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El TLCAN y la obesidad, ¿un mal necesario?

  Por Agencias

Publicado el domingo, 24 de diciembre del 2017 a las 09:00


La firma del tratado ha modificado la dieta que ahora se basa en alimentos procesados importados.

San Cristóbal de las Casas.- William Ruiz Sánchez pasa sus días en el sencillo restaurante de su familia donde asa hamburguesas y le pone pepperoni y queso a los hot dogs fritos. Refrigeradores y mesas rojas proporcionadas por Coca-Cola muestran el logotipo de la empresa a cambio de la venta exclusiva de sus bebidas.

Aunque a veces la familia Ruiz come aquí, más a menudo compran su cena en Domino’s Pizza o McDonald’s. Si quieren una botana a mitad del día, compran Doritos o Cheetos en Oxxo, una cadena de tiendas de conveniencia que están por todas partes.

La carrera de la familia como vendedores de comida comenzó en la década de los 60 cuando la abuela de Ruiz vendía tamales y comida hecha en casa con los productos de la granja familiar; esos mismos ingredientes alimentaron a sus hijos con caldos de verduras, frijoles, tortillas y huevos. La carne era un lujo.

Desde entonces, los Ruiz se han convertido en consumidores y participantes de la grave transformación del sistema alimentario de su país.

Esta familia forma parte de los millones de mexicanos que padecen enfermedades relacionadas con la dieta. Se trata de un cambio radical que, según algunos nutriólogos, ha sido ocasionado por el libre comercio.

En la década de los 80, México comenzó a revocar los aranceles y permitir una mayor inversión extranjera con el fin de generar una transición hacia el libre comercio que culminó en 1994, cuando México, Estados Unidos y Canadá implementaron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En México, los opositores al tratado advirtieron que el país perdería su independencia cultural y económica.

Sin embargo, pocos críticos predijeron que ese acuerdo terminaría por transformar la dieta y el ecosistema alimentario del país para parecerse cada vez más al de Estados Unidos.

En 1980, el 7% de los mexicanos era obeso, pero esa cifra se triplicó al 20.3% en 2016, según el Instituto de Evaluación y Mediciones de Salud de la Universidad de Washington. Ahora la diabetes es la principal causa de muerte en México; acaba con 20 mil vidas al año, según informa la Organización Mundial de la Salud.

Para muchos mexicanos, el TLCAN prometía convertir en realidad “los delirios de unirse a la economía moderna”, dijo Timothy Wise, un experto en comercio del Small Planet Institute y la Universidad Tufts. “Todos los antiguos trabajadores rurales tendrían nuevos empleos en las industrias de manufactura burguesas posteriores al TLCAN. Pero eso no ha sucedido.

“Lo único en lo que México se convirtió en un país del ‘primer mundo’ fue en términos de su dieta”, explicó Wise.

El fenómeno no se limita a México. Las investigaciones muestran que el libre comercio está entre los factores clave que han acelerado la propagación de alimentos bajos en nutrientes y muy procesados de Occidente, “impulsando la epidemia de obesidad en China, la India y otros países en desarrollo de todo el mundo”, según los resultados publicados por la Escuela de Salud Pública T. H. Chen de la Universidad de Harvard.

Sin embargo, Jaime Zabludovsky Kuper, el subjefe de negociación del pacto, dijo que el TLCAN no causó la obesidad. Explica que, al contrario, el tratado bajó los precios de la comida y alivió la desnutrición. En 2012, el 1.6% de los niños mexicanos sufría de desnutrición severa, una reducción notable del 6.2% registrado en 1988, según datos del Gobierno.

Zabludovsky Kuper dijo que desde hace mucho tiempo los mexicanos se habían sentido atraídos por la comida estadunidense pero los altos aranceles la encarecían aunque estuviera disponible.

El experto asevera que ahora la economía es más estable y los mexicanos viven más años lo que, según él, en parte explica por qué la gente está falleciendo de enfermedades no contagiosas como la diabetes y las cardiopatías. “Es el síntoma de una relativa prosperidad”, dijo.

Las ventajas y los defectos más notorios del TLCAN se están escudriñando de manera profunda desde que el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con desmantelarlo.

Desde su firma, las exportaciones mexicanas a Estados Unidos se han disparado desarrollando una estructura económica más estable. La tasa de desempleo se ha mantenido constante pero los sueldos promedio han caído un poco desde 1994, de 15 mil 500 a 15 mil 300 dólares al año, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Los críticos del TLCAN reconocen que las causas de la obesidad son complejas, pero argumentan que el libre comercio intensificó el problema al abrir la economía mexicana que estuvo aislada durante mucho tiempo.

Además de reducir drásticamente los aranceles transfronterizos, el TLCAN permitió la entrada de miles de millones de dólares en inversión extranjera directa a México; alimentó el crecimiento de las tiendas de conveniencia y los restaurantes estadunidenses de comida rápida, y dejó que el maíz barato, la carne, el jarabe de maíz de alta fructosa y los alimentos procesados inundaran el país.

