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Coahuila

En la capital, anunciaban el retorno triunfal de Maximiliano. En Querétaro, marchaba al paredón

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 3 años

Acaba de finalizar junio, un mes durante el cual hay motivos suficientes para que la patria lo recordara vehementemente. Pareciera, sin embargo, que el gran triunfo de la Republica que dio pie al nacimiento de nuestra Nación no es motivo suficiente para ello. De no ser por los historiadores profesantes del Liberalismo, en su concepto político-económico original, las fechas pasarían desapercibidas. Al parecer, aun pululan por ahí muchos conservadores-imperialistas de closet, herederos ideológicos del segundo imperio de opereta, el primero fue el del criollo quien un día se sintió noble, quienes lamentan que el barbirrubio tuviera el fin triste al que lo llevó su ambición y la de los oportunistas que lo embarcaron en la aventura  vendiéndole un costal de engañifas. Una muestra de hasta donde llegaba la perversión de aquellos ambiciosos se exhibe al momento en que al final se empeñaban en sustentar el “imperio” en mentiras. Como muestra de ello, les compartiremos lo que nos encontramos publicado en El Diario de El Imperio y El Boletín del Pájaro Verde entre el 15 y 17 de junio de 1867. Lo que ahí apareció es un ejemplo de la forma en que, entonces, se manejaban las “fake news.” Vayamos al repaso.

Aun cuando usted. lector amable, conoce este pedazo de la historia, no podemos dar paso a este ramillete de “fake news” sin antes establecer el marco de referencia de lo que en realidad sucedía. Esto lo hacemos con el propósito de mostrar lo que eran capaces de  hacer los vendedores de ilusiones falsas.  Tras de un sitio de 72 días sobre la ciudad de Querétaro, el 15 de mayo de 1867, Ferdinand Maximilian Josef Maria von Habsburg-Lothringen no tuvo otra opción sino entregar su espada al general del gobierno de la República, Mariano Antonio Guadalupe Escobedo De La Peña. Casi un mes después, el 12 de junio, da inicio el juicio en contra de Maximiliano y sus lugartenientes más cercanos Miguel Gregorio de la Luz Atenógenes Miramón y Tarelo y José Tomás de la Luz Mejía Camacho. A la medianoche del dia 14, el fallo estaba listo para que, el 19, se pusiera fin al episodio nefasto que durante cinco años y medio lo único que generó fueron desgracias y muerte para México. A pesar de todo esto, los embarraplanas al servicio del barbirrubio seguían contando historias fantasiosas para halagar a los apátridas, mismas que nos permitiremos reproducir dado que en este espacio no acostumbramos a presentar de manera parcial la versión de los hechos, solamente en esa forma se puede formar un criterio sólido sobre cualquier evento.

Acorde a lo aparecido, el 17 de junio, en la página primera de El Diario del Imperio, el sábado 15 de junio “fue un dia feliz para la capital, que, olvidando sus pesares y los sufrimientos de que ha sido víctima durante un mes, se entregó sin reserva al gozo y al contento.” Ese regocijo era provocado por “la placentera nueva de la venida de S.M. el emperador, disipando por completo los temores que algunos abrigaban por la suerte del Imperio, y aun por la cara  vida del soberano, fue saludada con delirante entusiasmo. La ansiedad publica se calmó de improviso, y en lugar de la consternación y el desconsuelo, se vio brillar en todos los semblantes la más pura alegría, un gozo inefable.” No se especificaba ni quienes eran esos, ni cuantos eran los alucinados. Lo que si se dejaba al descubierto era que se trataba de una partida de sometidos, porque solamente en ese estado se podía afirmar “… que México comprende que el porvenir y la felicidad de la patria están íntimamente ligados a la existencia del Imperio, a la consolidación de la monarquía, al brillo y esplendor del trono, y al reinado del esclarecido monarca Maximiliano I.”  Inmerso el redactor en las fantasías que le generaba sentirse súbdito, procedió a señalar: “Es que México se sobresalta  la idea terrible de que volverán a imperar la demagogia con sus escenas sangrientas, con sus odios mezquinos y sus miserables venganzas.” Se olvido ese fulano de la cantidad de crímenes cometidos por las fuerzas ‘maximilinescass’ en contra de los patriotas y sus familias quienes no estaban dispuestos a inclinar la testa ante el invasor. Solamente en la mente de un gacetillero a sueldo podía generarse la idea de que “México ha comprendido las relevantes prendas del soberano, y se siente orgullosos y satisfecho con que este ilustre príncipe rija sus destinos. Con efecto; ¿Quién podrá negar las virtudes, la magnanimidad, la verdadera majestad de nuestro monarca?… En México probó  la elevación de su origen y el celo que lo anima por la honra de su nombre y por la dignidad de la nación, cuando sobreponiéndose a las circunstancias excepcionales en que se hallaba colocado, vio con indiferencia casi con desdén, desfilar el ejército  aliado que por un tiempo estuvo a su servicio.” Pues ni modo que fuera a reclamarles a los franceses que se largaran porque  Napoleoncito decidió que ya bastaba de tirar dinero en un proyecto destinado al fracaso. Después de eso, Maximiliano fue a meterse en lo que terminaría convirtiéndose en su ratonera, Querétaro. Pero es, para el gacetillero era motivo de orgullo.

