Espectáculos

Publicado el sábado, 28 de marzo del 2015 a las 01:52
Saltillo, Coah.- Con un fértil terreno en el arte escénico local, cinco coahuilenses celebran hoy el Día Internacional del Teatro con algo en común: haber saltado del foro a la página en blanco, construyendo una dramaturgia con identidad propia.
Crecimiento, hallazgos, sorpresas, son palabras que vienen a sus bocas para concatenar las experiencias fraguadas durante el proceso creativo, que ahora para ellos implicó contar historias.
Mabel Garza, quien “nunca” se imaginó escribir, incursionó en este quehacer cuando le fue encomendado hacer un texto para conmemorar los 400 años de la llegada a Saltillo de los tlaxcaltecas.
Como “impactante” califica la directora su experiencia, luego de ver sus palabras en acción, percatándose que una escena puede concebirse como algo anodino y ya montada volverse “la gran escena”, y viceversa.
“Cuando se crea un texto y de ahí pasa a la puesta en escena algo sucede que se transforma, a veces para bien, a vaces para mal, claro que siempre se apuesta que sea para bien”, expone.
La reconocida actriz admite que entre “La Jornada Tlaxcalteca” y “Lauros de la Noche” hay una brecha significativa en cuanto a la concepción escénica, enriquecida con experiencias, conocimientos que la hicieron reconceptualizar el teatro, gracias a la visión de figuras como Ludwik Margules, Jaime Chabaud y recientemente Enrique Mijares.
“Ahorita no escribiría ‘La Jornada Tlaxcalteca’ de la manera en que lo hice, ahorita cuando abordo la historia, mi concepto es que tiene que ser desde el presente, y eso es gracias al maestro Mijares, si no, no sirve de nada, no hay espejeo posible, se vuelve algo acartonado, ajeno por completo”, refiere.
Acto de valentía
Para Lucía Sánchez convertirse en dramaturgo es “un acto de valentía”, pues considera un gran paso el alguien se decida escribir a sabiendas que estará expuesto a la mirada inquisidora de otros a quienes puede agradar o no lo hecho.
“Además es mucho trabajo, no se trata de decir ‘escribo porque escribo’. En ese sentido creo que se ha hecho escuela; al menos en mi caso he aprendido algo gracias a los diversos talleres. Todos te nutren”, señala. Para la también actriz el primer paso es tener preguntas: ¿qué escribir?, ¿cómo hacerlo? y ¿Para quién?, y saber que cada texto conlleva un proceso diferente. Lo que sí, confiesa, es que escribir surge de la necesidad propia de cualquier artista escénico por comunicar algo, lo que hace “inminente el paso de un actor o director a dramaturgo”.
Coincidiendo con ella, Jorge Oyervides agrega que en su caso, a la hora de escribir “El Mudo” busco una fina confección del personaje y posteriormente fue estructurando la historia a partir de la cosmovisión que le confirió.
“El trabajo que realicé fue el que hace un actor, pero por escrito, además como me interesa mucho la semiótica, traté de impregnarlo de un fuerte simbolismo propuesto desde la dramaturgia”, la cual, para él, no debe ser vista solamente de manera teórica. Para “El Mudo”, el autor se remitió a perspectivas psicológicas y filosóficas, pues considera que “el arte es una manifestación del espíritu”.
Vida propia
Caso contrario es el de Saúl Martínez, cuyo debut como escritor se dio en un Festival de Monólogos, para el cual creó y protagonizó “A Morir”, unipersonal con el tema del trastorno de personalidad disociada, en el que el arranque fue la historia misma, de la cual surgió el personaje, lo mismo que ocurrió con “Cocol”, sobre el tema de los niños guerrilleros.
“Se me ocurrió la idea de trabajar la historia sobre un niño sicario, seguí el consejo de soltar la pluma, primero surgió algo, fue el monólogo de la mamá, y de alguna idea de este surgió otro hasta que se fueron formando escenas; es como un arbolito al que le van saliendo ramitas”, apunta.
El joven actor y director, quien llevará en breve a escena este trabajo, reconoce que como dramaturgo se da cuenta que todo lo que escribe, de una u otra manera, hablan de su propia vida.
“Cada texto está muy impregnado de lo que pienso y siento en el momento en el que suelto la pluma”, añade.
Similar es la experiencia de Raúl Bustos, quien cuenta que cuando escribió “Choose Life” estaba viviendo de cerca lo que ahí trata, ya que personas cercanas a él sufrían de depresión o tenían algún ser querido que se había suicidado.
“Yo quería contar la historia desde la perspectiva de esas personas, y luego se fue enriqueciendo con otras visiones de mis compañeros de Camaleón (grupo al que pertenece)”, dice, “creo mucho que hay que enriquecerse como teatrista viendo constantemente otras manifestaciones artísticas, no sólo teatro”.
Los cinco en que el panorama de la dramaturgia local vive un momento interesante, en proceso de profesionalización. Dos de sus inquietudes son que sus colegas lean más teatro, y sobre todo el trabajo local, para que se interesen en él y dejar de montar “lo de siempre” o “lo de moda”. Asimismo, que avisen a los autores si es que están montando sus textos.
Garza concluye con la frase del poeta Eduardo Milán: “No hay más mitología que la experiencia cotidiana”, diciendo que todo es materia prima para la escritura dramática.
“No hay grandes temas, sólo hay que tener la intuición, la suspicacia para detectar qué resortes están noviendo eso que a veces vemos y qué sólo es la punta de iceberg”.
LOS TEXTOS
Mabel Garza: “La Jornada Tlaxcalteca”, “La Alianza”, “Un Corazón Invariable”, “Lauros de la Noche” y “La Procesión de la Santa Cruz”.
Lucía Sánchez: “La Fe de Don Antonio”, “Amigos sin Costo”, “La Danza del Fin del Mundo” y “Espejos”.
Saúl Martínez: “A Morir”, “Cocol” y “Crónica de un Naufragio”.
Raúl Bustos: “Choose Life”.
Jorge Oyervides: “El Mudo”.
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