Por Marissa Ladrón
He tenido el privilegio de ser parte de importantes grupos financieros en el país. La vida me ha dado la oportunidad de asesorar a personas en la planificación de sus patrimonios, ser parte de sus proyectos de vida y empresas. Personas que, como muchos, se enfrentan a más dudas que respuestas.
¿Qué diferencia a un ahorrador de un inversionista? ¿Cuál es el camino a seguir para llegar a ser inversionista? ¿Ya es muy tarde para empezar? ¿En qué puedo invertir? Estas son algunas de las preguntas que trataré de responder a nuestros queridos lectores, preguntas que servirán de brújula en nuestros propios procesos de inversión.
En principio, y en términos muy simples, los ahorradores guardan dinero, mientras que los inversionistas ponen su dinero a generar ganancias. Históricamente, participar en el mundo financiero ha sido considerado como algo reservado solo para cierto tipo de personas.
Culturalmente, la falta de educación financiera y la desinformación han coadyuvado a que invertir siga siendo un tema tabú para un sector importantísimo de la población, particularmente en nuestro país. Pero eso cambió entre 2012 y 2018 con la inclusión financiera en México, ya que el número de adultos de 18 a 70 años con al menos un producto financiero aumentó 14.6 millones. Las nuevas tecnologías, las plataformas de inversión y los intermediarios financieros están poniendo a disposición de todos nosotros formas de acceder a una cuenta de inversión con montos accesibles.
Ya sea como inversionistas o ahorradores, hay un factor del que nadie se salva: la inflación. Según el Inegi, en marzo de 2021 el Índice Nacional de Precios al Consumidor aumentó 0.83% m/m, el mayor incremento para dicho mes desde 1999; con este resultado, la inflación anual se ubicó en 4.67 por ciento. Si consideramos que la inflación es el factor que en el tiempo le quita valor al dinero, es imperativo tomar conciencia de la importancia que tiene conocer estos datos. Por lo anterior, hoy en día deberíamos estar buscando que nuestra inversión otorgue al menos una tasa mayor a la tasa de inflación. Guardar el dinero debajo del colchón, tener dinero guardado en el banco sin un instrumento que genere rendimiento, o participar en la tanda familiar, no son decisiones que nos protegen porque no compensan la inflación. Ya con eso automáticamente perdemos.
El poder de tomar decisiones sobre el propio patrimonio es el primer paso para realmente tomar control de la vida y alcanzar el máximo potencial. Por eso, decidir cómo disponer del dinero, aun cuando sea una cantidad pequeña, es un paso importantísimo para lograr la independencia financiera.
Invertir no tiene por qué ser un riesgo. Cuando hablamos de inversiones, no es necesario volcar todo el patrimonio y ahorros para adquirir acciones o tomar riesgos altísimos. La clave es saber invertir. Hay muchos productos o estrategias disponibles, empezando por los Cetes, fondos de inversión, smart cash, y muchos otros, cuya principal característica es precisamente el bajo riesgo, que se adaptan a un perfil de inversionista dispuesto a invertir a largo plazo a cambio de rendimientos seguros. Si la razón por la que deciden no invertir es por temor a que se pierda el dinero en una mala movida, con estas opciones ahora no hay excusas: el verdadero riesgo es no invertir.
Hay que romper los paradigmas financieros. Acompáñese de personas especialistas en inversiones que le ayuden a lograr sus objetivos. Es hora de perder el miedo a las inversiones y aprender a incrementar el patrimonio.
Y luego entonces, ¿usted en qué va a invertir?
La autora es Licenciada en Negocios Internacionales, con una especialidad en gestión de carteras por el Instituto de Estudios Bursátiles de Madrid. Comentarista de radio, especializada en negocios, inversiones y mercados financieros. Asociada del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas xapítulo Coahuila Sureste. Asesora de empresas e inversionistas por más de una década dentro del sector financiero mexicano.
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