Ahí, comentaba, “finalmente ha puesto a prueba el esclarecido príncipe su abnegación, su valor, su serenidad, y sus grandes virtudes que su ejército y aquella heroica ciudad han admirado con emoción, con un verdadero enternecimiento.” Mientras se publicaba esa nota, en Querétaro, Maximiliano sufría las consecuencias de una disentería que lo mantenía en estado de alerta y le había impedido acudir al lugar en donde se llevaba a cabo su juicio. La pregunta que surge es: ¿No asistió por temor a que lo exhibieran o fue el temor lo que le generó aquel mal? Esa pregunta, sin embargo, no pasaba por la cabeza del plumífero quien pintaba una imagen idílica de su héroe según la cual, “el monarca augusto descendió del trono para probar las penalidades y fatigas de la campaña y dejó el cetro y brillara en su diestra la vencedora espada que con tanta honra ha desnudado ante el enemigo, que lleno de admiración le ha contemplado sereno y valeroso en medio del fuego y la metralla.”  Lo de las penalidades y la fatiga ni quien lo dude que las enfrentó, lo demás era puro humo para alucinar ingenuos quienes veían en “Maximiliano [al] ilustre emperador, el orgullo y honra de la patria [¡!] [quien] ha mostrado al mundo que a la grandeza del monarca reúne la sobriedad del soldado y el valor y la serenidad del guerrero. Honor a Maximiliano I.” Y, plenamente afiebrado, el redactor de esta pieza de calidad dudosa, por su contenido, decidió desquitar la chuleta, aun cuando fuera de toro viejo.

En ese contexto, afirmó: “México, sí, debe enorgullecerse se su soberano y el Partido Imperial y todos los mexicanos amantes de su patria deben esperar que el feliz arribo de S.M. terminara los males que hoy experimentamos…se  insistía en que los habitantes de la ciudad de México …inspirados por la alegría mas pura y por el más ardiente patriotismo [habrá] de entregarse al regocijo y al placer, solemnizando el triunfo del noble monarca y su invencible ejercito como una verdadera fiesta nacional, como la pagina mas gloriosa de la historia nacional.” Vaya concepción del orgullo patrio que tenía ese fulano, nada como acabar siendo un vasallo de un extranjero. Pero, usted, lector amable, se preguntará, ¿De dónde emergía tanto optimismo de ese gacetillero a sueldo y los crédulos que el dia 15 festejaban lo inexistente? La respuesta se la daremos a continuación.

