Arte

Publicado el lunes, 23 de agosto del 2021 a las 04:00
Saltillo.- “La ansiedad y las enfermedades que vienen derivadas de la depresión son temas muy en boga ahora”, dice la actriz Daniela Mixtlan, quien da vida a C, un personaje, una sombra y una faceta de ella misma, que forma parte de Crave, obra que ella y el director Michell Morín conocieron en 2013 y que hoy se concreta en un montaje.
La obra, escrita por la dramaturga inglesa Sarah Kane, es un rompecabezas, un misterio y un ritual, según comenta el director, quien optó por construir este montaje “tan físico y tan fuerte” por una razón: dar un paso más allá de la comedia y ahondar en este oscuro drama.
Acompañado por Picuy Soto, rostro de A; Said Ampudia, quien interpreta a B, y Martha Matamoros, quien da vida a M, Crave se estrenará el próximo 26 de agosto en Foro Amapola y promete ser “una obra violenta y cruda, que llevará al público a verse a sí mismo, a reflexionar sobre esa oscuridad que hay en todos nosotros”, como apuntó Ampudia a Zócalo en entrevista.
La obra presenta a estos cuatro personajes que, más que ser seres independientes, son voces de una misma persona: fragmentos de una mente mayor que muestran esas pulsiones internas que convierten en una realidad caótica lo que sucede sobre el escenario.
Así, se revela que estos personajes “son puro fuego”, como explica Soto, símbolos que delatan una vida interna consumida por el odio, el rencor, pero también por el amor y la muerte. Pasajes que el espectador reconocerá en sí mismo debido a los símbolos místicos, esotéricos y ocultistas que permean en toda la pieza.
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Es un texto muy bonito, muy poético en todo lo que dice, pero que nos ha llevado a nosotros como actores a lugares bien oscuros que sí hay que tocar para poder dar vida a estos personajes”, comenta Ampudia y añade que “aunque la ansiedad está ahí siempre, sí me he encariñado con B”.
Para Soto, en cambio, esta obra ha sido ver que “todo es bello en llamas. Por ello trabajar en esta obra me ha ayudado a utilizar mi lado más fuego. A mí me ha tocado conectar con cosas que nunca creí que podría llegar a sentir, porque para mí el teatro es el primer arte que se topa con la oscuridad y con la nada para, a partir de ahí, demostrar a la gente que una liberación catártica es posible”.
Iluminar la oscuridad
Así, Crave va más allá de simplemente poner esa “sombra”, como la llamaría el sicólogo Carl Gustav Jung, frente a todos. Sino que provoca al mostrar las contradicciones naturales que todo ser vivo tiene dentro de sí y que quizá, en este montaje, están representadas por M, el personaje de Matamoros.
Ella lo define como “un personaje que materna de alguna manera a los otros, porque en este trabajo de Sarah Kane, hay también una parte luminosa que nosotros quisimos rescatar. Aunque también encuentra un gran reflejo en todos los demás”.
Ese choque tan frontal que produce el montaje demuestra que “es un tipo de teatro que no suele hacerse mucho en la ciudad… yo no sé si la gente que venga a verla regrese de nuevo, pero creo que deberían verla por lo menos una vez”, como agregó Matamoros.
Con esa idea, Soto advierte que “la gente que venga a verla debe de estar consciente de que en el teatro trabajamos desde la maldita locura, y que muchas veces en esta obra no me siento como un personaje, sino como un fantasma dentro de la cabeza de alguien. Creo que es una obra que merece verse, experimentarse” porque en esta pieza “todos estamos hundidos. Al comenzar los ensayos yo me enamoré de este elenco, porque vi lo que eran capaces de proyectar como actores, pero ahora ya vi todo lo oscuro, lo triste y lo malo, lo visceral que encierran”, agregó.
Quizá esa es la razón por la que la pieza es un ritual, como lo define Morín, pues cuatro energías se mueven, bailan, cruzan y rompen las paredes entre ellos y sobre un escenario oscuro en el que el vacío se cierne y les permite abandonarse solo a esa parte secreta, oculta, que no todos desean observar.
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La dirección fue manejada con mucho amor y cuidado, porque es un teatro de cuerpo y ritual para que vengas y sientas”, apunta Morín, quien dijo que “ha sido todo un viaje que ha durado ocho años desde que leí por primera vez el libreto hasta ahora en el que muchas veces físicamente me detuve porque ya no podía más. Para mí este montaje fue un acompañamiento para la ansiedad que sufro”, concluyó.
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