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Electoral, el otro efecto del Covid-19

Por Salvador García Soto

Hace 6 años

A las lamentables pérdidas de vidas humanas y al golpe mayor que le dará a la economía de todos los mexicanos, la crisis del coronavirus tendrá también un impacto político y electoral inevitable. A partir de cómo manejen esta pandemia los gobernantes de todos los partidos políticos y de lo acertado o errático de las decisiones que tomen, tendrán o un costo político en forma de votos de castigo o bien un reconocimiento de sus gobernados en las urnas.

Estamos en el año previo a una elección estratégica, sobre todo para el proyecto político del presidente Andrés Manuel López Obrador que se juega en los comicios intermedios del 2021 la mayoría en la Cámara de Diputados.

Y hoy más que nunca, en medio de una crisis que pone en jaque a los gobiernos de todo el mundo con una recesión económica comparable solo a la de 1929 y que exhibirá la efectividad y la capacidad –o la ineficiencia e incapacidad– de los líderes y gobernantes para proteger y rescatar a sus ciudadanos de los efectos de esta pandemia, los escenarios políticos también cambiarán cuando pase esta emergencia.

Por ahora, aún en medio de la contingencia, los políticos no dejan de hacer cálculos y de pensar en las elecciones. El presidente López Obrador, por ejemplo, al definir la forma en que su Gobierno responderá ante esta emergencia y los apoyos que otorgará con los recursos públicos, decidió apostar clara y decididamente por su base social y electoral más leal: los beneficiarios de sus programas sociales y asistenciales.

Son 22 millones de beneficiarios de programas sociales, la cifra que hoy manejan en Palacio Nacional y a la que apuestan para ganar las elecciones de 2021. El único problema, nada menor, que tienen los cálculos felices que hacen en Palacio, es que para bajar esos votos y aterrizarlos en las urnas en 2021 necesitarán un partido nacional y fuerte que hoy no tiene el Presidente con Morena. Le ayuda mucho en estos momentos a López Obrador que hoy no se ve una oposición fuerte ni figuras o líderes opositores que estén surgiendo como contrapeso.

Pero también los opositores hacen sus cálculos políticos. Ya antes de la emergencia sanitaria se estaba fraguando y negociando, para el 2021, un polo opositor, una “mega-alianza” electoral entre PAN, PRI, MC Y PRD, para enfrentar a Morena en los comicios intermedios, pero ahora, sin duda el escenario que dejará la pandemia va a facilitar y a mejorar las perspectivas para esa coalición electoral, que sí puede representar un riesgo real para López Obrador y su proyecto en los comicios intermedios.

El cálculo de la “mega-alianza” opositora es simple y su estrategia va por partes: primero quitarle a Morena la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados en 2021, y a partir de ahí, en el 2024 “sacar a AMLO y a Morena del Palacio Nacional”.

Para retomar la controvertida expresión del Presidente, de que toda esta terrible crisis del coronavirus le vino “como anillo al dedo”, lo que resulte política y electoralmente después de que termine la pandemia será como ese anillo poderoso de la novela de J.R.R Tolkien. ¿Hacia dónde se mueve ese anillo y quién será su “precioso”? ¿Hacia el dedo índice presidencial o hacia el dedo gordo de una oposición unificada?

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