La fabricación de sarapes aquí en Saltillo, de los años 30 a los 70, fue un atractivo para el turismo nacional e internacional, y una extraordinaria fuente de ingresos en beneficio de muchas familias. Jesús Santos Barrera fue un empresario quien, por su empeño y constancia, llegó a tener la mayor y mejor fábrica de sarapes, tapetes y cobijas en el mundo. Curiosamente, don Jesús Santos Barrera nada sabía de dicha artesanía, pero fue en el año de 1936 cuando un primo hermano le propuso el negocio de la fabricación de sarapes y cobijas.
El negocio que fue bautizado como Fábrica de Sarapes El Saltillero, inició su cuesta arriba y gracias a Dios y al empeño de don Jesús y el entusiasmo de su esposa Elena Méndez, se colocó como la fábrica líder, ya instalada en el edificio ubicado en las calles Victoria y Acuña, ahí frente al Cinema Palacio.
Ese local de tres pisos se convirtió en una gigante fábrica de sarapes y cobijas, pues llegó a contar con 40 telares a cargo de artesanos de primer orden, y la tienda en dos pisos con 12 empleados en el mostrador, pues también vendían artesanías de plata y joyas; las primeras las traían de Taxco y los objetos grandes, como jarras, charolas, licoreras, juegos de té y otras, de la Ciudad de México.
En dicha empresa de artesanía trabajó el inolvidable “retratista” Juan Mendoza Juárez, originario del barrio cuna de la ciudad, el Ojo de Agua, considerado en esa especialidad como el mejor del mundo.
La Favorita
Rosendo García Atiek iba a ser abogado, vocación que sentía desde niño. Cursó su secundaria y preparatoria en el glorioso Ateneo Fuente, pero bueno, la situación no era tan bonancible, como para sostener sus estudios de leyes en la Ciudad de México y en 1947, siendo un chamaquillo, se hace cargo del taller de los sarapes
La Favorita, actualmente se ubica en Bolívar, casi esquina con el arroyo La Tórtola que nace en el Ojo de Agua y que cruza toda la ciudad de sur a norte, y que gracias al Gobierno del Estado se ha convertido en una escuela para preparar nuevos artesanos.
Desde entonces, con un ahínco y con una devoción casi apostólica (a excepción hecha cuando fue alcalde por decreto de su tierra natal General Cepeda, para sustituir al doctor Manuel Treviño) García Atiek siguió paso por paso desde la carda de la lana, la pintura y el hilado, hasta el tejido de los policromos y maravillosos sarapes, hechos por artesanos locales.
No podemos dejar de lado que los telares y la enseñanza la trajeron los tlaxcaltecas. El Gobierno español dio amplias facultades a Francisco de Urdiñola, para invitar a varias familias del Reino de Tlaxcala, para que sirvieran en tareas de defensa, cultivar tierra y otras actividades propias de la cultura tlaxcalteca a los aborígenes que poblaron esta región de lo que ahora es Coahuila.
Fue así que trajeron sus telares y dejaron la enseñanza que luego se volvió tradición: La fábrica de cobijas de lana y sarapes. Las primeras en forma rústica y los segundos todo un arte de gran belleza y color.
A ellos, a los tlaxcaltecas, debemos el origen de una tradición de uno de los más famosos barrios del Saltillo: El Águila de Oro, donde aún está enclavada la fábrica de sarapes La
Favorita.
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