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Coahuila

El reconstructor de autos antiguos

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 años

Don Daniel J. Martínez Olivares dedicó gran parte de su vida a la restauración de automóviles antiguos y se convirtió en aquel entonces en el único en su género de Saltillo.

Don Daniel nació en nuestra ciudad en 1929 y fue testigo del crecimiento de esta urbe, de la evolución de sus calles y desde luego de los autos que han circulado por ellas. Aunque podría restaurar cualquier marca, el señor Martínez Olivares se especializó en los autos de Ford, porque en su opinión son “los más sencillos”, específicamente los modelos del 1928 a 1931 y los de 1946 a 1948.

La restauración lleva su tiempo, por ejemplo, un Jaguar que desarmó y aunque correspondió a otro terminarlo, se tardó cinco años en rehacerlo y dejarlo como nuevo.

Se apasionó por los carros antiguos desde que tenía unos 12 años y pasando el tiempo pudo comprar un auto chocado, un Ford modelo 1929, que llega a sus manos por cuestiones de la desventura, pues su propietario, don Martín Morales, fue arrastrado a bordo de la unidad por uno de los trenes que se desplazaban por los patios de la antigua estación ferroviaria de Saltillo, ahora conocida como bulevar Francisco Coss, en el cruce de la calle Allende, que todavía no tenía el puente a desnivel, construido posteriormente por el Gobierno federal, de Miguel Alemán Valdés, cuando era gobernador Raúl López Sánchez. El Ford quedó averiado e insistió ante el señor Morales para que se lo vendiera, quien consideraba que el jovencito no tendría la capacidad para adquirirlo y hasta que vio el dinero –700 pesos–, que su mamá prestó a Martínez Olivares. Don Martín le rebajó 200 pesos, con los cuales comenzó la restauración. Mientras le enderezaban el chasis, el motor y la carrocería fueron colocados sobre una tarima de madera, de donde sobresalían las ruedas, quedando prácticamente el puro esqueleto del vehículo, con el cual salió a pasear por las calles de Saltillo, para impresionar a las muchachas, y a los hombres también. Sólo con un asientito el forcito se desplazaba por la calle Victoria principalmente, y apenas podía la “carcachita”, porque se subían muchas chiquillas. Después de poner “al centavo” este vehículo, su primera prueba de fuego fue un Ford modelo 1931. Empezó al revés, pues primero lo “hojalateó” (le quitó las abolladuras), luego lo pintó y finalmente se dio a la tarea de arreglar la máquina y los frenos. Así prácticamente inició su larga carrera de restaurador de automóviles antiguos, don Daniel J. Martínez Olivares.

 

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