Todavía, antes de desaparecer el ferrocarril Coahuila y Zacatecas, había en sus bodegas uno de los carros utilizados por el tranvía de mulitas de la ciudad.
La empresa que otorgaba este servicio a la comunidad saltillense, estaba compuesta por hombres de empresa, a la cabeza el irlandés Guillermo Purcell, dueño a la vez del famoso ferrocarril “Coahuililla” y de muchos negocios más.
Tenía el tranvía un recorrido denominado de circunvalación que cubría prácticamente la antigua y original mancha urbana de Saltillo, hoy llamado pomposamente Centro Histórico (¿o histérico?), desde la calle de Juárez e Hidalgo, donde tenía su punto de partida, hasta Cárdenas, la calle de los Baños hoy Murguía, hacia el sur Moctezuma y Doblado, hasta la partesita de Abasolo que apenas existía y de regreso a “la Meta”.
Se desplazaban por esas calles curvilíneas trazas por los europeos y tlaxcaltecas, cubiertas algunas de piedra bola y otras de terracería.
En la época de los tranvías saltillenses eran muy normales las lluvias, y cuando esto sucedía los carritos se salían de las vías, los pasajeros tenían que descender para encarrilarlos.
Por la noche, el tranvía era encerrado junto a las mulas en un corralón de la calle Purcell, propiedad de un coronel de apellido González.
No sabemos cuándo desapareció este servicio de transporte para los saltillenses ¡y de las mulas, mejor ni hablamos!
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