La inversión agrícola de Estados Unidos permitió la modernización de los métodos mexicanos de cultivo, pero también desplazó a dos millones de personas que cultivaban alimentos para su sustento y el de sus comunidades, según el Centro Woodrow Wilson. Muchos antiguos campesinos emigraron hacia las ciudades, sumándose a las filas de consumidores mexicanos que dependen de la comida procesada.

FRANQUICIAS ‘GORDAS’

Las principales cadenas de víveres y la mayoría de los negocios que venden comida en México cuentan con el respaldo de EU o son socios de empresas como Walmart, Subway y Pizza Hut.

Oxxo, la cadena de tiendas de conveniencia, es propiedad de Femsa, el conglomerado de alimentos y bebidas asociado con Coca-Cola, que ha crecido a 16 mil tiendas en contraste con las 400 que existían en 1990.

La familia Ruiz tiene una historia común: migraron de las granjas familiares a las ciudades y adoptaron la nueva dieta al estilo norteamericano, no sólo como consumidores, sino también como intermediarios.

Compran los insumos para su restaurante, incluyendo el queso, la mayonesa y la carne molida en Sam’s Club, el gigante minorista que es propiedad de Walmart.

“Me gusta que gran parte de su carne proviene de reses estadunidenses”, dijo William Ruiz, de 28 años. “Es más suave y tiene más grasa que la carne de ganado mexicano”.

William y su hermano mayor, Gabriel, tienen un sobrepeso peligroso: 124 y 136 kilos, respectivamente. La dieta de sus padres también ha cambiado: el año pasado su padre sufrió un infarto provocado por la hipertensión y su madre tiene diabetes.

BARATA Y GRASOSA

En todo el mundo, los tratados comerciales han hecho que la comida sea más barata y accesible. Algo que se planteaba como una ventaja importante de la Organización Mundial del Comercio, fundada en 1995, era que haría más laxas las barreras al comercio para que la “comida fuera más barata”, aunque esos acuerdos también pueden tener un impacto negativo en la dieta.

La inversión directa de Estados Unidos en las empresas mexicanas de alimentos y bebidas se disparó a los 10.2 mil millones de dólares en 2012 en contraste con los 2.3 mil millones de dólares antes del TLCAN, y el vínculo entre ese crecimiento y el acuerdo comercial es indiscutible.

El Departamento de Agricultura de EU señala que “muchas de esas inversiones se iniciaron tras la implementación” del TLCAN.

DEL CAMPO AL ‘DRIVE THRU’

En una tarde reciente, la madre de Ruiz, Marcela Sánchez Espino, aprovechó un momento de calma en medio del ajetreo de su restaurante llamado Dogo Express.

La mujer de 62 años recordó su infancia cuando sus padres cosechaban maíz, calabacitas y hongos, además de criar pichones y conejos, y la familia comía lo que producía.

Su esposo, Gabriel Ruiz Barbosa, de 60 años, también creció en una ranchería. Después de que asesinaron a su padre, campesino y apicultor, la madre de Ruiz se las arreglaba para sostenerlos vendiendo en la calle comida hecha en casa.

Ruiz estudió ingeniería agrícola y se imaginaba haciendo una carrera en el campo. Sin embargo, México se alejaba de su base de pequeñas granjas familiares.

Hasta mediados de la década de los 80, México había sido una economía proteccionista y aislada. La crisis económica a principios de esa década suscitó la discusión sobre el libre comercio para estabilizar a la nación, atraer la inversión extranjera e impulsar el crecimiento.

En 1986, México obtuvo su ingreso al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, un pacto que reducía los aranceles y hacía más laxas las reglas sobre la propiedad extranjera de las empresas.

Para sus defensores, el TLCAN completaría la transición. “Se trató de un cambio de modelo económico”, dijo Kuper, el subjefe de negociación. “Empezamos a buscar la ventaja de la proximidad geográfica con EU”.

El acuerdo revocó los obstáculos a la inversión transfronteriza y eliminaba por completo las restricciones mexicanas a la propiedad extranjera mayoritaria de empresas mexicanas. Estados Unidos, Canadá y México se convirtieron en un bloque comercial abierto.

Las exportaciones mexicanas de frutas y verduras saludables a EU aumentaron; mientras que cantidades cada vez mayores de los ingredientes de los alimentos procesados fluían en dirección contraria.

El año pasado, más de la mitad de los productos agrícolas exportados de México a Estados Unidos fueron frutas, vegetales y jugos, mientras que estos alimentos representaron sólo 7% de lo que Estados Unidos exportó a México, de acuerdo con el Departamento de Agricultura norteamericano.

Las exportaciones estadunidenses a México han estado dominadas por la carne, la soya y el maíz. El valor promedio anual de los granos que llegaron a México se disparó a los 4.7 mil millones de dólares en 2016 a partir de los 897 millones de dólares anteriores al TLCAN.