El Boletín del Pájaro Verde había dado cuenta de como ese sábado, “antes del mediodía, se fijó en las esquinas la comunicación de S.E. el señor lugarteniente a S.E. el señor general en jefe. Esta información estaba contenida en dos boletines. En el primero de ellos, se leía: ¡Viva el Emperador! Ayer manifestamos tener la creencia de que pronto terminaran las penalidades que sufrimos. Teníamos un presentimiento grato que nos auguraba un acontecimiento feliz, y nuestra creencia y nuestro presentimiento se han realizado.” Esa era  lo que se vivía en un mundo paralelo, para el 15 de junio, Maximiliano ya sabía lo que le esperaba mientras la disentería continuaba infringiéndole derrotas que se manifestaban continuamente. Pero en el mundo bizarro de los imperialistas insistían en que “S. M. el Emperador ya está en camino para México, y de un momento a otro se presentara a sus puertas.  Esta importante y feliz noticia ha sido traída anoche por un general del ejército de Querétaro que precedido a S.M. en la marcha; dicho señor general a referido a los Exmos. Sres. Lugarteniente y General en jefe de la plaza, detalles relativos a todo lo ocurrido en Querétaro, que pronto tendremos el gusto de publicar.” No hay duda, el fulano, quien no era otro sino Manuel Ramírez De Arellano, seguramente o no provenía de Querétaro, o era un vivales vendedor de fantasía  o se había  tomado algunas infusiones de peyote. Cualquiera que hubiera sido el origen de su información, logró convencer a los cándidos de que “el Emperador viene con su ejercito triunfante. ¡Viva el Emperador!” Pero si el contenido de ese boletín era cuestionable, el del segundo rayaba en la demencia.

La pieza delirante daba inicio señalando que “hace un mes que los liberales de México estaban satisfechos y contentos; hace un mes que, según ellos, habían caído en poder de los disidentes del Interior S.M. el emperador con sus Generales y su ejército; hace un mes que se habían decidido los destinos de la patria, cayendo la heroica ciudad de Querétaro… Pero el mes ha trascurrido y al finalizar se presenta el augusto Monarca libre, vencedor y al frente de su brillante e invencible ejercito; y se presenta para continuar la lucha, para vencer por completo a la facción que desola el país y que en estos momentos está a las puertas de la capital asediándola con el hambre y la miseria.” Pero ni se crea que ahí concluían los delirios, a continuación, se indicaba que “la verdad se ha conocido al fin y hoy todos sabemos que S.M. va a  llegar y que su presencia hará que cesen los males que sufrimos; y la consternación, y el malestar  y el descontento desaparecerán, cediendo el paso al mas ardiente entusiasmo, a la más pura alegría. Dios protege la causa del Imperio, porque es la causa de la justicia y el orden; y Dios que prestó su esfuerzo en Querétaro a las nobles armas imperiales les dará su auxilio en México; y aquí como allá, serán coronados sus afanes con el laurel de la victoria.” Como todos los truhanes, cuando buscan justificar sus bajezas, recurrían a invocar al Gran Arquitecto como su protector, seguramente al no resultar las cosas como ellos pensaban lo habrán culpado del fracaso. Eso sí, a toda costa buscaban presentarse como adoradores del pueblo, cualquier cosa que este representara para ellos.

En ese sentido, señalaban que “el pueblo que, con tanta abnegación ha soportado los cruentos males, los horribles sufrimientos que le causan la impiedad y la barbarie del ejercito sitiador, va a derramar lagrimas de gozo y de ternura, porque la presencia de su Soberano es una prenda de que estos males van a cesar, y de que se prepara un esplendido y brillante porvenir.” Y para que no hubiera duda de que las diferencias existían entre el “peladaje” y “la gente  de bien,” se anotaba que “la sociedad mexicana, que harto ha sufrido, y que estaba cruelmente impresionada por los horribles y funestos rumores que, con infamia y perversidad, se ha esparcido, recobrara hoy su aire de fiesta y recordara con tierna emoción los días felices del Imperio.” Cuanta ternura, diría un cronista de sociales cursi. Pero, en medio de esa fantasía, faltaba un reconocimiento.

Este era para el “…Exmo. Sr. Lugarteniente que con tanto tino y circunspección se ha manejado en medio de esta situación difícil y penosa, y que con tal prudencia y dignidad se ha hecho superior a la maldad y  a la calumnia, tendrá el inmenso placer, la indecible satisfacción de entregar al Soberano la capital  del Imperio que no ha podido arrebatarle la astucia de un pérfido enemigo.” Para cerrar, expresaba que “el pueblo, la guarnición, la sociedad y nuestros dignos jefes y autoridades supremas, recibirán con delirante entusiasmo a nuestro muy amado soberano que después de haber combatido como valiente en los campos de batalla, vuelve al trono para hacer la felicidad de la patria. ¡Viva el Emperador!” No hay duda, vivían una realidad alterna que a toda costa buscaban imponer.

