trataba de criaturas legendarias o bíblicas), los primeros embates les habían afectado mayormente a causa del desconocimiento que tenían de ellos: ¿Estaban vivos o eran realmente demonios del infierno? ¿Cómo se les podía matar? ¿Se comían a sus presas? Preguntas que diariamente eran respondidas gracias a investigaciones alrededor del mundo, investigaciones que, por supuesto, dependían fuertemente de estudiar a los sheitans en sí mismos por lo que la captura de estas criaturas no era algo tan extraordinario o inusual; por otro lado la mayoría de los especímenes eran capturados muertos o severamente heridos, casi nunca completos y, lógicamente, nada funcionales; se conocía muy poco sobre su desarrollo y tendencias, sobre qué los activaba o instaba a atacar, de sus movimientos instintivos, de su tiempo natural de vida. Tampoco se habían visto cachorros pero se tenía la certeza de su existencia. Esta criatura a la que daban caza resultó un feliz accidente, los “drones” que vigilaban el poblado colindante con Blossom captaron a un sheitan muy pequeño que seguía a otro, probablemente su madre, en muy malas condiciones; ambos estaban aparentemente indefensos por lo que era el mejor momento para capturar a un sheitan de estas características y ver cómo éste evoluciona.
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