Las exportaciones de carne de cerdo y res también se incrementaron durante el mismo periodo, al igual que el valor de jarabe de maíz de alta fructosa, a 345 millones de dólares anuales en contraste con los 5 millones de dólares anteriores.

Las prácticas agrícolas modernas y el capital estadunidense también se extendieron a México. La agricultura mexicana se hizo más eficiente, pero también contribuyó al desplazamiento de 4.8 millones de campesinos.

Algunos encontraron empleos temporales en negocios agrícolas más grandes, pero 2 millones de personas perdieron sus empleos, según un estudio realizado por el Centro Woodrow Wilson que algunos funcionarios mexicanos han citado como prueba de las imperfecciones del TLCAN.

Duncan Wood, director de Instituto México del Centro Woodrow Wilson, dijo que la reducción de los precios de los alimentos, junto con la economía estancada, han dejado a los mexicanos en una posición económica extraña.

“La gente puede darse el gusto de comprar más comida procesada y consumir así más calorías pero no tiene suficiente dinero para un estilo de vida que les permita comer de manera más saludable”, dijo Wood.

Así pasó con la familia Ruiz. De niño, William adoraba las comidas hechas en casa, a menudo a base de los caldos mexicanos que incluyen calabazas, zanahorias, papas y ejotes. La familia casi nunca comía afuera.

Sin embargo, cuando tenía 11 años, la familia se mudó a Villahermosa, la animada y sofocante capital de Tabasco, donde abundan los lugares que ofrecen comida rápida estadunidense. Los Ruiz se convirtieron en clientes ávidos de Domino’s y Burger King; McDonald’s era su favorito.

William disfruta el recuerdo de su primera Cajita Feliz: “las crujientes papas fritas, los nuggets de pollo. Era como tener algo del primer mundo en tu rancho alejado de la civilización, era hermoso”, dijo.

Sus hijos comenzaron a engordar mucho en los últimos años de su adolescencia pero Gabriel Ruiz Barbosa no se sentía preocupado. “Estábamos en una buena posición económica, así que podíamos comprarles alimentos ricos en proteínas y también comida rápida. Nos decíamos: ‘Que estén un poquito gordos significa que están bien alimentados’”, dijo.

DEL ESTANQUILLO A LAS CADENAS

En 2015, los mexicanos compraron en promedio mil 928 calorías de comida empaquetada y bebidas al día –380 calorías más que en Estados Unidos–, más que las personas de cualquier otro país monitoreado por Euromonitor International, una agencia de estudios de mercado.

Aunque las causas de la obesidad son complejas, muchos estudios han asociado el aumento de peso con el consumo de alimentos procesados con un alto contenido de sal, azúcar y grasa, que son la esencia de los gigantes minoristas.

En 1991, mientras los negociadores afinaban los detalles del TLCAN, Walmart hizo su primera inversión extranjera asociándose con el principal minorista de México, Cifra.

Para 1997, Walmart completó su ingreso en México pagando 1.2 mil millones de dólares por el control mayoritario de Cifra. Hoy en día Walmart es el minorista de alimentos más grande de México.

Oxxo ocupa el segundo lugar de participación en el mercado de víveres. También es la cadena de tiendas de conveniencia más grande, con 75% de participación en el mercado, según Euromonitor.

Aunque Oxxo es propiedad de Femsa, una empresa mexicana, ha disfrutado de una importante inversión externa. En 1993 Coca-Cola compró un tercio de la unidad de refrescos de Femsa por 195 millones de dólares, no mucho después de que PepsiCo había anunciado que gastaría 635 millones de dólares para expandirse en México.

Luego, en 1994, la cervecera canadiense Labatt invirtió 510 millones de dólares en el negocio de la cerveza de Femsa. El dinero le permitió a Femsa reducir su deuda y así la ayudó a crecer.

Esos productos son esenciales para el éxito de Oxxo. En su informe anual de 2003, por ejemplo, Femsa presumió de que Oxxo se había convertido en “el mayor vendedor de refrescos y cervezas, así como tarjetas telefónicas, cigarros y agua embotellada”.

DAÑOS COLATERALES

El TLCAN ha acelerado la transición de la dieta y el aumento de la obesidad en México.

Hoy en día hay diabetes en la mayoría de los hogares y los lugareños parecen más locos por los alimentos procesados y los refrescos que por las frutas y verduras.

La familia Ruiz comparte su sentir. “Sé que esto es malo para mí, pero no puedo parar”, dijo Gabriel Ruiz, viendo una charola con helados de McDonald’s. “Mi cardiólogo dice que soy muy obstinado”.

Su hijo mayor toma Coca compulsivamente y padece hipertensión. “Me da miedo que un día me dé un infarto y me muera”, dijo.

La familia tiene sentimientos encontrados respecto del libre comercio. Su ligera prosperidad se fundamenta en vender comida estadunidense y su dieta es tanto su sustento como su maldición. (Con información de The New York Times)

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