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El Reino Unido y el ‘Imperio de la ley’

Por Columnista Invitado

Hace 4 años

Por: Raudel Ávila

Anthony King, distinguidísimo profesor de la Universidad de Essex y miembro de la British Academy, así como de la Royal Society of Arts, iniciaba sus cursos sobre la Constitución británica con esta explicación. “Mientras que la Constitución estadunidense tuvo como propósito la división de poderes y el establecimiento de contrapesos, el objetivo de la Constitución británica ha sido siempre la accountability (la rendición de cuentas)”.

La semana pasada, en un hecho sin precedentes en la historia del Reino Unido, la policía multó al primer ministro Boris Johnson por haber infringido el confinamiento durante la pandemia del coronavirus. Johnson organizó una fiesta (cuando su Gobierno las había prohibido) con motivo de su cumpleaños en la residencia oficial.

Una vez sancionado, Johnson ha optado por quedarse en el poder como si nada hubiera ocurrido.

El encabezado en la portada del diario The Guardian resumía la situación “Primer ministro: rompí mi propia ley, pero me niego a irme”.

Keir Starmer, líder del partido laborista, la principal fuerza opositora, exigió la salida del primer ministro.

Pretextando la necesidad de no desestabilizar al Gobierno del Reino Unido mientras dure la guerra en Ucrania, el Partido Conservador (supuestamente el partido de la ley y el orden) al que pertenece Johnson se ha rehusado a la moción de censura o desconfianza contra su Administración.

Infringir la ley es actividad predilecta del folclor latinoamericano.

Lo mismo en América Latina que en España, Italia, Portugal y a veces Francia, el cumplimiento de las leyes no es lo nuestro.

Lo que hizo diferentes a los países de habla inglesa fue la construcción de estados donde la ley no es a contentillo y existen tribunales verdaderamente independientes. Gracias a ello, llegaron las inversiones y los ahorros de todas partes del mundo, pues la certidumbre jurídica para los capitales permitió el desarrollo económico, industrial, científico y tecnológico.

Boris Johnson no solamente infringió la ley, tampoco rinde cuentas sobre su conducta y no asume ninguna responsabilidad de su cargo.

Mala señal de los tiempos que el populismo destruya la más importante de las certezas: la jurídica.

Rendición de cuentas y resultados son las palabras claves, como decía el finado profesor Anthony King.

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