Posteriormente, en el Pájaro Verde se procedía a negar lo que en verdad estaba sucediendo que era lo que ya les relatamos en el segundo párrafo de este escrito. Seguían empeñados en que en un máximo de tres días se les aparecería Maximiliano en la ciudad de México. Negaban cuanta noticia llegaba de Querétaro y daban valor mayor a las palabras de Ramírez De Arellano quien les vendía fantasías olvidando que la suerte del austriaco ya estaba echada y sus pasos se encaminaban rumbo al Cerro de las Campanas. 

Lo que si debemos de reconocer es el acierto de  los plumíferos de El Diario del Imperio  y El Boletín del Pájaro Verde  quienes afirmaban que con la llegada de Maximiliano  a la ciudad de México daría fin a los problemas que aquejaban al país. Sin embargo, esto era por razones diversas y no lo haría trepado sobre un corcel blanco sino en un estuche de madera en donde descansaba su cuerpo inerte. Algo que no estaba contemplado en la fantasía de los llena planas quienes a toda costa buscaban vender  a los crédulos la llegada triunfante de Maximiliano a la capital de la república, cuando, en Querétaro se encaminaban rumbo al paredón. Lecciones intemporales que nunca debemos de olvidar, los vendedores de “fake news” han estado desde  siempre y ahí permanecerán mientras haya ingenuos quienes estén dispuestos a comprar una realidad edulcorada sustentada en columnas de humo, un mal que nos sigue hasta nuestros días, ejemplos sobran. [email protected]

Añadido (23.26.122) El país está al borde del desastre, en todos los sentidos, y la oposición ya anda queriendo vender como la panacea  a una persona que dizque porque es simpática, muy entrona, mal hablada, mas quien sabe cuántas cosas más y, por cierto, dicen que la inteligencia le viene de los edificios, ¿Será? Por favor, ya tuvimos suficiente con un lenguaraz, un mecha corta dispuesto a romperle la cara a cualquiera, un guapito y uno que prometía poseer la pócima mágica para resolver todos los problemas, todos fueron ofertados como la quinta esencia y resultaron un  fiasco. Lo que se requiere es alguien con conocimiento probado en eso de enfrentar las crisis, saber cómo hacer funcionar las cosas de la gobernanza y la economía, conozca como lidiar con el entorno internacional  y que no prometa paraísos inalcanzables. Pedir un estadista sería muchísimo, pero nos conformamos con alguien que se respete a sí mismo, se comporte acorde a la investidura que represente y esté dispuesto a ser el presidente de todos los mexicanos. Ya tuvimos un número suficiente de vendedores de humo o ¿Acaso alguien desea uno (a) más? 

Añadido (23.26.123) En cuanto les quitaron el cargo y los lanzaron a exhibirse, demostraron porque su calidad de gigantes es reconocida  ampliamente… en el país de Liliput.

Añadido (23.26.124) Arrasan en los Juegos Centroamericanos, derrotan a un equipo panbolero de tercera categoría, también, de esa región y a otro caribeño de quinta. Ante esto, cual silogismo aristotélico, el deporte mexicano se ha cubierto de gloria. Por favor, surtan de más helio no vaya a ser que el globo no alcance las alturas deseadas.

Añadido (23.26.125) En los EUA, un precandidato presidencial se quitó la camisa y acto seguido procedió a realizar quien sabe cuántas “lagartijas.” Con ello, quiso demostrar que está más fuerte que su competidor principal, de lo cual no hay duda. A la vez, el descamisado demostró que en asuntos de funcionamiento  neuronal ambos andan en las mismas. Al respecto, parafraseando a Don Adolfo, “El Viejo,” nos preguntamos: ¿Buscaran elegir un semental o un presidente?

Añadido (23.26.126) Mas que acertada la decisión que la Suprema Corte de Justicia de los EUA tomó el jueves pasado. Nadie debe de ser favorecido o rechazado en función de su raza o género al hacer una solicitud para ingresar a una institución de educacion superior con el fin de realizar sus estudios. Desde siempre, hemos estados convencidos de que la igualdad de oportunidades debe de estar basada, allá y aquí, en la capacidad intelectual de cada uno.

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